Niños muertos sin bautizar: del limbo a la salvación

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email
Duración lectura: 3m. 16s.

Roma. La Comisión Teológica Internacional, organismo consultivo de la Santa Sede, acaba de publicar un documento en el que afirma que no hay razones fundadas para pensar que los niños fallecidos sin bautizar no puedan ir al cielo. El texto es el resultado de un atento estudio iniciado en 2004, cuando el cardenal Joseph Ratzinger presidía esta comisión de teólogos, dependiente de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Aunque los documentos de la Comisión no forman parte del magisterio de la Iglesia, hay que considerar la reflexión teológica contenida en este documento, cuya publicación ha sido aprobada por el Papa, como una autorizada versión del “status quaestionis” sobre “La esperanza de salvación para los niños que mueren sin bautizar”.

A pesar de que la existencia del limbo nunca ha sido definida como dogma por la Iglesia (y, de hecho, no figura en el actual Catecismo de la Iglesia Católica, aunque sí en los anteriores), al mismo tiempo ha sido durante siglos una creencia muy popular, que ha inspirado incluso numerosas obras de arte (Dante, Botticelli). El documento de la Comisión Teológica Internacional presenta una síntesis del pensamiento de la Iglesia sobre el destino de los niños fallecidos sin bautizar, y concluye que la Escritura y la Tradición “no ofrecen respuestas explícitas”. De ahí que durante siglos se haya mantenido como una cuestión teológica abierta.

Ese mismo tono de prudencia es el que preside el texto de la Comisión, que carece de afirmaciones tajantes: “Nuestra conclusión -afirma- es que los muchos factores considerados [en el documento] ofrecen una seria base teológica y litúrgica para esperar en la salvación y visión beatífica de los niños fallecidos sin bautizar”. Y añade: “Subrayamos que estas son razones para una oración esperanzada más que fundamentos para la certeza”.

El problema es compaginar, por un lado, la infinita misericordia de Dios, que no puede excluir de la salvación eterna a los pequeños que no han cometido pecados personales; y por otro, la enseñanza fundamental de la existencia del pecado original y la necesidad del bautismo para su remisión. El documento observa que la enseñanza de que el bautismo es necesario para la salvación precisa ser entendida en el sentido de que fuera de Cristo no hay salvación. Dios puede dar la gracia del bautismo sin que se administre el sacramento, “y este hecho se puede aplicar específicamente cuando la administración del bautismo sea imposible”.

La Comisión advierte que este planteamiento teológico, un nuevo modo de entender que se ha ido desarrollando en los últimos decenios, no se puede usar para negar la necesidad del bautismo a los niños o para retrasarlo. En realidad, “son razones para esperar que Dios salvará a esos niños, precisamente porque no fue posible hacer por ellos lo que hubiera sido lo más deseable, bautizarlos en la fe de la Iglesia e incorporarlos al cuerpo de Cristo”.

El documento afirma que el tema de la salvación de los niños fallecidos antes del bautismo no es sólo una cuestión para las disquisiciones teológicas, sino que constituye un problema pastoral urgente. Por un lado, muchos de ellos nacen de padres que no son cristianos; y por otro, son también muchos los no nacidos víctimas del aborto.

De momento, el documento -de 41 páginas y firmado por el cardenal William Levada, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe- ha sido publicado sólo en inglés, idioma en el que se ha redactado. Todos los comentarios aparecidos en la prensa internacional dependen del resumen que hizo la agencia Catholic News Service, vinculada a la Conferencia Episcopal de Estados Unidos.

Diego Contreras