8/10Valoración

2000 metros hasta Andriivka

PRODUCCIÓN Ucrania, 2025

DURACIÓN 106 min.

DIRECCIÓN

GÉNEROS

PÚBLICOAdultos

contenidos

Ritmo : ⚪⚪⚫
Violencia: ⚪⚫⚫

ESTRENO09/01/2026

PLATAFORMAS

PREMIOS Festival de Sundance: Mejor dirección Documental World Cinema (Mtsyslav Chernov)

Un grupo de soldados ucranianos tiene la misión de liberar un pequeño pueblo ocupado por tropas rusas. La única manera de llegar allí es recorrer dos kilómetros por una estrecha franja boscosa entre campos minados. Dos mil metros agujereados por las bombas y las trincheras, y sembrados de los cadáveres de los que lo intentaron antes. Todas las imágenes están grabadas en primera persona, durante el avance. Unas proceden de las cámaras que llevan algunos soldados en el casco; otras son filmadas por dos periodistas (uno de ellos, el propio director, Mstyslav Chernov, ganador del Oscar al mejor largometraje documental en 2023 por 20 días en Mariúpol) que han decidido acompañar al batallón y que, como queda claro desde la primera escena, están tan expuestos al fuego enemigo como el resto. Se escuchan los disparos, a veces a apenas unos metros, los siniestros zumbidos de los drones suicidas, las explosiones, los gemidos cuando un soldado es alcanzado por una bala.

Según la calificación oficial, 2000 metros hasta Andriivka no es apta para menores de 18 años. En parte se entiende, por la crudeza de algunas imágenes. Sin embargo, también se podría considerar casi obligatoria para mayores de 13 o 14 años; en realidad, para todo el que quiera saber qué está ocurriendo en la guerra de Ucrania. En teoría, todos lo sabemos; pero este documental consigue lo que el mejor cine bélico: mostrar la inmensa distancia que media entre ese conocimiento teórico y la dramática realidad de una guerra, de cualquier guerra.

La sensación es angustiosamente real. Y sin embargo, y aquí está el elemento que hace que no sea solo un –durísimo– documental, el montaje intercala, entre secuencias de acción, las conversaciones que los dos periodistas entablan con algunos de los soldados ucranianos en las improvisadas trincheras. 

Aquí aparece lo más humano y lo más duro, porque a través de esas breves charlas nos asomamos a las vidas de esas personas, sus familias, su pasado. Ninguno quería ser soldado. Freak (su nombre de batalla) es un universitario de 22 años, que bromea con el cámara sobre cuál de las universidades de la ciudad natal de ambos es mejor. No cree en el destino, sino en su propia habilidad para sobrevivir. Sheva tiene 46 y es policía. Su mujer le ha pedido que vuelva a casa “por cualquier medio”. Él le contesta que tiene que quedarse allí; es su deber. “Lo sé, pero tenía que pedírtelo”. Sheva le dice al cámara que no quiere que lo retrate como un héroe, porque aún no ha hecho nada de valor. Una voz en off, que acompaña el directo de las imágenes, nos anuncia que ni Freak ni Sheva han sobrevivido a la guerra.

El tono de esta voz en off y de toda la cinta es desolador. No puede ser de otra manera. Uno se pregunta si no se podría grabar un documental parecido en el otro lado. Las mismas vidas truncadas. El mismo sinsentido. 

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