La visita de Juan Pablo II a la Alemania reunificada

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Duración lectura: 14m. 28s.

El Papa ante el muro de la incomprensión
Frankfurt. El 22 y el 23 de junio Juan Pablo II visitará por tercera vez Alemania. Es su primer viaje a una Alemania reunificada. En esta ocasión beatificará a dos sacerdotes alemanes que, durante el régimen nacionalsocialista, se mantuvieron firmes en la fe, confesándola hasta la muerte. Y será también ocasión para alentar a una Iglesia muy bien organizada, pero que sufre crecientes defecciones en un clima de contestación interna.

Los nuevos beatos y santos alemanes han surgido en la Iglesia y para Alemania en los difíciles años del nazismo (1). En el año 1987 Juan Pablo II beatificó a la filósofa Edith Stein, religiosa católica de origen judío, mártir durante el régimen nazi. También elevó a los altares al padre jesuita Rupert Mayer, un sacerdote de Múnich, que fue perseguido por los nazis y la policía secreta (Gestapo).

En este viaje será beatificado el sacerdote Bernhard Lichtenberg, canónigo de la iglesia episcopal de Berlín. Sus oraciones en público por los judíos y por los conciudadanos que no eran de raza aria en los años 40 lo llevaron a la muerte. Se le acusó de provocar disturbios y se le condenó a ser recluido en un campo de concentración. Murió durante el viaje a Dachau en un vagón de transporte de ganado, pues su salud estaba ya muy deteriorada. En el proceso de beatificación se ha valorado su muerte como un martirio.

También será beatificado Karl Lestner, un seminarista que, como muchos otros seminaristas católicos, fue internado en un campo de concentración poco antes de ser ordenado. Allí recibió más tarde el sacramento del Orden de manos de un obispo que también estaba preso. Poco antes de morir celebró la única Santa Misa de su vida en el campo de concentración.

Pocas noticias en la televisión

En sus tres viajes a Alemania el Papa ha visitado hasta ahora las diócesis más importantes: Colonia, Maguncia, Augsburgo, Aquisgrán, Essen, Múnich-Freising y Fulda. Ahora visitará Paderborn en el Oeste y Berlín en el Este del país.

En los medios de comunicación, especialmente en la televisión, hay muy pocas noticias de este acontecimiento. En el programa “Tagesschau”, el telediario de las ocho de la noche del primer canal de televisión, se mencionó por primera vez a fines de mayo esta visita en el marco de una noticia sobre la discusión actual en el país para la ampliación de los horarios de apertura de los comercios. Los berlineses quieren que las tiendas estén más horas del día abiertas al público, también en los fines de semana, especialmente porque en la nueva capital de Alemania se suceden cada vez con más frecuencia grandes acontecimientos. En este contexto se mencionó la próxima visita del Papa.

Berlín, capital pero no centro

El alcalde de la ciudad, Eberhard Diepgen, del partido democristiano (CDU), dice que los berlineses se alegran de la visita. Comentando el ambiente ante la visita del Papa, el cardenal de Berlín, Mons. Georg Sterzinsky, afirmó que, como la mayoría de los berlineses son protestantes, esta visita quizás sólo represente para ellos un acontecimiento más de los muchos que ofrece la ciudad.

Para los berlineses, sin embargo, parece estar también claro que el cardenal ha minusvalorado la cuestión. La capital alemana no está todavía en el centro de la atención pública. La política se sigue haciendo en Bonn, el mundo financiero está todavía en Frankfurt. Incluso en el deporte Berlín no es el vértice. Los juegos olímpicos del año 2000 se otorgaron, para desilusión de los berlineses, a Sydney, a pesar de que la propuesta de Berlín tenía buenas posibilidades. Tampoco hay en la capital un equipo de fútbol en primera división, para que otros equipos de renombre tengan que ir al estadio olímpico. Éste será el lugar en el que el Papa celebrará una Misa.

El último suceso espectacular en Berlín fue el recubrimiento del Reichstag por Cristo y Jean-Claude, y de esto hace ya un año. En esos días estaba Berlín verdaderamente en el centro de la atención pública. Durante dos semanas cinco millones de personas pasaron por Berlín para ver el recubrimiento del Reichstag, o sea 1,5 millones de personas más que los habitantes de la ciudad.

Así que Berlín ha tenido que esperar de nuevo todo un año a un suceso tan relevante como la visita del Papa. Durante la visita, que durará sólo un día, se esperan 100.000 personas en el estadio olímpico y unas 400.000 en las calles y plazas por las que pasará el Papa. No poca de esta gente vendrá de Polonia, ya que la frontera se encuentra a sólo unos 40 Km al Este de Berlín, en Frankfurt del Oder. Se espera que en total 500.000 personas acudan ese día a Berlín.

Una Iglesia menos popular

Que el Papa visite la diócesis de Paderborn es una pequeña sorpresa. Paderborn tiene sólo 130.000 habitantes y se puede considerar como una ciudad más bien pequeña. A diferencia de Berlín, la población es en su gran mayoría católica. Existe allí un seminario diocesano y una escuela universitaria de teología. Con la visita del Papa, Paderborn despierta, por decirlo así, del sueño de Blancanieves. El último Papa que estuvo allí fue León III (795-816), poco antes de la Navidad del año 800. El Papa intentó hace 1.200 años, así lo recuerda la historia de la Iglesia, ganar al rey Carlomagno como patrón protector de la Iglesia romana, que se encontraba seriamente amenazada.

Esta vez se puede tener la impresión de que el Papa viene a confortar a los católicos fieles a la Iglesia. Una Iglesia que, con el impuesto eclesiástico, dispone de medios económicos, pero que está perdiendo su enraizamiento en el pueblo. A esto contribuye la dificultad para llegar al pueblo a través de los medios de comunicación, a menudo controlados por los más severos críticos de la Iglesia.

El entrelazamiento entre la Iglesia y el Estado se manifiesta en un asunto tan paradójico como la intervención de las oficinas de Caritas en el procedimiento legal para abortar. Según está previsto en la ley del aborto, la mujer embarazada debe mantener una conversación de orientación para intentar resolver su problema. Después de esa conversación se le extiende un certificado acreditativo. Sin este certificado, un médico que realiza el aborto actúa contra la ley. Excepto el arzobispo de Fulda Dyba, que ha prohibido categóricamente la extensión de estos certificados en su diócesis, los demás obispos alemanes no se han decidido a una negativa clara, aunque el tema está en la agenda de todas las reuniones del episcopado.

El argumento que se aduce para permanecer dentro de este sistema es que, si las mujeres acuden a los centros católicos de orientación, se podrán salvar algunas vidas. Las mujeres que trabajan en estos centros se niegan a creer que la Iglesia podría conseguir mejores resultados ampliando la capacidad de personal de estas instituciones, pero sin extender estos certificados que permiten realizar un aborto “legal”. Piensan que su trabajo, con la posibilidad de emitir el certificado oficial, tiene más relevancia, también social, y por ello intentan a toda costa conseguir que los obispos accedan a ello.

Los católicos, minoría fiel en el Este

Como en las visitas anteriores, también en esta hay música de acompañamiento de carácter crítico, incluso dentro de la Iglesia. En las primeras visitas, la crítica se centró en el socorrido tema de los costes del viaje, a pesar de que por lo general los alemanes son generosos en muchas cosas. Esta vez hasta se han anunciado manifestaciones en contra por grupos que tienen apoyo político en el Este del país. Por ejemplo, el PDS, el partido de los ex comunistas, se movilizó en su última campaña electoral en favor del aborto libre. El Papa es para ellos en esta cuestión el enemigo personificado.

En el Este del país hay un millón de católicos entre los 16 millones de habitantes que tenía Alemania oriental. Estos católicos han conservado hasta ahora una gran fidelidad al Papa y a los obispos. El primer contacto con la Iglesia en Alemania occidental supuso para ellos un verdadero trauma, debido a la posición ultracrítica de muchos católicos de Occidente. Entre los católicos y también entre muchos no bautizados del Este de Alemania existen sin embargo simpatías por el Papa. En señal de agradecimiento a su papel decisivo en la caída del telón de acero, el primer sello impreso en el Este después del cambio de régimen llevaba la imagen de Juan Pablo II. Este es hasta ahora el único sello alemán con la efigie del Papa. En esas fechas debían haberse emitido sellos de conmemoración del XII Congreso comunista. Los acontecimientos políticos cambiaron todo.

En Berlín se organizan constantemente disturbios públicos por los llamados grupos autónomos, izquierdistas que reúnen a su clientela en autobuses desde todos los sitios. En relación con la visita del Papa no parece haber reacciones en este sector. Las visitas del Papa fueron hasta ahora de poco color político. Y es de esperar que estos grupos no se sientan demasiado afectados por todo esto.

El disenso en la Iglesia

Los sectores de la Iglesia católica a los que no les va bien que el Papa venga a Alemania están manifestándose. Hace unos pocos meses acabó la movilización de “Iniciativa popular”, una recogida de firmas después de la misas dominicales y también en diversos comercios en la que se pedían una serie de reformas en la Iglesia: la abolición del celibato sacerdotal, la ordenación sacerdotal de mujeres, mayor permisividad en la moral sexual y más participación del pueblo en el nombramiento de obispos.

Los promotores han tomado postura en contra de Juan Pablo II. El apoyo encontrado entre los fieles corrientes revela cierta ingenuidad, al considerar que debían apoyar una acción que proponía lemas como, por ejemplo, “buena nueva en lugar de amenaza nueva”. Sin embargo, también se ha hecho notar que todas las exigencias de la iniciativa se encuentran ya realizadas: en las diversas comunidades protestantes de Alemania.

El episcopado alemán se encuentra, pues, con una situación eclesiástica tensa. Además, diversos medios de comunicación totalmente contrarios a la Iglesia, como los semanarios Der Spiegel o Die Zeit, no dejan pasar una oportunidad de exigir la abolición del impuesto eclesiástico. Por ello los obispos agradecen realmente la visita del Papa. Los fieles que van regularmente a misa los domingos, alrededor del 20% de todos los católicos alemanes, rezan todas las semanas por el Papa y se alegran de su próxima visita.

Escucharle en directo

El periódico popular Bild, con 6 millones de ejemplares diarios, tituló con “Bienvenido Juan Pablo II” el número del 11 de junio. En un comentario escribía el profesor de ciencias políticas Michael Wolffsohn, de origen judío: “La importancia histórica de este Papa no depende de su postura sobre el control de la natalidad y el aborto… Sin este Papa no habría sido posible la descomposición interna de los Estados comunistas. Su viaje a Polonia en 1979 trajo la apertura de una brecha definitiva para que hubiera más libertad bajo el comunismo. Era el motor espiritual del movimiento polaco de liberación… Esto hizo posible el cambio de 1989 y la caída del comunismo en Alemania oriental. Por ello los alemanes deben la reunificación, no en último lugar, a este Papa”.

Y concluye: “Muchos hablan del diálogo entre cristianos, judíos y musulmanes. Este Papa ha pasado en esto a la acción. Él ha afirmado lo que une, sin tocar lo que separa. Y ha abierto nuevos contactos especialmente con los países no europeos… Un Papa importante visitará Alemania”.

En los días previos a la visita son los enemigos del Papa los que declaran en los medios de comunicación. Cuando él llegue, centrará la atención de los medios electrónicos. Es de esperar que con los 20 canales de televisión del país habrá tiempo suficiente para que la gente le vea y escuche directamente su mensaje.

Rainer KlawkiLa debilidad de una Iglesia bien organizada

Roma. Aunque la visita del Papa durará apenas 50 horas, bastarán para que salgan a flote los escollos que se interponen entre Roma y parte de los católicos alemanes. Al menos, esas son las previsiones de algunos medios informativos, que han dedicado particular atención a los actos paralelos que se organizarán en Paderborn y Berlín en coincidencia con la presencia del Papa.

Aun sin negar la existencia de dificultades, el presidente de la conferencia episcopal alemana, monseñor Karl Lehmann, se muestra confiado “en la extraordinaria capacidad del Papa para cambiar el clima que le espera, como se ha visto durante las visitas anteriores: estando entre nosotros, convencerá a muchos que no lo conocen y que hablan sólo basándose en prejuicios”.

Que existe un fermento de disenso entre los 28 millones de fieles alemanes -el 35% de la población- parecen demostrarlo hechos como la recogida de firmas organizada hace meses en favor del sacerdocio femenino, de los sacerdotes casados y de la democratización de la Iglesia, entre otros puntos. Aunque el número de firmantes decepcionó las expectativas de los organizadores, pues apenas llegó al 5% de los fieles, la iniciativa se presentó como una reacción espontánea de la base contra la rigidez dogmática de la jerarquía. En realidad, esta campaña había sido lanzada antes en Austria con la orquestación de los medios de comunicación hostiles a la Iglesia (cfr. servicio 96/95).

También se ha hablado mucho en los últimos años del abandono de la Iglesia por parte de miles de católicos alemanes. No se trata sólo del descenso en la práctica dominical (si en los años sesenta iban a misa los domingos el 48%, hoy lo hacen sólo el 19%), sino de una apostasía fomentada por razones fiscales: declarándose ateo, el contribuyente se ahorra el impuesto religioso obligatorio, que equivale al 7-8% de las tasas. En 1994, 155.797 católicos se dieron oficialmente de baja y, desde 1989, la cifra asciende a casi un millón. Aunque esto revela la creciente secularización, no puede decirse que se deba sólo al descontento de la base con las posturas doctrinales de la jerarquía en cuestiones de ética sexual o de la ordenación de mujeres. En las confesiones protestantes, donde no existen estos escollos, las defecciones fueron 350.000 en 1994.

En 1993, la Iglesia católica ingresó por este impuesto -común, por otra parte, a todas la religiones reconocidas en Alemania- un total de 8.600 millones de marcos. Si bien gracias a ese sistema se financian numerosas iniciativas en países menos favorecidos, es innegable que también ha provocado la consolidación de una maquinaria que cuenta con 400.000 empleados y un presupuesto 25 veces superior al de la Santa Sede. Junto con las evangélicas, las estructuras de la Iglesia católica representan una de las mayores “empresas” alemanas.

El problema, tal como se ha subrayado en repetidas ocasiones, incluso en reuniones celebradas en el Vaticano, no es sólo que la Iglesia pueda aparecer como simple entidad filantrópica, sino que se corre el riesgo de que esa misma burocracia eclesiástica acabe por gobernar la Iglesia con sus numerosas comisiones, comités, documentos, etc., limitando de ese modo la autonomía de los obispos.

El cuadro sería incompleto si no se citaran los efectos que la estrecha coexistencia entre católicos y protestantes (dos de cada tres matrimonios son mixtos) produce en los católicos. Esto se traduce, por lo general, en un contagio de comportamientos secularizados, que ordinariamente están más acentuados entre los luteranos. A efectos comparativos, la práctica dominical de los protestantes es de un 5%.

Otro elemento que ayuda a comprender la compleja situación de la Iglesia en Alemania es la presencia de 12 facultades católicas de teología, pertenecientes al Estado, a las que hay que añadir otras 5 facultades de la Iglesia, con un total de 800 profesores y 10.000 estudiantes: una constelación de la que no es extaño que a veces salgan opiniones alejadas de la doctrina de la Iglesia.

Diego Contreras_________________________(1) Sobre la oposición de la Iglesia católica al nazismo, cfr. el artículo de Konrad Repgen, resumido en el servicio 82/95.

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