Personalidades musulmanas buscan el diálogo con las Iglesias cristianas

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Hace un año, Benedicto XVI fue el destinatario de una carta abierta de 38 personalidades musulmanas en la que respondían al diálogo iniciado por la lección magistral que el Papa ofreció en la universidad de Ratisbona (12-09-2006). Fue la primera vez que figuras del mundo islámico tan dispares hablaban al unísono.

El aniversario de aquella carta -12 de octubre- ha marcado otro hito en el diálogo interreligioso. Hasta 138 personalidades han firmado una nueva carta, Una palabra común entre nosotros y vosotros, dirigida en esta ocasión a todos los líderes de las Iglesias cristianas.

Los autores del texto recuerdan que musulmanes y cristianos constituyen más de la mitad de la población mundial. “Sin paz y justicia entre ambas comunidades religiosas no puede haber paz significativa en el mundo”. Esta paz y comprensión mutuas se basan en “los principios que constituyen los fundamentos verdaderos de ambas religiones: el amor al Dios Único y el amor al prójimo”.

Los dos mandamientos del amor

En una larga exposición los autores incluyen citas del Corán, del Nuevo Testamento y de la Torá para concluir que de ahí se deriva una palabra común. “Aunque el Islam y el Cristianismo son, de manera evidente, religiones diferentes -y algunas de sus diferencias formales no pueden ser minimizadas-, es claro que los dos principales mandamientos representan un terreno común, así como un lazo entre el Corán, la Torá y el Nuevo Testamento”.

Los firmantes mantienen que “las mismas verdades eternas que son la Unidad de Dios, la necesidad de amarle y de adorarle totalmente (excluyendo, pues, toda falsa divinidad), y la necesidad de amar a los seres humanos (y por lo tanto la justicia), están en la base de toda religión verdadera”.

Más adelante aseguran que “en cuanto musulmanes, decimos a los cristianos que no estamos contra ellos y que el Islam no está contra ellos, mientras no declaren la guerra a los musulmanes a causa de su religión, que no los opriman y que no les expulsen de sus tierras”.

Para argumentar que los cristianos tampoco están contra los musulmanes citan los Evangelios: “El que no está contra nosotros, está con nosotros” (Marcos 9,40 y Lucas 9,50), lo que a su juicio se refiere a las gentes que reconocen a Jesús, pero no son cristianos. Recuerdan que “los musulmanes reconocen a Jesucristo como el Mesías, aunque no como los cristianos”, sino como “el Mesías Jesús, hijo de María, un enviado de Dios, su Verbo depositado en el seno de María, un Espíritu que emana de Él”.

Los firmantes concluyen: “No hagamos de nuestras diferencias un motivo de odio y de querellas entre nosotros. Rivalicemos los unos con los otros en la piedad y las buenas obras”.

Los autores musulmanes piensan que Dios “ha trazado a cada comunidad un itinerario y una regla de conducta que le es propia. Y si Dios lo hubiera querido, habría hecho de todas una sola comunidad; pero ha querido probarnos para ver el uso que cada comunidad haría de lo que Él le ha concedido”. Se trata, pues, de rivalizar en esfuerzos para realizar buenas obras.

Un tono nuevo

El cardenal Jean-Louis Tauran, presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso, señaló en Radio Vaticano que “se trata de un texto muy interesante porque procede tanto de musulmanes sunitas como chiitas. Es un documento no polémico, con numerosas citas tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento”. Calificó la misiva como “una señal muy alentadora, ya que demuestra que la buena voluntad y el diálogo son capaces de vencer los prejuicios”.

Entre quienes se han adherido al documento de 29 páginas hay profesores universitarios y estudiosos, ayatolás, imanes, grandes muftís y jeques, y forman parte de las principales tendencias del islamismo. La iniciativa ha sido auspiciada por el Real Instituto al-Bayt para el Pensamiento Islámico, patrocinado por el rey Abdullah II de Jordania.

Precisamente el pasado 5 de octubre, Benedicto XVI pronunciaba un discurso dirigido a los participantes en la sesión plenaria de la Comisión Teológica Internacional, mediante el cual proponía la ley natural como “base para entablar el diálogo con todos los hombres de buena voluntad”. Ley, que como el Papa recordó con palabras del Catecismo, “está expuesta, en sus principales preceptos, en el Decálogo”.

Benedicto XVI alertó de “un trágico oscurecimiento de la conciencia colectiva”, fruto del escepticismo y el relativismo ético, “que es crisis de la civilización humana, antes incluso que cristiana”. Frente a esta tendencia, es necesario crear “las condiciones necesarias para una plena conciencia del valor inalienable de la ley moral natural”. “Del respeto de esta ley depende, de hecho, que las personas y la sociedad avancen por el camino del auténtico progreso, en conformidad con la recta razón, que es participación en la Razón eterna de Dios”, dijo el Papa.

De nuevo, “el ancho campo de la razón” como lugar de encuentro, tal y como señaló el 12 de septiembre de 2006 en Ratisbona.

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