Manuel es un sacerdote muy querido por sus feligreses, pero lleva años en crisis y ha pedido la dispensa para empezar una nueva vida. Mientras espera la respuesta del obispo, un oscuro episodio del pasado, que creía enterrado, sale a la luz.
Fernando Franco (La herida, La consagración de la primavera, Morir) dirige un drama muy complejo sobre los abusos sexuales en el seno de la Iglesia católica. Lo primero que hay que destacar, y reconocerle a Franco, que es el autor del guion, es que estamos ante una película respetuosa con las creencias de las personas y que huye del morbo y el sensacionalismo.
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En ese sentido, la película es interesante, porque, como señala el protagonista de La luz, Alberto San Juan, “Manuel es un ser humano cualquiera, no es un monstruo, pero comete monstruosidades irreparables, destroza vidas”. La crisis del sacerdote está bien contada y se percibe tanto la atrocidad del delito como la complejidad de un proceso que tiene mucho de incomprensible. San Juan, además, resulta convincente en un papel muy exigente y tremendamente incómodo. El guion, por otra parte, es sumamente hábil para mostrar al personaje a través de algunas subtramas de relación muy jugosas, como la protagonizada por la madre del sacerdote o por el sacristán sordomudo.
Lástima que la profundidad y la originalidad en la manera de abordar el conflicto personal queden lastrados por un discurso mucho más convencional a la hora de presentar al resto de eclesiásticos. En este eje dramático -el de la relación de Manuel con sus superiores- se tira de argumentos trillados y simplistas. Entre otros, el que señala a la Iglesia como encubridora, los obispos como ejecutores insensibles y el celibato como causa de los abusos. El problema en ese tramo es que la película cae en la amenaza que había sorteado hasta ese momento: convertirse en una historia más de buenos contra malos. Quizás sea un recurso narrativo para “sustituir” un villano por otra, pero resulta poco justo no reflejar los esfuerzos que está haciendo la Iglesia para atajar la grave crisis de los abusos y reparar en lo posible a las víctimas.
Pienso, con todo, que La luz es una de las películas españolas que con más seriedad se ha acercado al drama de los abusos en la Iglesia. No es redonda pero es profunda, aporta ángulos de reflexión y debate diferentes y puede presumir de un reparto excelente. Eso sí… que nadie busque mucha luz, porque la película es profundamente oscura y pesimista.
Ana Sánchez de la Nieta
@AnaSanchezNieta