Se fue el Papa, ¿y ahora qué?

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Lo que nos descubrió Juan Pablo II
La visita de Juan Pablo II a España (3-4 de mayo) ha sido otra vez como una perforación que ha descubierto insospechados yacimientos de fe. La masiva afluencia de fieles tanto en el encuentro con los jóvenes en el aeródromo de Cuatro Vientos como en la Misa de canonización de cinco beatos españoles superó todas las expectativas. También le sorprendió a Javier Cremades, sacerdote responsable de la Comisión de Ambientación y Animación para esta visita en el arzobispado de Madrid, con quien hemos conversado.

— ¿Cómo se «ambienta» una visita apostólica?

— En esta comisión han participado, más o menos activamente, unas 2.000 personas. Hemos peinado casi literalmente los 40 km que recorrería el Papa, para anunciar a los vecinos que pasaría por sus calles. La mayoría decía: «Ah, no tenía ni idea», pero como se pudo ver, raro era el edificio donde no había nada colgado cuando pasó el Papa, aparte de la cantidad de gente que le saludaba por las calles. Algunos vecinos nos llamaron por teléfono un tanto molestos: «Oiga, que a mi vecina le han dado una pancarta para poner en el balcón y a mí no». Les contestábamos que cada uno ponía lo que le parecía oportuno, pero que nosotros no se lo dábamos. La gente se volcó: invitaban a los voluntarios a comer, a tomar café, nos contaban su vida…

Rápidos preparativos

— ¿Internet ha facilitado la convocatoria?

— Nuestra comisión creó una de las páginas informativas (www.conelpapa.com) que, además de información sobre la visita, servía para que los usuarios enviaran mensajes de bienvenida al Papa por teléfono móvil o correo electrónico. Hemos recibido miles. La página daba la opción al usuario de publicar o no el mensaje; con ellos editamos un libro que le entregamos al Papa. La respuesta ha sido muy positiva. Un día recibimos una carta dirigida al «Sr. Papa», con la dirección de la sede de la Comisión. Era una niña de 7 años que enviaba un dibujo al Papa y algunos comentarios: «Me he enterado de que te quisieron matar, pero que tuviste tanta fe que pudiste con ellos». Después han seguido llegando mensajes: la mayoría se han quedado con la sensación de haberse encontrado personalmente con el Papa y de que le han prometido ser sus testigos [«Seréis mis testigos»: lema de la visita]; algunos nos comunican que se han decidido a entregarse a Dios; otros dicen: «¡Qué vergüenza, el Papa con 83 años, y yo…!». No hubo mucho tiempo para grandes preparativos: nos confirmaron la fecha del viaje a finales de febrero y hubo que montar todo esto en solo dos meses y con la Semana Santa en medio. En Alemania han pedido una prórroga porque dicen que no les da tiempo a preparar la Jornada Mundial de la Juventud de 2004…

— El secreto del éxito…

— No es nuestro. La desproporción entre la organización y la gente que acudió fue tremenda. El día que terminaba el plazo para inscribirse en el encuentro con los jóvenes había unos 15.000 inscritos y finalmente se llegó hasta unos 100.000. Pero luego asistieron cerca de un millón de personas. ¡Cómo somos los españoles!

— ¿Qué mueve entonces a los jóvenes a encontrarse con el Papa?

— El Papa arrastra por su santidad personal, no porque sepa veinte idiomas o sea un comunicador de primera magnitud. Una de las pancartas decía: «Papa, danos caña». La gente quiere escuchar un mensaje que vaya a la raíz. Mucha gente se ha planteado cambiar solo con ver pasar al Papa unos instantes. Lo que está claro es que muy importante tenía que ser lo que quería decir a los españoles para venir con su delicado estado de salud.

— Además de los asistentes, millones de personas lo siguieron por televisión. La Conferencia Episcopal ha felicitado a los medios de comunicación, en especial a Televisión Española (TVE). Una cobertura generosa, ¿no?

— TVE daba entrada a los demás canales. La cobertura fue muy buena, desde el principio. El último día, en los aledaños de la Nunciatura, después de la salida del Papa hacia el aeropuerto, aplaudimos a la periodista de TVE que comentaba las imágenes, a los técnicos y a la cadena en general. Me han contado que el director de informativos decidió sacar las imágenes de los aplausos «porque eso no nos ha pasado en ningún sitio».

— Y las fuerzas del orden…

— Un diez. Un policía me comentó que nunca había tenido que vigilar a gente tan alegre. Algunos me han hablado de la necesidad de mejorar su vida cristiana; se han llevado de recuerdo estampas, rosarios, las mochilas del encuentro con los jóvenes.

Juan Pablo saluda a los jóvenes en Cuatro VientosDel entusiasmo a la continuidad

— A todo el mundo le sorprendió la reunión con casi un millón de jóvenes en Cuatro Vientos y el tono de confianza que utilizó el Papa con ellos. Muchas personas confían en que su visita se note después. La Conferencia Episcopal, por ejemplo, ha anunciado un periodo de reflexión para que «esta rica savia produzca frutos en las diócesis» y para eso partirán de los datos de la práctica sacramental, vocaciones, edad del clero y participación de los jóvenes.

— En efecto, la reflexión parte del dato, pero sin olvidar que allí estaba la «juventud del Papa» [«Esta es la juventud del Papa», uno de los cánticos más repetidos]. Chicos y chicas capaces de estar al sol durante horas, aguantar un calor tremendo, pagar 10 euros, olvidarse de comer, sentarse en el suelo, atravesar un desierto hasta llegar a las cercanías del estrado, etc., para encontrarse con el Papa. La labor de las parroquias, de los colegios, de todas las realidades eclesiales estaba allí. Además hay otra enseñanza: como se vio en la misa de la canonización, la gente participa en la liturgia. Yo partiría de estos datos para reflexionar.

— Pero sigue siendo un reto conectar el entusiasmo con la continuidad. El cristianismo es una carrera de fondo…

— Detrás del estrado de Cuatro Vientos, momentos antes de que llegara el Papa, pude conversar con un matrimonio que acompañaba a su hija. La chica estaba en una camilla, padecía sarcoma de Edwin, tenía metástasis y, según me dijeron, estaba en una fase muy avanzada de la enfermedad. Los padres habían calculado por dónde pasaría la sombra del «papamóvil» y pusieron allí a su hija, recordando lo que dicen los Hechos de los Apóstoles [«Echaban a los enfermos por las calles, y los ponían en camas y en lechos, para que viniendo Pedro, su sombra alcanzase a alguno de ellos»: Hch 5,15]. Esa fe me impactó. Junto con esto, también te digo que hay mucho por hacer.

— Por ejemplo…

— El guión lo ha escrito el Papa: España evangelizada y evangelizadora; interiorizar el mensaje, es decir, enseñar a los jóvenes a hacer oración; no tener complejos; no olvidar las raíces cristianas (es el modo de entenderse a uno mismo); España, sé tú misma. La formación de los jóvenes será la que evangelice; el siguiente reto es recristianizar Europa, cosa que también nos ha encargado el Papa.

Sin complejos

— Hablando de complejos, en uno de los testimonios que circula estos días por Internet, un chico de 25 años dice que ha estado en partidos de fútbol emocionantes -en los que ha tenido que hacer ocho horas de cola para conseguir la entrada-; que ha viajado a Londres para acudir a un concierto; que ha bailado durante siete horas seguidas en discotecas «alucinantes»; que ha vibrado con las carreras de Sito Pons o Crivillé; etc. Pero que ningún concierto, ningún gol, ninguna «tumbada» de Mike Doohan le ha conmovido tanto como la vigilia del Papa con los jóvenes… a pesar de que el «espectáculo» consistía en rezar. Juan Pablo II dijo al día siguiente que «la juventud española demostró a la sociedad que se puede ser moderno y profundamente fiel a Jesucristo». ¿Por qué hacía falta la demostración?

— Porque seguimos teniendo complejo de inferioridad, de estar aislados. Yo he dicho a los que se han lamentado por no acudir después de verlo en televisión: «Eres tonto, tenías que haber venido». Es justo lo contrario de lo que solemos hacer y es lo que ha venido a decir el Papa: tenéis que ser vosotros los que influyáis en vuestra familia, en la sociedad y, hasta dice en el mensaje de la Jornada Mundial de la Juventud de este año: «No dudéis en proponer el rezo del rosario en casa».

— ¿No es demasiada confianza?

— El Papa se rejuvenece con los jóvenes. Me han contado que en el Vaticano se han quedado sorprendidos de lo contento que ha regresado el Papa de España. Ha hablado de grandes ideales y la gente se ha entusiasmado. De hecho, muchas personas nos han escrito después de la visita para pedirnos ayuda, y se la estamos dando. El mensaje de la misa de la canonización del día siguiente en la plaza de Colón también es claro: hoy es posible ser santo. El siglo XX se puede analizar por el número de desastres, pero también por el gran número de santos. El Papa nos ofrece ejemplos cercanos. Tanto, que algunos sobrinos de los nuevos santos estaban en Colón.

— Santos o no, solo había que escuchar los cánticos o leer las pancartas para comprobar que los jóvenes de hoy son hijos de su tiempo: «El Papa sí que mola»…

— El Papa se dio cuenta. En un momento preguntó qué significaba «flipar» porque lo había visto en los carteles o lo había escuchado. Alguien le respondió que se utiliza para expresar que algo te gusta muchísimo. Y preguntó: «¿El Papa puede decir que ‘flipa’ con los jóvenes?».

— Se hubiera caído Cuatro Vientos… Público moderno entonces, y bastante heterogéneo.

— Sí, allí había de todo -lo que demuestra que la Iglesia de la prensa no tiene mucho que ver con la realidad-. Pero el Papa dijo a todos lo mismo: «Si sientes la llamada de Dios que te dice: ‘Sígueme’, no la acalles. Sé generoso». No hace falta más. Y para demostrarlo cuenta a los jóvenes su propia experiencia y les confía que nunca se ha arrepentido. Hace un planteamiento directo de la vocación, sin demoras.

— ¿Tiene datos de otros encuentros?

— En el viaje de 1993 hubo mucha gente que quedó tocada con las palabras del Papa. Un año después se celebró una reunión con más de un centenar de nuevas vocaciones que habían decidido entregarse a Dios después de escuchar a Juan Pablo II. De este viaje ya me han llegado varias noticias similares.

Ignacio F. ZabalaLa impresión del Papa y de los obispos

El 7 de mayo, Juan Pablo II se refirió en la Audiencia General a su reciente visita a España. En el discurso resumió así el viaje: «He podido renovar mi estima a esa porción del Pueblo de Dios y apreciar su progreso social, invitando a fundamentarlo sobre los valores auténticos y permanentes que constituyen el rico patrimonio del Continente europeo. En el encuentro con la juventud, comentando la Carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, he invitado a los jóvenes a convertirse en hombres y mujeres de profunda vida interior, como antídoto a los riesgos a que está expuesta la humanidad. Los he animado también a ser apóstoles de sus coetáneos, siendo protagonistas de la nueva evangelización. El domingo, al proclamar cinco nuevos Santos, testigos de la Resurrección del Señor, he exhortado a todos a ser fieles al Evangelio, manteniendo la identidad católica de España, para dar así una contribución válida a la construcción de la nueva Europa. (…) Renovando a todos la invitación a ser testigos de Jesucristo Resucitado, reitero a la Iglesia y al pueblo español mi emocionado recuerdo en la oración y os bendigo de corazón».

Por su parte, el Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal publicó una nota el 8 de mayo sobre la visita. Ofrecemos un extracto:

«El cariño, afecto y devoción que tantos miles de jóvenes y adultos han manifestado al Santo Padre, la numerosísima participación en los actos programados y los altos índices de audiencia de las transmisiones por radio y televisión, nos llena de alegría y confianza, al comprobar que los corazones de muchos españoles siguen abiertos a la persona de Jesucristo y a la luz del Evangelio.

«Junto a estos sentimientos de gratitud, abrigamos la esperanza de que la buena semilla, que el Papa ha sembrado con su palabra y el testimonio de su vida, fructifique generosamente entre nosotros. Es responsabilidad nuestra cuidarla, abonarla y regarla como servidores de la heredad del Señor. Tenemos todavía grabado en el alma el mensaje, lleno de fe y de vigor religioso, que dirigió a los numerosísimos jóvenes presentes en el encuentro inolvidable de Cuatro Vientos, tan pleno de emociones, de sintonía de afectos y de pensamientos, de alegría y esperanza pascual, de gozo en el Espíritu. Recordamos conmovidos su llamada a la interioridad y a la contemplación, al estilo de la Virgen María, porque sin interioridad la cultura carece de entrañas; su invitación a ser artífices de la verdadera paz (testimoniad con vuestra vida que las ideas no se imponen, sino que se proponen) y su exhortación a hablar de Jesucristo sin miedo ni complejos y a convertirse en apóstoles de los propios jóvenes. Recordamos también su invitación a seguir a Jesucristo en el sacerdocio o en la vida consagrada, brindándoles el testimonio personal de sus 56 años de vida entregada como sacerdote. Todo ello constituye una pauta imprescindible, honda y fecunda para nuestra pastoral juvenil y para nuestro trabajo en el campo de la promoción vocacional.

«De igual modo, y como regalo precioso de esta Visita memorable, el Santo Padre nos deja a los católicos españoles la exhortación insistente a mantener y avivar el rasgo más sobresaliente de nuestra identidad: ¡No rompáis con vuestras raíces cristianas! Sólo así seréis capaces de aportar al mundo y a Europa la riqueza cultural de vuestra historia (Homilía en la Eucaristía de Canonizaciones); así contribuiréis mejor a hacer realidad un gran sueño: el nacimiento de la nueva Europa del espíritu, una Europa fiel a sus raíces cristianas (Discurso a los jóvenes); sois depositarios de una rica herencia espiritual, que debe ser capaz de dinamizar vuestra vitalidad cristiana (Regina Coeli). Tenemos aquí marcado el camino para la auténtica renovación de la Iglesia, para una nueva primavera de santidad y de vida cristiana, y para una realización más honda de nuestro Plan Pastoral. La savia del catolicismo que a lo largo de nuestra historia ha generado tantas vidas heroicas y ha aportado a la Iglesia universal tantos frutos de cultura, de evangelización y de servicio al hombre, sigue latiendo en las raíces más profundas de nuestra personalidad e identidad cultural. Preciso es ahora reconocer esa rica savia, apreciarla y avivarla, de modo que robustezca la vida interior de nuestras comunidades y produzca en nuestras diócesis frutos nuevos de dinamismo pastoral y audacia evangelizadora en los inicios de este nuevo Milenio, para gloria de Dios y plenitud del hombre».

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