Los empleados del Vaticano deben tener un comportamiento coherente con la doctrina cristiana

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Duración lectura: 1m. 31s.

Roma. Los nuevos empleados y empleadas del Estado de la Ciudad del Vaticano deberán subscribir a partir del 1 de octubre una “Declaración de empeño moral” por la que se comprometen, entre otros puntos, a “ser fieles al Romano Pontífice” y a “aceptar y respetar el Magisterio de la Iglesia sobre la doctrina y la moral católica”.

La Declaración forma parte del nuevo Reglamento General que señala las normas de comportamiento de los empleados del Estado de la Ciudad del Vaticano, actualmente unas 1.300 personas. El texto, que actualiza una normativa de 1969, parte de la concepción de fondo de que el servicio prestado a la Sede Apostólica, a través del trabajo en los diversos organismos de la Ciudad del Vaticano, “tiene un carácter peculiar, distinto de las relaciones de trabajo que se instauran con otros organismos públicos y privados”. Ese servicio, que se caracteriza por su “naturaleza pastoral y eclesial”, exige de los empleados llevar una vida que no contradiga públicamente los principios de la doctrina de la Iglesia.

Los candidatos a ocupar un puesto de trabajo deben aceptar explícitamente esas condiciones: “Declaro aceptar de modo específico como cláusula contractual las normas reglamentarias que prevén sanciones disciplinares, sin excluir el despido, en caso de comportamientos no conformes con lo prescrito, cuando se hubieren comprobado graves incumplimientos de las obligaciones concernientes a la profesión de la fe católica, la vida según sus principios y la disciplina en el trabajo”.

En un momento en el que tanto se habla de la necesidad de mayor empeño ético en el mundo laboral, se considera coherente este compromiso por el carácter específico del trabajo en el Vaticano y por el escándalo que podrían provocar determinados comportamientos.

Diego Contreras

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