Pakistán: los cristianos se manifiestan contra la impunidad

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Duración lectura: 6m. 3s.

A raíz de la muerte de Bin Laden, Haroon Barkat Masih, Director de la Masihi Foundation, que se ocupa de la defensa de las minorías religiosas y, en particular de la tutela de los derechos de los cristianos en Pakistán, se planteaba en una entrevista a la agencia Fides: “Está muerto, pero la cuestión crucial es: ¿cuántos otros Bin Laden están naciendo en Pakistán?”

No se ha resuelto la inquietud sobre la posible implicación de entidades oficiales –aparte del apoyo de la gente común– en la defensa del líder de Al Qaeda. De la respuesta depende mucho el futuro de los cristianos en el país y las relaciones de Pakistán con Estados Unidos y, en general, con los países occidentales.

En la batalla política intervienen cada vez más partidos fundados por líderes extremistas islámicos

Un partido islamista en la coalición de gobierno

No se puede olvidar que en la batalla política intervienen cada vez más partidos fundados por líderes extremistas islámicos o por exponentes cercanos a las ideas de Bin Laden. De hecho, el país está gobernado por una coalición entre el Pakistan People’s Party y la Pakistan Muslim League-Q, con una importante historia de fundamentalismo. Menos mal que, al fin, la Liga no se hizo con el nuevo Ministro Federal para la Armonía y las Minorías religiosas

En ese contexto, resultará prácticamente imposible la reforma de los vigentes artículos del Código penal, conocidos como ley anti-blasfemia. Como es sabido, esos preceptos, establecidos teóricamente para defender al profeta Mahoma y al Corán, se han convertido en la práctica en una herramienta contra las minorías religiosas, que constituyen en torno al 5% de la población: hindúes, cristianos y también miembros de Ahmadi (considerada una secta musulmana).

Los cristianos, 2% de la población, pertenecen a las capas sociales más pobres del país. Tienen serios problemas para adquirir educación, y están sufriendo de modo habitual amenazas de muerte, conversiones forzadas al Islam, matrimonios impuestos con musulmanes o, en fin, expropiación injustificada de sus escasos bienes y propiedades.

Manifestaciones en la calle contra la impunidad

En ese contexto, se comprende el apoyo de los católicos a las concentraciones celebradas en las principales ciudades de Pakistán (Lahore, Islamabad, Karachi), para “protestar contra la impunidad y defender el derecho a decir la verdad”, tras el asesinato del periodista paquistaní Syed Saleem Shazad. Este reportero de Asia Times Online fue secuestrado a finales de mayo y apareció asesinado el día 31. En sus artículos denunciaba los lazos entre el ejército, los servicios secretos (ISI) y las redes fundamentalistas islámicas como Al Qaeda o grupos terroristas talibanes.

Periodistas, activistas de derechos humanos, organizaciones de la sociedad civil, comunidades religiosas se concentraron el 1º de junio ante las sedes de las asociaciones de prensa. En las manifestaciones había sacerdotes, religiosos y fieles cristianos, comprometidos con la defensa de la democracia y la legalidad en el país: “No podemos callar la verdad. También nosotros vamos a continuar con nuestra misión”, declaró a Fides el P. John Shakir Nadeem, director de Radio Veritas en lengua urdu y Secretario de la Comisión para las Comunicaciones Sociales de la Conferencia Episcopal de Pakistán.

Uno de los graves problemas del país es la impunidad de ese tipo de acciones violentas. Nadie se acuerda ya del asesino del ministro Bhatti. Y no cesan las violaciones de derechos humanos básicos, de las que sólo con dificultad y a cuentagotas se tiene noticia en Occidente. Rara vez las grandes agencias se hacen eco de las informaciones de medios como Fides. Algo contribuirá a difundir esa penosa situación la presencia en París de una hija de 16 años y del marido de Asia Bibi encarcelada desde junio de 2009. El motivo de la visita es la publicación del libro testimonio Blasphème. La familia Bibi afirmó que estaba “muy conmovida por el apoyo recibido del Santo Padre a través del nuncio en París”. Fueron recibidos en el Quai d’Orsay (Ministerio de Exteriores) y en la Gran Mezquita de París, y asistieron a la misa dominical en Notre-Dame.

No cesan las violencias contra las minorías

La agencia Fides informaba el pasado 24 de mayo de dos nuevas víctimas de la violencia en el centro del Punjab: dos chicas cristianas fueron secuestradas por un grupo de musulmanes y obligadas a convertirse al Islam, para casarlas por la fuerza con un rico empresario local de Jhung, en la zona de Faisalabad. La policía no hizo el menor caso a la denuncia paterna; al contrario, concluyó que las dos chicas probablemente habían huido de su hogar de forma espontánea, y recomendó al padre que “se olvidase de sus hijas”.

Según Haroon Barkat Masih, Director de la Masihi Foundation, se producen cientos de casos como éste: “el secuestro de chicas cristianas, la conversión y los matrimonios forzosos son una práctica común en Punjab. A la policía se le paga para que cubra y no registre las denuncias”.

Pocos días antes, dos enfermeras cristianas fueron capturadas y maltratadas durante nueve horas por un funcionario musulmán del Fatima Hospital en Lahore (Punjab), acusadas injustamente de robo, para abusar sexualmente de ellas. En otro caso de abuso contra los cristianos, dos familias de Jalal Pur Jattan, también en Punjab, han perdido sus hogares y tierras, ocupadas y arrebatadas a la fuerza por los hombres de un rico terrateniente local, un ex miembro del Parlamento provincial de Punjab.

La influencia de los talibanes en Pakistán

Otro sacerdote católico de Faisalabad, el P. Bonnie Mendes, responsable de la sección Asia de Caritas Internationalis, lanza un grave grito de alarma: “Los talibanes se han hecho cada vez más fuertes, incluso después de la muerte de Bin Laden. Y poseen el consenso de amplios sectores de la población; el ciudadano de a pie, el musulmán paquistaní normal, está muy enojado con el gobierno, con los Estados Unidos y con la OTAN, por esta razón ve con buenos ojos las acciones de los grupos talibanes”.

Según afirma el P. Khalid Rashid Asi, sacerdote de la diócesis de Faisalabad, en el Punjab, “la situación de los derechos humanos en Pakistán es muy difícil y preocupante. En este contexto general, las minorías cristianas sufren el abuso y la negación de sus derechos fundamentales, a nivel social, económico y religioso”. Como señaló en su día Mons. Lawrence Saldanha, Arzobispo de Lahore y Presidente de la Conferencia Episcopal de Pakistán, al condenar el asesinato de Shahbaz Bhatti: “Este es un perfecto ejemplo trágico del clima insostenible de intolerancia en el que vivimos en Pakistán”.

Las autoridades religiosas siguen fomentando la oración y la convivencia, sin perjuicio de mostrar una y otra su repulsa, en espera de que el nuevo Ministerio Federal para la Armonía y las Minorías Religiosas tenga alguna eficacia práctica.