Las reformas para entrar en la UE provocan una marea de cambios legislativos en Turquía

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Duración lectura: 2m. 24s.

La reunión del primer ministro turco Erdogan con el presidente francés Chirac y el primer ministro alemán Schröder confirmó que, con toda probabilidad, la UE acordará en diciembre comenzar las negociaciones de ingreso de Turquía en la UE (ver servicio 133/04). Para los turcos, la carrera hacia la UE está suponiendo una marea de cambios legales.

Desde que Erdogan llegó al poder hace 21 meses, su mayoría parlamentaria ha reformado un tercio de la Constitución, para eliminar la pena de muerte y el tribunal de seguridad del Estado, y crear tribunales de familia, de juventud, de consumo y de la propiedad intelectual, antes inexistentes. La Constitución de 1982, producto del golpe de Estado de septiembre de 1980, no mencionaba en su preámbulo la religión más que para afirmar que “no debe interferir para nada en los asuntos de Estado ni en la política”, principio que, en buena lógica, calificaba como “secularismo” y no como separación entre autoridad religiosa y civil. En su artículo 10 establecía la libertad y no discriminación por cualquier motivo, incluido el de la “religión o secta”, si bien sometía la educación religiosa a la “supervisión y control” del Estado.

El récord de velocidad reformista se lo lleva el Código Civil, aprobado y puesto en vigor en un mes. Esto ha tenido como consecuencia que por término medio los procesos en el Tribunal Supremo se resuelvan en 283 días, en lugar de los 53 del año 2000, según datos del Ministerio de Justicia turco citados por “International Herald Tribune” (25-10-2004). También se reformaron en un mes 450 artículos del Código Penal -aprobado en 1929, era una copia del alemán de 1877-, cuya entrada en vigor está prevista para la primavera de 2005. Esto causará un atasco judicial: los tribunales tendrán que revisar todos los casos pendientes para decidir si se aplica el Código nuevo o el antiguo, pues cada acusado tiene derecho a ser juzgado por la norma más favorable.

Al margen de los cambios sobre el papel, Turquía sigue siendo, en palabras del Dr. Otmar Oehring, de la obra misional alemana Missio, una república “islámica” o “sunita” rudimentaria, con un Departamento estatal de Asuntos Religiosos que emplea entre 90.000 y 123.000 personas, y que discrimina a los no musulmanes. Los cristianos -marcados en el pasaporte con el número 31- son cada vez más, sobre todo procedentes de familias que alguna vez lo fueron, y según afirmaba en enero de 2004 el diario turco “Milliet”, en 2003 hubo 35.000 conversiones del islam al cristianismo. En Estambul hay 150 iglesias y el pasado 21 de junio Erdogan se entrevistó por primera vez con obispos católicos.

Se ha reconocido cierta autonomía cultural a los kurdos, algo que los cristianos armenios y asirios siguen esperando.

Santiago Mata