Alcarràs

Alcarràs

PRODUCCIÓN España – 2022

DURACIÓN 120 min.

PÚBLICOJóvenes-adultos

CLASIFICACIÓNLenguaje soez

ESTRENO29/04/2022

GÉNEROS

DIRECTORES

Tres niños juegan en un coche abandonado en medio del campo. En su imaginación son atacados por un invasor alienígena del que tienen que defenderse. Los gritos de sus padres interrumpen la fantasía, pidiéndoles que salgan inmediatamente del coche. Los niños salen corriendo mientras ven cómo una grúa arrastra el coche y lo levanta, llevándoselo por los aires como si fuese un monstruo de ciencia ficción. Es el comienzo de la película y ya tenemos clara las principales lecturas de esta obra maestra. Una familia de agricultores en Alcarràs (Lleida) ve cómo sus tierras de melocotoneros son arrasadas para poder construir unas plantas de placas solares. No hay naves espaciales ni grandes explosiones, pero el destino que les espera es apocalíptico.

“Si en Verano 1993 contaba cómo mi vida cambió cuando perdí a mis padres y me fui a vivir con mis tíos a los 8 años, en Alcarràs utilizo una estructura dramática similar basándome en una historia y unos personajes que conozco. En el fondo, también es un duelo que se desarrolla durante todo un verano en el que mis tíos y primos perdieron el medio de vida que habían heredado desde varias generaciones”. Carla Simón contaba así el proceso de creación de esta película que empezó hace casi cuatro años y que tuvo que posponerse por la pandemia.

La directora catalana es una admiradora del neorrealismo italiano, de esa verdad que dan los actores que interpretan lo que han vivido. Por eso, los actores no son profesionales: son agricultores que expresan, con sus gestos más que con sus palabras, una espontaneidad rodada en largos planos en continuidad. La joven directora vuelve a demostrar una sensibilidad exquisita en los detalles que hacen avanzar una historia coral en la que cada personaje tiene vida propia. Pero la presumible tragedia no tiene la falta de oxígeno que suele acompañar a este tipo de historias de desarraigo e injusticia social. “Quería mostrar cómo en medio de tantas dificultades está una familia numerosa y unida, que hace que los personajes no se quiebren. La reconstrucción de una tragedia a través de la familia es algo que he vivido siempre con mucha naturalidad, y que ya reflejé en Verano 1993”.

El recorrido dramático de los personajes es entrañable y muy delicado. Cada uno de ellos aporta al conflicto una mirada distinta y complementaria. La cineasta logra que el espectador pueda interiorizar cada una de esas almas sencillas y sinceras, alejadas de los móviles y las pantallas, con una capacidad de vivir el presente y encontrar la felicidad en lo cotidiano: una fiesta tradicional, un baile de los más pequeños, una conversación a última hora de la noche. A este lenguaje tan atractivo solo hay que reprocharle la insistencia en un vocabulario reiteradamente soez e innecesariamente ofensivo.

En Berlín la película fue recibida como merecía y terminó ganando el Oso de Oro, algo que no lograba una producción española desde que Mario Camus obtuviese ese galardón en 1983 por La colmena.

 

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