Good

Guión: John Wrathall. Intérpretes: Viggo Mortensen, Jason Isaacs, Jodie Whittaker, Mark Strong. Ruth Gemmell. 96 min. Jóvenes-adultos. (S)

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Alemania años 30. John Halder es un profesor universitario de Literatura. Está casado, tiene dos hijos y ha publicado una novela en la que defiende la eutanasia. Los nazis ven en esta obra algunos elementos útiles para divulgar sus ideas y piden consejo al profesor, que hasta ahora ha rehusado afiliarse al partido. Poco a poco, y al mismo tiempo que empieza una relación amorosa con una estudiante, Halder va introduciéndose en el gobierno nazi, ante la sorpresa de su mejor amigo, un psiquiatra judío.

Basada en una obra teatral de C.P. Taylor estrenada en 1982, Good es una interesantísima reflexión sobre el declive moral de un hombre que empieza siendo “bueno” pero que, por falta de convicciones y voluntad, acaba apoyando un régimen criminal. La historia de John Halder, un honrado profesor y padre de familia que va alejándose de sus ideales por culpa de decisiones aparentemente intrascendentes, sirve para reflejar a una parte de la sociedad alemana que no fue consciente de la barbaridad que apuntalaban hasta que era demasiado tarde.

Yendo más lejos, la película pone el dedo en una llaga actual, la de una sociedad rica en injusticias y situaciones muy dolorosas -a veces auténticas monstruosidades- que empezaron por ligeros flirteos con la vanidad, la cultura de la muerte, la mentira o el miedo a quedar fuera de lo políticamente correcto. En este sentido, el protagonista de la cinta -el actor judío Viggo Mortensen, que realiza una convincente interpretación en un papel muy alejado de los que tiene acostumbrado al público- señala que la película no habla estrictamente de los nazis, sino de “gente que toma decisiones y se equivoca cada día; son las pequeñas decisiones las que le pueden cambiar la vida a uno”.

La película está bien escrita y correctamente rodada; sin embargo, le falta algo para ser redonda. Probablemente esta compleja reflexión hubiera necesitado un director más experimentado. Al realizador brasileño Vicente Amorim el proyecto le queda grande. Y esto se nota en la falta de fuerza de algunas escenas, en su miedo a agotar algunas tramas (lo que diluye la intensidad del planteamiento crítico del film) y, sobre todo, en un confuso y extraño final, sin duda lo más flojo de una película notable a pesar de todo.