Un obispo en la jaula de los leones

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Duración lectura: 2m. 11s.

Los obispos austriacos han sido objeto últimamente de campañas de prensa que pretenden crear divisiones entre ellos y desacreditar la doctrina de la Iglesia católica. A partir de su experiencia, el obispo auxiliar de Salzburgo, Mons. Andreas Laun, da en el Wiener Kirchenzeitung (2-XI-95) una serie de consejos a los eclesiásticos para tratar con este tipo de prensa.

– No dejarse arrastrar a polémicas que no llevan a nada, que son estériles. Con ellas se impide la defensa de la auténtica Palabra de Dios, se le hace enmudecer. En estas situaciones, el tema de la Iglesia se trata sólo de forma muy artificial.

– No se puede nadar en el lodo. Las cuestiones de moral no se deben tratar en un talkshow. Por supuesto, algunos buenos periodistas saben cómo deberían presentarse temas serios (ya lo hacen con la ecología, por ejemplo). Pero hay que asegurar un marco adecuado para tratar los temas.

– Tener mucho cuidado con las “trampas”. Ciertas cuestiones concretas se formulan tan solo cuando están presentes algunas personas. Por ejemplo, en el tema del aborto, se pregunta siempre a un obispo calificado de “conservador”, aunque la respuesta sería la misma entre los obispos más “liberales”.

– Estar atento hasta el final: el que realiza la entrevista habla sobre temas más o menos periféricos, y de pronto, como de paso, va al tema que de verdad le interesa. El entrevistado, que se esfuerza por contestar con la mayor ponderación posible, ha de responder a esa pregunta. El redactor, obligado a la brevedad, citará sólo esa frase.

– A través de una afirmación que obliga a una respuesta contraria o negativa, se consigue llevar al entrevistado al papel que se espera de él. Por eso, hay que esforzarse siempre por fijar el punto central allí y sólo allí donde debe estar.

– La réplica. Boff, Haack, Drewermann, entre otros, pueden aclarar siempre sus ideas sin “enemigos”. Pero no suele ser así cuando alguien quiere presentar de forma atractiva la doctrina de la Iglesia. A menudo, al representante de la Iglesia se le obliga simplemente a corregir lo caricaturizado. De modo que el espectador se distrae, y se rompe el hilo conductor de la conversación contra toda regla de una conversación correcta.

– La espada de Damocles de la interrupción. No se deja el tiempo suficiente para llevar hasta el final el razonamiento o la argumentación. Entonces se acumulan muchas acusaciones, que quedan pendientes de contestación, pero que hacen efecto en el espectador.

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