Sínodo de la familia: los árboles y el bosque

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Duración lectura: 2m. 33s.

En un artículo para MercatorNet, el sacerdote Cormac Burke, juez en el Tribunal de la Rota desde 1986 a 1999, explica que el sínodo debería servir para atajar la deficiente formación en la antropología del matrimonio.

Burke advierte que el divorcio, las nulidades o la anticoncepción tienen un impacto en la calidad de la vida de familia, pero un impacto negativo. Así que las propuestas para hacerlos más aceptables irían contra el objetivo del Sínodo que es mejorar la situación de las familias.

En su opinión, los novios de hoy tienden a ver el matrimonio como un mero acuerdo por objetivos, en el que los dos interesados adecuan sus vidas al entender que es la mejor forma de conseguir un proyecto de felicidad que, en el fondo, es individual. Así, cuando la unión se deja de ver como el medio más apropiado para conseguir esos objetivos, no hay por qué mantenerla. De la misma forma, los hijos son apéndices o medios en la consecución del proyecto: se tienen en la medida en que colaboran a cumplirlo. En esta visión se nota el contagio por parte de los católicos de las perspectivas profundamente individualistas que caracterizan el pensamiento moderno.

Para Burke, los cursos prematrimoniales deberían ofrecer contenidos no solo teológicos –sobre el aspecto sacramental y vocacional del matrimonio– sino también antropológicos, acerca de la naturaleza de la familia, y específicamente la cristiana: unión, apertura al otro por lo que es, energía evangelizadora.

Como explica Burke, estos temas podrían dar materia suficiente para todo el Sínodo. Sin embargo, la Iglesia también tiene el deber de afrontar, a la luz de su fe, los problemas particulares de cada época: la proliferación de nulidades matrimoniales, la contestación a la doctrina sobre métodos anticonceptivos, o la situación eclesial de los divorciados. Eso sí, el criterio para discutirlos tendría que ser que se haga desde la perspectiva de cómo afectan a la salud global de la familia.

Además, estas cuestiones no se refieren a aspectos completamente accidentales, sino a las bases de la familia: como reconoce el propio Burke, el declive del matrimonio se debe en gran medida a que se ha olvidado el sentido sagrado de la sexualidad; la contracepción es a la vez causa y consecuencia en este proceso. En cuanto a las nulidades y divorcios, afectan a otra de las notas características del matrimonio: la indisolubilidad. Por otra parte, la Iglesia debe mostrarse como modelo de familia precisamente en que no abandona a los miembros más débiles o desnortados.

Al estudiar, por ejemplo, el papel de los divorciados en la Iglesia, los padres sinodales deberían enfocar las discusiones a la luz de la doctrina cristiana sobre el divorcio, o sobre el sentido profundo de vivir en comunión con la Iglesia, y explicarlo con toda su riqueza a los fieles… y a aquel que lo quiera escuchar.

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