La joven Sandra Sánchez tiene el sueño de convertirse en la mejor karateka del mundo, a pesar de que sabe que no ha elegido el deporte más fácil para triunfar en España. Los japoneses llevan décadas dominando todas las grandes competiciones, pero ella no se rinde, aunque que la situación familiar tampoco favorece su dedicación completa al deporte.
En 2019, Aritz Moreno estrenó Ventajas de viajar en tren, una comedia arriesgada y más bien fallida a pesar de contar con una producción y reparto de categoría. Con Karateka ha vuelto a proponer una película con personalidad, pero mucho más lograda. Desde el sugerente inicio de la historia, su protagonista destaca por ser una chica que demuestra que la ambición deportiva no obliga a nadie a convertirse en un disciplinado narcisista. Andrea Ros asume su primera interpretación como protagonista con una naturalidad sorprendente, que transmite el carisma de los grandes deportistas que además destacan por su integridad personal.
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La película tiene un ritmo vibrante que no depende de las competiciones de kárate –no son aparentemente trepidantes-, sino en la evolución de su protagonista como persona y como deportista. En este desarrollo es fundamental la relación de la karateka con su familia y con su entrenador, el exigente pero empático Jesús del Moral, interpretado con credibilidad por Patrick Criado. Además, es muy atractiva la sintonía entre la deportista española y su principal rival japonesa.
Desde el punto de vista de la planificación, la edición y la música, Karateka tiene el envoltorio necesario para que el espectador conecte con una trama de competición y amistad en la que se plantea la importancia de elegir con acierto las prioridades en la vida.