Un nuevo clima entre judíos y cristianos, gracias a Juan Pablo II

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En una entrevista para la revista italiana Il Regno (15 mayo 2004), el cardenal Jean-Marie Lustiger, arzobispo de París, habla de la situación de las relaciones entre judíos y cristianos y de la nueva evangelización ante la pluralidad religiosa en Occidente.

El Card. Lustiger alude a la reunión de rabinos israelíes, norteamericanos y europeos con representantes de la Iglesia católica, que tuvo lugar en enero pasado en la Yeshiva University de Nueva York. Aquel encuentro «mostró el rostro, hasta ahora escondido, de las relaciones posibles entre la tradición judía y el catolicismo». «Era sorprendente porque asistían importantes representantes de la Iglesia católica (cardenales, obispos, teólogos) por una parte, y por otra de comunidades judías tradicionales, muy fervientes, algo que hasta entonces parecía imposible».

¿Qué ha hecho posible este clima de cordialidad? «La reunión puso de relieve que el Papa, con sus palabras y sus gestos, ha conseguido un cambio que ha tocado los corazones. Ha logrado derrumbar casi dos milenios de desconfianza y miedo (…) Al mismo tiempo ha afirmado que la fe cristiana ahonda sus raíces en la tradición judía y bíblica porque la Palabra de Dios que hemos recibido no son solamente los Evangelios y las escrituras del Nuevo Testamento, sino también el Antiguo Testamento».

Subsiste la diferencia fundamental entre judíos y cristianos: la relativa a Jesús. Pero «hemos descubierto que lo que nos separa no debe ocultar lo que tenemos en común. En primer lugar, la revelación del Único, nuestro creador y redentor. Creer que Dios se ha dado a conocer al pueblo que ha formado, a los hombres y mujeres que Él ha llamado y elegido para la salvación de todos, forma parte de la fe católica».

Hay otra coincidencia básica. «Frente a las grandes cuestiones, en cualquier reflexión antropológica, la Iglesia católica utiliza como punto de referencia las primeras páginas de la Biblia, la creación del ser humano, ‘a imagen y semejanza de Dios’, la acción del ser humano iluminada por la revelación de Dios a Moisés en el Sinaí y la entrega de los Diez Mandamientos, como recuerda el Catecismo de la Iglesia católica. Tenemos en común, como primer mandamiento, la oración, la adoración del Dios único y verdadero y el amor; el amor a Dios y el amor al prójimo. Cuando le preguntan cuál es el mandamiento más grande, Jesús responde con los versículos del Deuteronomio y del Levítico».

«Así, por una parte tenemos la impresión de que entre judíos y cristianos hay un obstáculo enorme y al mismo tiempo una plataforma sólida de convicciones frente al paganismo ambiental: el respeto debido a Dios y a sus mandamientos, respeto por la dignidad humana, por la familia, por los hijos, la transmisión de la fe, el respeto por el poder del estado y el reconocimiento de la distinción entre el poder religioso y el político, sabiendo que ningún campo de la existencia humana puede substraerse a la voluntad de Dios».

Por tanto, judíos y cristianos descubren que entre ellos hay una «comunión de base», lo que alienta la comprensión mutua. «Lo que está sucediendo es un acontecimiento espiritual inmenso, si bien todavía frágil. Se lo debemos al Papa, a lo que ha hecho y a la adhesión de los cristianos que lo han seguido»

Después, sobre la nueva evangelización, el cardenal afirma: «Los viejos países cristianos de Occidente empiezan una nueva fase de su historia». Ya no se da la antigua identificación de la nación o la cultura con el catolicismo o el protestantismo. «La situación actual que se parece más a la conocida por la historia durante los dos o tres primeros siglos del cristianismo en el Imperio romano, donde estaban presentes numerosos cultos».

No todo el ámbito occidental es igual a este respecto: Estados Unidos o Australia están más acostumbrados a la multiplicidad de religiones. En cambio, «para nosotros, países de Europa Occidental, este fenómeno es verdaderamente nuevo». Por eso, «estamos obligados a encontrar, como cristianos, en el mensaje evangélico aquello que también es válido para un mundo donde no todos son cristianos. Cristo es el único salvador de los seres humanos: tenemos que entender cómo la misericordia de Dios se despliega en las diversidades de la historia de las personas, sin afirmar, sin embargo, que todas las religiones son equivalentes, si bien todas sean dignas de respeto, que es algo distinto».

Precisamente la nueva evangelización ha de mostrar la singularidad del cristianismo. Las otras religiones «manifiestan la búsqueda por parte del ser humano de un Dios ignoto: creado a su imagen, se construye una idea de lo divino, más o menos clara y cuajada de sombras. La revelación bíblica en la historia es la expresión de la búsqueda por parte de Dios del ser humano: es Dios que va a la búsqueda del ser humano. El Papa ha utilizado a veces la imagen de dos itinerarios opuestos: la búsqueda de Dios por parte del ser humano y la búsqueda del ser humano por parte de Dios (…) Estamos en la confluencia de estos dos movimientos. Hace falta que el ser humano, a través su idea de Dios reconozca al Único y que aquellos que conocen al Único le den gracias y sepan reconocer en las otras religiones la búsqueda de todo ser humano hacia el Dios que no conoce y que lo busca. Es una situación muy hermosa, pero también nueva».

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