El viaje de Felicia

Felicia's Journey

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Director y guionista: Atom Egoyan. Intérpretes: Bob Hoskins, Elaine Cassidy, Peter McDonald. 116 min. Adultos.

Un pueblo de Irlanda; Felicia se enamora de un joven irlandés que sirve en el ejército británico, en Inglaterra. Embarazada, y expulsada de su casa, Felicia va en busca de su seductor, Johnny, pero a quien encuentra es a Mr. Hilditch, un psicópata asesino de jovencitas solas…

La historia no es extraña, sino por desgracia frecuente. Lo inquietante es la profundidad de Egoyan, que hace más terrible el viaje de Felicia al presentar al asesino como un ser humano, “con un alma como la de los demás”. El psicópata es en general así: normal e íntegro en todas sus facultades, salvo esa anormalidad patológica que altera su conducta social en algún aspecto. Lejos, pues, de ese tipo de monstruo asesino sin mezcla de bien. Y Felicia no es una viciosa corrompida, sino una buena chica que ha tenido un desliz; que además no tiene madre, y su padre la trata con un rigor tan excesivo como irresponsable.

El modo narrativo de Egoyan es singular y eficaz: la angustiada búsqueda de Felicia por las fábricas de la ciudad va acompañada por un constante ruido de fondo: resulta casi insoportable y sin duda extenuante, como el desamparo de Felicia. Suaves flash-back casi imperceptibles interrumpen ese fragor para contar el desliz de Felicia, la cruel frialdad de su padre, la ofensiva despreocupación de Johnny, el cerrado egoísmo de la madre de éste…

Entra el personaje de Mr. Hilditch como un honorable empleado en una gran fábrica, como un solterón que cultiva la gula haciéndose unas abundantes comidas exquisitas al dictado de un antiguo programa de televisión, conservado en vídeo y presentado por la madre del psicópata. De nuevo en suaves flash-back, se dan datos de la infancia de Hilditch, de su afectividad truncada, y misógina. Y muchos flash-back, también en vídeo, de las conversaciones entre Hilditch y la jovencitas a las que asesinó.

Como se ve, un armónico mosaico, de medios tonos, lento como el gotear de un tejado que se deshiela, pero con una lentitud que horada, como si todas las horas de su reloj fueran la última. El lenguaje de Atom Egoyan es uno de los más auténticamente cinematográficos en la actualidad. La agobiante presencia del mal, que llega por tan diversos caminos…, y la siempre luminosa y vencedora presencia del bien, que arraiga hasta en la debilidad, en una esperanza inmotivada, y hasta en una buena voluntad y una devoción ignorantes y casi cómicas. Esta es una de las más fuertes constantes en la filmografía de Egoyan.

En resumen, una más que interesante película de un maestro del cine.

Pedro Antonio Urbina