Peligrosos villancicos en la India

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En algunos sitios del globo suele molestar que los cristianos se reúnan para celebrar pacíficamente la Navidad. El domingo 17 de diciembre, por ejemplo, dos fanáticos islamistas hicieron estallar una bomba en una iglesia metodista en Quetta, Pakistán, y mataron a 9 feligreses.

En la India, entretanto, no son fanáticos musulmanes, sino hindúes los que se encargan de poner en aprietos a los cristianos. Según la agencia Fides, el 18 de diciembre varios individuos atacaron una iglesia en el estado de Kerala, bajo el pretexto de que allí se “operaban conversiones religiosas”. Días antes, un pastor de la misma congregación había sido agredido y había sufrido heridas por la misma razón. Y en la localidad de Satna, en Madhya Pradesh, un grupo de católicos sufrió la ira de los extremistas… por cantar villancicos.

Les sucedió el pasado 14 de diciembre a dos sacerdotes y 30 seminaristas: como venían haciendo por 30 años, estuvieron cantándole al público de una aldea cercana, hasta que aparecieron unos extremistas hindúes armados con garrotes, y comenzaron a increparlos. Los acusaron de forzar conversiones, les exigieron que rindieran culto allí mismo a Bhajrangabali –una deidad hindú– y llamaron a la policía para que los arrestara.

“Reclamamos que se garantice la seguridad, que se tomen decisiones no condicionadas por prejuicios, que se asegure para todos igual protección y justicia ante la ley”

Las fuerzas del orden no preguntaron demasiado: cargaron con el grupo de cristianos hacia la comisaría. Al enterarse de lo ocurrido, otros ocho sacerdotes se presentaron en la estación policial para interesarse, pero la turba de fanáticos arremetió contra ellos, los golpeó y prendió fuego a uno de sus coches. En el interior del recinto, varios de los arrestados también fueron víctimas de agresiones. La policía no movió un dedo para bloquear a los violentos.

En la estación, uno de los fanáticos dijo que “por sus amenazas [las que le habrían proferido los arrestados], yo me convertí al cristianismo; me dieron una Biblia y 5.000 rupias”. Al ser preguntado sobre quién lo había hecho, señaló al P. George Mangalapilly, pero no supo decir su nombre.

Acusaciones falsas

Uno de los arrestados fue el Decano de estudios del Seminario de San Efrén, P. Rengith Joseph, quien accedió a responder a las preguntas de Aceprensa acerca de este incidente y de las circunstancias en que los cristianos del país asiático suelen practicar su fe.

– P. Joseph, ¿cuál es la situación actual? ¿En qué han quedado las acusaciones contra ustedes?

– La policía nos liberó a todos la noche siguiente al día del ataque. Una de las acusaciones [más graves] es la que pende sobre el P. Mangalapilly, uno de nuestros profesores, que estaba a cargo del apostolado en la aldea. Lo han demandado en virtud de dos artículos del Código Penal: la 295 [“ofender o profanar un lugar de oración con intenciones de insultar a cualquier religión”] y la 153 [“promover la enemistad entre diferentes grupos a partir de la religión” y “provocar con la intención de causar disturbios”], así como de la Ley de Libertad Religiosa de Madhya Pradesh. Pero las acusaciones son totalmente falsas.

La actitud de la policía, por otra parte, ha sido lamentable. Mientras nos llevaban a la comisaría, hemos hablado con los oficiales de mayor rango, pero cuando llegamos allí apenas había unos cuantos agentes, y los activistas [hindúes] controlaban el sitio y los alrededores. Cuando nuestros sacerdotes y hermanos fueron atacados, los policías fueron meros espectadores.

– ¿Y cómo reaccionaron los pobladores de la aldea?

– No reaccionaron. También fueron únicamente observadores. Creemos que tenían miedo de los activistas y por eso tampoco vinieron a la comisaría, donde fuimos igualmente atacados.

– ¿Las autoridades de Madhya Pradesh o el gobierno central han emitido alguna nota de disculpas para con ustedes y los seminaristas?

– La respuesta es no, en absoluto.

Ir contra las minorías es ir contra la democracia

– Una de las acusaciones es la de que los católicos han pagado sobornos para obtener conversiones. Curiosamente, es la misma que algunos fanáticos musulmanes presentan contra fieles cristianos en otros países. ¿Cuán acentuada es la radicalización de ciertos sectores hindúes contra el cristianismo? 

– La radicalización entre los grupos extremistas hindúes es muy marcada. Una de las mayores razones de ello es que la mayor parte del país, y especialmente todos los estados del norte, están gobernados por el Bharatiya Janata Party [el BJP, Partido del Pueblo de la India, del primer ministro Narendra Modi], que apoya a estos colectivos y que de alguna manera es controlado por estos. Atacar a los musulmanes no les resulta tan fácil, porque si se les agrede, responden, y además, constituyen un grupo más grande que el de los cristianos. Pero claro, los cristianos somos un pueblo amante de la paz y no les atacaremos en represalia.

Ni el gobierno central ni el del estado de Madhya Pradesh se han disculpado con los sacerdotes y seminaristas que fueron víctimas del ataque de los fanáticos hindúes

– ¿En qué medida le parece que esta tendencia de apoyar a los extremistas puede terminar dañando a la democracia india?

– En efecto, todo esto perjudica gravemente a la democracia en el país. Recientemente, en el distrito de Satna, ha habido otros episodios de acoso contra la Iglesia Católica sobre los que no hemos hecho ningún tipo de denuncia. El 22 de agosto, por ejemplo, arrestaron a sor Rosin SH, bajo alegaciones de conversión y de interferencia en los asuntos de la administración escolar, pero todo sin fundamento alguno. Estuvo detenida todo un día y una noche.

Las comunidades cristianas en este distrito reciben a menudo amenazas y acusaciones falsas de forzar la conversión religiosa, que se utilizan como arma contra el abnegado servicio que prestan a favor de la mejora de las condiciones de vida de los pobres, los marginados y los oprimidos, sin discriminación por casta o religión. Hemos estado involucrados en el servicio a la sociedad por más de 50 años, a través de una educación de calidad basada en valores, de unos servicios de salud que no piden la adhesión de los pacientes, y del trabajo social que hacemos en las aldeas más remotas.

Pienso que es hora de reconsiderar el tema de la seguridad de las minorías en la India. Las últimas agresiones contra estas muestran que sufren graves faltas de respeto a sus derechos humanos y que se les niega la protección legal que precisan. El imperio de la “tumultocracia” y la “policía religiosa” dañarán la fraternidad religiosa y la hermandad. Cuando son violados los derechos fundamentales de las personas y las minorías, reconocidos en la Constitución india, la democracia está en peligro.

El ataque a los cristianos en Satna es, además, un signo de desprecio a la orgullosa, rica y diversa cultura del país. El deber fundamental de cada ciudadano es promover la armonía y el espíritu de hermandad entre todos los pueblos de la India, más allá de su diversidad religiosa, lingüística y regional. Las agresiones como las de días atrás constituyen una quiebra del deber fundamental de mantener y proteger la soberanía, unidad e integridad de la India. Nosotros respetamos cada religión, cada tradición y cada cultura con la debida dignidad y convicción.

– ¿Cuál es entonces su reclamo a las autoridades?

– Lo que pedimos al gobierno central es que tome en cuenta y resuelva cuanto antes las preocupaciones de los cristianos. Somos una comunidad amante de la paz, que trabaja con cada gobierno en la construcción de la nación y en la preparación de las futuras generaciones. La contribución de los cristianos al desarrollo del país es apreciada por líderes políticos y sociales en general, y continuaremos ofreciéndola.

Asimismo, debe preservarse la armonía religiosa y la fraternidad. Reclamamos que se garantice la seguridad, que se tomen decisiones no condicionadas por prejuicios, que se asegure para todos igual protección y justicia ante la ley. Queremos vivir sin miedo, con respeto y dignidad. Aquellos que ejercen la autoridad tienen que salvaguardar la vida y las propiedades de todos los ciudadanos sin discriminar por religión. La justicia y la ley tienen que prevalecer.

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