La tumba de S. Pablo está donde se sabía que estaba

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Duración lectura: 2m. 23s.

Roma. Se sabía que estaba ahí, pero ha permanecido escondido durante muchos siglos. Ahora, una ventana permitirá ver el sepulcro de san Pablo. Y posiblemente en el futuro se podrá aislar el sarcófago y examinar su interior. Que la basílica romana de San Pablo Extramuros fuera erigida sobre la tumba del Apóstol era un dato incontrovertible de la tradición histórica. Pero quedaba abierto el interrogante de la identificación del sepulcro original.

Las excavaciones en el área tradicionalmente considerada como el lugar de la sepultura del Apóstol, iniciadas en 2002 y terminadas a finales de septiembre pasado, han permitido sacar a la luz el gran sarcófago del que se había perdido la pista y que era considerado la tumba de san Pablo desde la época teodosiana. El sarcófago, de mármol no pulido, mide 2,55 metros de largo por 1,25 metros de ancho, y tiene una altura de 97 centímetros. Está situado bajo el altar papal.

“El sarcófago nunca se ha abierto ni examinado”, afirmó el cardenal Andrea Cordero Lanza di Montezemolo, arcipreste de la basílica, durante la presentación de los resultados más relevantes de las exploraciones arqueológicas. Las pruebas con rayos X no han producido resultados a causa del grosor de la piedra. No se excluye que el Papa pueda autorizar una posterior exploración. Tampoco será tarea fácil, pues exigirá liberar el sarcófago del corsé de hormigón que todavía lo envuelve.

Es indudable que el descubrimiento de la tumba del Apóstol tiene un significado que va más allá del interés de estudiosos y especialistas. Es la confirmación de la tradición histórica sobre los orígenes y difusión del cristianismo. Y demuestra, como ya ocurrió cuando salieron a la luz los restos de san Pedro en la basílica vaticana, que la Iglesia no teme confrontarse con las excavaciones. La arqueología confirma los datos transmitidos por la tradición oral y escrita. Precisamente lo que ha movido el plan de excavaciones, autorizado por Juan Pablo II y confirmado por Benedicto XVI, ha sido el deseo de facilitar la devoción de los miles de fieles que cada año visitan la basílica.

Las exploraciones arqueológicas han sacado a la luz otra sorpresa, o más bien una curiosidad: el suelo de la basílica -un metro por debajo del actual- fue utilizado por Giaccomo della Porta para dibujar a tamaño natural el plano de los andamios que necesitaba para construir la cúpula de San Pedro. Miguel Angel había dejado al morir unos planos, pero eran de escala reducida y Della Porta prefirió no arriesgar. El único lugar suficientemente amplio para realizar los dibujos era San Pablo, solo superada en superficie por la basílica de San Pedro.

Diego Contreras