Un plan brillante

Guión: Edward Anderson. Intérpretes: Michael Caine, Demi Moore, Joss Ackland, Lambert Wilson. 108 min. Jóvenes.

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Laura Quinn una eficaz ejecutiva de la London Diamond Corporation, la principal empresa de diamantes del mundo. Cerca de los 40 y a pesar de haber renunciado a casi todo por el trabajo, no consigue ascender por la mentalidad machista de sus jefes. En esa tesitura, surge la tentación de un robo fabuloso…

El sonoro adjetivo del título original se puede aplicar a algunos diamantes pero no a la película: esta cinta del subgénero robo del siglo, ambientada en la City londinense de los 60, tiene defectos que impiden que se le pueda poner un notable. Los más graves están en el principio y en el final. La historia comienza con una situación gastadísima (“te voy a contar mi historia” le dice la anciana protagonista a la redactora que va a entrevistarla) y termina con un postizo bucle altruista que se despega del tono general. Cierto es que la película coquetea con el discurso social, pero nunca va más allá.

El guionista debutante Edward Anderson arriesga en exceso durante la primera hora de la película: centra la historia en una única trama y cuenta demasiadas cosas al espectador, que asiste a los preparativos del robo sabiendo hasta los últimos detalles. Afortunadamente, una vuelta de tuerca hace que la película se recomponga y la segunda parte avance con mayor fluidez.

Michael Caine, dueño y señor de la película, está soberbio, como casi siempre. La norteamericana Demi Moore no desentona.

Después de asistir desde la butaca a todo tipo de robos sofisticados con uso de ultramoderna tecnología, tiene su encanto ver a ladrones que llaman desde una cabina de teléfono de toda la vida. Gracias al trabajo de Michael Radford (El mercader de Venecia, El cartero y Pablo Neruda) la película se ve con agrado aunque sin entusiasmo. El director inglés, nacido en Nueva Dehli en 1941 y formado en Oxford, es un buen artesano y lo demuestra con una realización impecable. Hay una sabia planificación y una elegante puesta en escena. Es un gran acierto haber rodado en Luxemburgo, ciudad gris donde las haya, para mostrar la frialdad y rigidez del mundo empresarial británico de los 60).