Actitudes morales fundamentales

TÍTULO ORIGINALThe Art of Living

GÉNERO

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Dietrich y Alice von HildebrandPalabra. Madrid (2003). 187 págs. 11,50 €. Traducción, prólogo y notas: Aurelio Ansaldo.

El filósofo Dietrich von Hildebrand (1889-1977) pasó su juventud entre Italia y Alemania, fue discípulo de Husserl y amigo de Max Scheler, se convirtió al catolicismo y emigró a EE.UU. para escapar de los nazis.

Este libro es una síntesis de la obra mayor de Dietrich, Ética. Hildebrand y su esposa proponen nueve actitudes morales fundamentales, y lo hacen de manera accesible para un lector interesado en fundamentar el mundo de los valores morales.

Se analiza, en primer lugar, la reverencia, porque nos abre la puerta del mundo de los valores. A continuación, la fidelidad, la respuesta permanente ante los valores importantes en sí mismos que proporciona firmeza ante las dificultades y las pruebas que acompañan a nuestros compromisos.

La responsabilidad permite “apreciar debidamente el impacto de las exigencias del mundo de los valores”. Ser responsable es caer en la cuenta de que se debe rendir cuentas a Alguien que está por encima.

La ausencia de veracidad genera personas falaces, incapacitados para las actitudes anteriores. La bondad se define como “el verdadero núcleo de todo el reino de los valores morales”. En contra de algunos filósofos demasiado racionalistas, la bondad es más que sabiduría, como sostiene Edith Stein.

La comunión se presenta como el valor opuesto al solipsismo. Le siguen la esperanza y la humildad. “Solo con la humildad como fundamento pueden las otras virtudes desplegar su belleza: la humildad da un tono absolutamente nuevo a todo el ethos de una persona, la eleva de una manera misteriosa, le confiere una sublime libertad interior y derriba los muros que le aprisionaban”.

Del corazón humano se ocupa el último y más brillante capítulo. El corazón es el ubi donde se dan las respuestas afectivas al valor. Para Hildebrand, “el corazón constituye el yo real de la persona más que su intelecto o su voluntad”, pues la felicidad “tiene su lugar en la esfera afectiva”.

Alberto Sánchez León

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