Las Iglesias ortodoxas rechazan el nacionalismo agresivo

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Duración lectura: 2m. 37s.

Los principales jefes de las Iglesias ortodoxas, reunidos en un concilio en la isla de Patmos (Grecia) del 23 al 26 de septiembre, han declarado que “la percepción ortodoxa de la idea de nación no incluye ningún elemento de agresividad y de confrontación entre los pueblos”.

Los primados ortodoxos, reunidos en Patmos para conmemorar el 1.900 aniversario de la redacción del Apocalipsis de San Juan, han querido cambiar la imagen de una Iglesia generalmente identificada con las campañas nacionalistas en Bosnia, Serbia y Grecia. Con este fin, han condenado los fanatismos religiosos y nacionalistas que conducen “a la división y al odio entre los hombres”. Y han llegado a afirmar que “el nacionalismo es un fenómeno totalmente extraño a la Iglesia ortodoxa”.

También han condenado, aunque con un tono más mesurado que en anteriores ocasiones, los intentos de “proselitismo” de protestantes y católicos en territorios en los que la ortodoxia reivindica el monopolio.

Pero también hay tensiones dentro de la ortodoxia. El conflicto entre los patriarcados de Constantinopla y Moscú se manifestó en que Alexis II no asistiera al encuentro y enviara un representante de segundo rango. El patriarca de Moscú manifestaba así su protesta contra la sospecha de que Bartolomé I -que goza de un primado de honor en toda la ortodoxia- intenta colocar bajo su jurisdicción a las Iglesias ortodoxas de Ucrania y de los países bálticos, que dependen aún oficialmente de Alexis II. A pesar de este conflicto de jurisdicciones, ambos patriarcas coinciden en que el primado de jurisdicción del Papa sigue siendo el principal obstáculo para la unidad entre católicos y ortodoxos, según se desprende de sendas entrevistas que publica la revista 30 Giorni (septiembre de 1995).

Ante la pregunta sobre qué opinión les merece la propuesta que Juan Pablo II hace en la encíclica Ut unum sint, de que es preciso buscar nuevas formas de ejercicio del primado que se acerquen más a las que estaban en vigor en el primer milenio cristiano, ambos patriarcas admiten que se trata de una “perspectiva aceptable de discusión sobre el primado”.

La encíclica “continúa poniendo de manifiesto las excesivas pretensiones del obispo de Roma acerca del primado y de la infalibilidad, aunque en la mayoría de los casos de forma indirecta y más mitigada”, afirma Bartolomé I.

Alexis II, por su parte, subraya que “la disponibilidad del Papa para afrontar el problema es ciertamente digna de aplauso”. El patriarca de Moscú señala que, en su opinión, lo que impide volver a la situación del primer milenio es “la dogmatización, llevada a cabo a partir del concilio Vaticano I, de los principios de primado e infalibilidad del obispo de Roma. En Oriente, este primado venía históricamente entendido como primado de dignidad y no como autoridad administrativa sobre toda la Iglesia ecuménica”. Añade, además, que “para la conciencia ortodoxa es opinable el mismo traspaso de las funciones del apóstol Pedro a todos sus sucesores en la cátedra de Roma”.

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