Los temas éticos han pesado en el debate electoral americano

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Los expertos en análisis político insisten en que son dos los puntos clave que determinarán el resultado de las elecciones presidenciales de Estados Unidos: la marcha de la economía y la guerra en Irak (conectado con la lucha contra el terrorismo). En los meses preelectorales, sin embargo, ha crecido el interés por conocer con claridad la actitud de los candidatos hacia el aborto, la investigación con células madre tomadas de embriones o el reconocimiento legal de uniones homosexuales. En buena parte, aunque no exclusivamente, la presencia en el debate electoral de esos temas se debe a las intervenciones de obispos católicos.

El hecho de que uno de los candidatos, el demócrata John F. Kerry, fuera conocido como católico y a la vez como un convencido defensor del aborto (ha votado seis veces en el Senado a favor de mantener en vigor la ley del aborto por “decapitación”), fue sin duda el detonante de las intervenciones de los obispos. Los cuales, de todas formas, en ningún caso han indicado por quién votar (al contrario que buena parte de la prensa). En el documento de la Conferencia Episcopal se subraya que el aborto y la eutanasia son hoy “amenazas preeminentes” a la vida y dignidad humana, al mismo tiempo que recuerda otras cuestiones de doctrina social de la Iglesia.

Esos pronunciamientos no han sido siempre bien reflejados en los medios de comunicación. Así, en un largo artículo publicado por “The New York Times” (12 octubre) se sostiene que el arzobispo de Denver (Colorado), Mons. Charles Chaput, afirmó que los católicos que voten por Kerry deben confesarse antes de recibir la comunión. En realidad, la argumentación del arzobispo es más profunda y menos simplista, como se comprueba al leer la trascripción completa de la entrevista, disponible en la página web de la archidiócesis (www.archden.org). A pesar de esas deficiencias, la verdad es que pocas veces se ha hablado tanto en Estados Unidos de lo que significa para un católico ser coherente a la hora de votar, y de la necesidad de establecer unas jerarquías en los temas que se debaten.

Los católicos representan actualmente el 23% del electorado y muchos de ellos viven en Estados “indecisos”, como Florida. Tradicionalmente han sido más sensibles a los planteamientos del Partido Demócrata, pero se observa un alejamiento desde 1972, cuando los demócratas comenzaron a ser identificados como el “partido del aborto”. En las últimas elecciones, el 50% de los católicos votaron por el candidato demócrata (Al Gore) y el 47% por el republicano (George W. Bush). Hasta la fecha, Bush es el republicano que más votos ha logrado entre los electores católicos. Los sondeos sobre las intenciones de voto para el próximo 2 de noviembre ofrecen datos contrastantes, aunque algunos indican un mayor apoyo a Bush.

La sintonía con Bush en esas cuestiones morales no supone un apoyo incondicional al Partido Republicano. Si el próximo candidato republicano a la presidencia fuera Rudy Giuliani (católico y pro aborto), sabe que se encontraría en la misma situación en la que hoy se ve Kerry. Y si su contrincante fuera el senador demócrata pro vida Brian P. Golden, la elección sería todavía más clara. Hoy por hoy, no parece una hipótesis plausible. De hecho, algunos observadores, como George Weigel, ven con inquietud la polarización entre un Partido Republicano más sensible a los temas con trasfondo moral y un Partido Demócrata caracterizado por el secularismo.

Diego Contreras

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