Nuevos riesgos para la libertad de los cristianos en Oriente

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Ya antes del 1º de mayo, dentro de las iniciativas para recordar el problema de la libertad religiosa al mundo occidental, Iglesia a la Ayuda Necesitada había organizado en París para el día 4, en la plaza de Juan Pablo II, delante de la catedral de Notre-Dame, “La Palma de la libertad”, un verdadero oasis en el que no faltan dunas de arenas y un pozo de agua. Se propone defender el derecho a la libertad religiosa en el mundo, consagrado en las declaraciones internacionales, pero violando en tantos países, como Irak, Egipto o Pakistán, donde se repiten atentados contra personas y lugares de culto. En concreto, los organizadores piden a transeúntes y turistas que firmen una petición para derogar la ley anti-blasfemia de Pakistán, utilizada con demasiada frecuencia contra los cristianos.

La progresiva islamización de Pakistán

Estos días se encuentra en la capital de Francia Mons. Joseph Coutts, obispo de Faisalabad y nuevo presidente de la Conferencia Episcopal de Pakistán. En una entrevista concedida a La Croix, refleja la situación de los cristianos en un país en el que representan el 2% de la población. En contra de lo previsto constitucionalmente cuando nació el nuevo Estado en 1947, la creciente islamización está fragilizando la presencia de los cristianos en la sociedad.

El prelado recuerda que los islamistas consideran a los países occidentales como naciones cristianas. Todo lo que viene del Oeste es percibido como una agresión cristiana contra el mundo árabe y contra el Islam: las guerras en Irak y Afganistán, o la gestión del conflicto palestino. De ahí la reacción airada contra los cristianos, con una violencia creciente en los últimos veinte años. En 2001, cuando las fuerzas estadounidenses y de la OTAN bombardearon Afganistán, dos extremistas entraron en una iglesia con metralletas y mataron a catorce personas. “Fue la primera vez que experimentamos este tipo de violencia dentro de los muros de una iglesia”, afirma el obispo de Faisalabad, y añade que “los extremistas constituyen también un reto para el gobierno y para los musulmanes moderados”.

Mons. Coutts responde también a las preguntas sobre Asia Bibi. Su notoriedad se debe a que fue la primera mujer acusada según la “ley antiblasfemia”, y es además madre de familia. El caso ha adquirido tales proporciones que el Gobernador de Punjab fue a visitarla en persona a la cárcel. Por paradoja, al convertirse en “un problema internacional, los acusadores están más empeñados en que se demuestre su error”. Si el Tribunal Supremo proclamara su inocencia, quedarían como mentirosos. Por todo esto, el caso está siendo vivido con un tremendo apasionamiento.

A juicio del obispo, la fuerza de los católicos es que “somos una pequeña minoría, pero no estamos ocultos ni en silencio. Cuanto hacemos, en educación, sanidad o servicio a los más pobres, está abierto a todos. Durante las inundaciones del año pasado, la Iglesia estuvo muy activa para ayudar a las víctimas, en su mayoría musulmanes (…). Nuestra debilidad es que muchos cristianos pertenecen a las clases sociales más pobres”.

Un musulmán al frente del ministerio para las minorías

En la conversación se recuerda lógicamente el asesinato del ministro para las minorías religiosas, el católico Shabhaz Bhatti, cometido a comienzos de marzo. El Gobierno federal acaba de remodelar ese departamento, y ha puesto al frente a un musulmán, Mian Riaz Hussain Pirzada, miembro de la Pakistan Muslim League-Q, formación que se acaba de unir al gobierno. Se ocupará de las cuestiones económicas y administrativas, mientras que Paul Bhatti, Consejero Especial para las Minorías, se encargará de las relaciones internacionales. Junto a ellos, ha sido nombrado como viceministro otro abogado católico, Akrama Gill. En los ambientes cristianos, se considera que de este modo se debilitará la protección de las minorías, pues la decisión se debe sólo a razones de conveniencia política, para compensar el peso de los diversos grupos que forman el gobierno federal.

La ley anti-blasfemia en el Código penal de Pakistán

Entretanto, según informa la agencia Fides, las escuelas cristianas y las iglesias han reabierto sus puertas y las actividades pastorales y sociales de la comunidad cristiana en Pakistán se han reanudado a un ritmo normal, aunque, después de la muerte de Bin Laden, el debate público es muy exacerbado y la tensión sigue siendo alta en la sociedad. Las medidas de seguridad continúan frente a los edificios cristianos. El riesgo de represalias crece especialmente en Abbottabad, la ciudad donde se escondía Bin Laden. La comunidad cristiana local está en alerta máxima y los 150 católicos de la parroquia dedicada a San Pedro Canisio continúan escondidos en sus casas.

“La muerte del líder de Al Qaeda no ha cambiado la condición de los cristianos pakistaníes. Su situación actual no es ni mejor ni peor que antes, porque su problema no ha dependido nunca directamente de la galaxia yihadista. El verdadero y grave problema de los cristianos en Pakistán es el código penal del país”, afirma Shahid Mobeen, profesor de pensamiento y religión islámica en la Facultad de Filosofía de la Pontificia Universidad Lateranense.

No hay por ahora el menor atisbo de poder conseguir una reforma de la injusta ley contra la blasfemia, a pesar de la presión internacional.

El drama de los refugiados iraquíes

En medio de la actual atención sobre Pakistán, tras la muerte de Bin Laden, se comprende que la situación de Irak pase a segundo plano. Pero, en “labussolaquotidiana.it” (4-5-2011), Giorgio Bernardelli informa del drama de los refugiados iraquíes perseguidos por ser cristianos. A su lado, resultan de menor cuantía los problemas planteados en Italia por la masiva llegada a la isla de Lampedusa de fugitivos del norte de África.

Bernardelli lamenta que se esté olvidando a los millares de desplazados tras las guerras de Iraq, desde 2003. La mayor parte está en campamentos en los países vecino: 450.000 en Jordania y otros 150.000 en Siria. Sobreviven en gran parte gracias a la ayuda de organizaciones humanitarias internacionales (en Amman, Jordania Caritas internacional está en primera línea, con el apoyo de algunas ONG italianas).

Según una encuesta realizada por el Alto Comisionado para los Refugiados, de las Naciones Unidas, el 95% de esos iraquíes no tienen intención de regresar a su país, especialmente los que pertenecen a las minorías, como la cristiana. El sueño de todos es conseguir un visado para un tercer país, pero la esperanza es cada vez más remota: EEUU, que abrió sus puertas desde 2007 para los iraquíes, ha aceptado alrededor de 60.000. En cambio, en Europa crecen las restricciones, que incluyen peligrosas repatriaciones a Bagdad, sólo atemperadas tras una sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos pronunciada en octubre.

No puede olvidarse la particular inestabilidad que sufren en estos momentos Jordania y Siria, países de acogida de la mayor parte de los refugiados. “No hay una estrategia de futuro para estos refugiados que viven fuera de Irak –afirma Vivian Manneh, del Catholic Relief Services, la Caritas de EEUU–. Si, efectivamente, las tropas estadounidenses abandonan Irak a finales de este año, ¿qué será de ellos? ¿Quedarán atrapados en ese limbo? Lo que sé es que los países en que están no quieren que se repita la experiencia de los refugiados palestinos”. Y los cristianos serán una vez más los primeros en sufrir las consecuencias.

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