Musulmanes en Europa: integrados, pero diferentes

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Duración lectura: 3m. 54s.

Cada vez son más numerosos y tienen mayor poder adquisitivo. Por eso, los quince millones de musulmanes que viven en Europa se están convirtiendo en un sector de clientes claro, ya que poseen perfiles de consumo muy definidos en algunos aspectos, como el de la alimentación, pero no sólo. Un artículo reciente (“Europa, tierra de ‘halal’”; “El País”, 31-01-2007) pone de manifiesto el espectacular crecimiento que ha tenido en los últimos años la demanda de productos “halal”, elaborados según los preceptos del islam. Además de la cuestión numérica, se suma el hecho de que las nuevas generaciones de musulmanes, los nietos de los primeros inmigrantes, son más observantes de los ritos tradicionales que sus mayores, en buena parte para subrayar su identidad frente a Occidente. Así lo señala, por ejemplo, un estudio del Policy Exchange Found.

En Francia ya existen zonas reservadas para este tipo de productos dentro de los hipermercados. Y aunque las normas para elaborarlos son muy minuciosas y estrictas y su coste mucho más elevado de lo habitual, el 80% de los propietarios de las firmas fabricantes no son musulmanes, lo que indica que hay negocio.

Otros vislumbran una oportunidad de negocio en el sector sanitario, donde también algunos musulmanes exigen un tratamiento distinto. Peter Sturkenboom, un empresario holandés, ha propuesto crear un hospital dirigido a pacientes musulmanes. Estos podrán pedir ser atendidos por médicos y enfermeros de su propio sexo, comer comidas “halal” y recibir asistencia religiosa. Situándolo en Rotterdam, una ciudad de 600.000 habitantes, cuya tercera parte es inmigrante, y teniendo en cuenta la originalidad de semejante modelo de negocio en un entorno de países no árabes, el creador de la idea espera que su propuesta tenga éxito. La ministra de Sanidad de Holanda -antes lo fue de Inmigración- se ha mostrado remisa, y sus portavoces piensan que es un proyecto poco integrador. Sturkenboom dice que “si hay colegios cristianos o judíos y si el Gobierno subvenciona escuelas islámicas, ¿por qué no contar con un hospital específico para musulmanes?” (“El País”, 29-01-2007).

Francia: laicidad en los servicios públicos

En sentido contrario a esta tendencia diferenciadora de lo musulmán, el Alto Consejo para la Integración de Francia ha presentado un proyecto de carta de la laicidad para los servicios públicos, según informaba “Le Monde” (30-01-2007), cuyo objetivo es fijar los derechos y deberes de agentes y usuarios de todos los servicios públicos. A los trabajadores les impone un “deber de estricta neutralidad, de igual trato a todos los individuos y el respeto a la libertad de conciencia”. Esta quedaría también garantizada, según el texto, para los agentes, aunque dicha neutralidad implica el impedimento de “manifestar sus convicciones religiosas en el ejercicio de sus funciones”.

A los usuarios el proyecto de carta les asegura “el derecho a expresar sus convicciones religiosas”, respetando la citada “neutralidad” y “el buen funcionamiento” de los servicios públicos. Las creencias de los usuarios y su participación en el culto deben ser respetadas. A cambio, “deben abstenerse de todo proselitismo” y “no pueden, por razón de sus convicciones, recusar a un funcionario o a otros usuarios, ni exigir una adaptación del funcionamiento del servicio público”. Esta afirmación parece dirigida a acabar con las exigencias de pacientes musulmanes, que incluso han derivado en episodios de agresión. Algunas de las declaraciones recogidas por “Le Monde” apuntan a un intento de huir de un posible enfrentamiento, especialmente cuando cada vez más estudiantes de medicina llevan velo.

Hace unos meses, Nicolás Sarkozy, ministro de Interior, se planteaba la posibilidad de reformar la ley de 1905 para permitir la financiación pública de lugares religiosos, a raíz de un informe sobre relaciones Iglesias-Estado (ver Aceprensa 111/06). Sería una manera de evitar que la financiación provenga de países árabes. En Holanda, hace unos meses se trabajaba en la posibilidad de crear estudios para formar imanes en Europa, de modo que se ajustasen con más facilidad a los patrones occidentales.

Así, resulta que ese mismo laicismo occidental que ha sido tan agresivo para secularizar la sociedad cristiana que había heredado, se está transformando en una ideología más dialogante y comprensiva con el credo mahometano. Irónicamente, los musulmanes están abriendo brecha en el laicismo occidental, en parte por firmeza en las propias creencias y en parte por el miedo del gobernante occidental a una respuesta agresiva, en vista de algunas experiencias con el fundamentalismo islámico.

Agustín Alonso-Gutiérrez