La inmigración afecta al alma de EE.UU.

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Duración lectura: 8m. 12s.

El arzobispo de Los Ángeles, Mons. José Gómez, acaba de publicar un libro en el que defiende con convicción la necesidad de reformar el sistema migratorio de Estados Unidos. Una de sus tesis centrales es que la inactividad de los legisladores en este terreno está agravando el problema de los 11 millones de ilegales que viven en el país. No podía haber momento más oportuno para publicar este libro, ahora que el proyecto de reforma migratoria puede frustrarse otra vez en la Cámara de Representantes.

Mons. Gómez, de origen mexicano, es consciente de que el proyecto redactado por el “comité de los ocho” y aprobado por el Senado (cfr. Aceprensa, 2-07-2013) tiene limitaciones. Entre otras cosas, porque es difícil conciliar la postura de quienes piden regularizar a los indocumentados con la de quienes exigen más seguridad en la frontera. Pero, a su juicio, el proyecto es “un buen paso en la dirección correcta”, porque ayuda a reconstruir “un sistema migratorio que está roto”.

Tras recordar que no hay una “solución católica” y mucho menos exclusiva al fenómeno migratorio, sostiene que el statu quo es inadmisible: “Nuestra inactividad política ha permitido crecer en los márgenes de la sociedad (…) a millones de hombres y mujeres que viven como siervos permanentes: por poco dinero trabajan en nuestros restaurantes y en nuestros campos; en nuestras industrias, jardines, hogares y hoteles. Les falta la protección social suficiente frente a la enfermedad, la discapacidad o la vejez. (…) Sirven como niñeras y cuidadoras, pero sus hijos no pueden obtener un empleo o estudiar en la universidad porque sus padres los trajeron de forma ilegal al país”.

Para el arzobispo Gómez, la fe católica favorece la integración de los inmigrantes mientras que el secularismo la obstaculiza

Un debate sobre la identidad de EE.UU.
Gómez se mueve en el terreno de los principios, no en el de las soluciones técnicas. Su objetivo principal es contribuir a ampliar la perspectiva de este debate. De ahí el título del libro, Immigration and the Next America (Our Sunday Visitor): “El debate sobre la inmigración es un debate sobre EE.UU. Sobre nuestra identidad nacional y sobre nuestro destino. ¿Qué es EE.UU.? ¿Qué significa ser estadounidense? ¿Quiénes somos como ciudadanos y hacia dónde vamos como país? ¿Cómo será EE.UU. en el futuro? ¿A qué debería parecerse?”.

Su planteamiento es audaz. La identidad se ha invocado antes en el debate migratorio para exigir la asimilación de los recién llegados a los valores nacionales. Así lo hizo el politólogo estadounidense Samuel Huntington en su libro ¿Quiénes somos?, en el que sostiene que la llegada continua de inmigrantes hispanos amenaza con dividir EE.UU. en dos pueblos, dos lenguas y dos culturas (cfr. Aceprensa, 1-09-2004).

Gómez también apela a la identidad estadounidense, pero su propuesta exige más a los nacionales: a su juicio, la forma de acoger y de convivir con los inmigrantes hará mejores o peores a los norteamericanos. En este sentido se puede decir que es un debate que afecta al alma de EE.UU., a su identidad. ¿Prevalecerán en este proceso los miedos y los prejuicios, o bien se impondrá el principio de igualdad de oportunidades que hizo famoso al sueño americano?

Como se ve, el planteamiento de Gómez es deliberadamente moral. No se le oculta que el sentimiento anti-inmigración sigue siendo un problema en la sociedad estadounidense, también entre los católicos. Por eso cree que el reciente viaje del Papa Francisco a la isla de Lampedusa (cfr. Aceprensa, 9-07-2013) puede contribuir a contrarrestar el clima de desconfianza que se advierte en parte de la población.

En una entrevista realizada por John L. Allen, Gómez adelanta que la Conferencia Episcopal de EE.UU. va a publicar una declaración explicando que el Papa fue a Lampedusa para honrar a quienes murieron intentando llegar a Europa, del mismo modo que hoy sigue muriendo gente en la frontera con México. “Espero que el primer viaje del Papa ayude a los católicos a entender que este no es solamente un debate económico o legal, sino también moral”, dice Gómez.

El sentimiento antiinmigración sigue siendo un problema en la sociedad estadounidense, también entre los católicos

La fe católica ayuda a la integración
El enfoque de Gómez incluye un llamamiento a los inmigrantes para que busquen la integración en la sociedad estadounidense. El arzobispo de Los Ángeles ha puesto en marcha, junto con el arzobispo Charles Chaput, la Asociación Católica de Líderes Hispanos para impulsar la figura de los emprendedores sociales. El Comité sobre Migraciones de la Conferencia Episcopal, que Gómez preside, ofrece programas para aprender inglés o poner en marcha negocios. En 2012, más de 400.000 inmigrantes han recibido ayuda de organizaciones católicas.

Para Gómez, la fe católica de los inmigrantes juega a favor de su integración. EE.UU. –explica– tiene un gran aprecio por la religión, la familia, la amistad, el sentido de pertenencia a una comunidad o la cultura de la vida. Los católicos de otros países también estiman mucho estos valores. De modo que cuando llegan a EE.UU. lo hacen con buena parte de los deberes aprendidos.

Gómez pone el ejemplo de lo que ve en la archidiócesis de Los Ángeles: en sus parroquias se juntan “hispanos, filipinos, coreanos… todos son inmigrantes con profundos valores enraizados en la fe católica, lo que les permite integrarse en la sociedad estadounidense”. Desde esta perspectiva, se entiende por qué Gómez ve el secularismo como un obstáculo para la integración de los inmigrantes.Tradicionalmente, en EE.UU. se ha dado por sentado que aquellos valores son producto de la cultura angloprotestante. “En EE.UU., la Reforma creó una nueva sociedad”, escribió Huntington. “Sin la Reforma, EE.UU. no sería tal y como lo conocemos”. Pero esta es solo una parte de la historia: la otra, tan olvidada en los libros de texto, es la influencia que tuvieron los primeros evangelizadores del siglo XVI y los misioneros católicos de los siglos XVII y XVIII. El nombre de la ciudad de Los Ángeles, dice Gómez, es una huella del influjo del catolicismo hispano en EE.UU. “Creo que los norteamericanos apreciarían más a los hispanos si supieran que estuvieron aquí desde el principio y que su contribución al desarrollo del país fue enorme”, dice.

Otro obstáculo a la integración es el desconocimiento. “Tenemos miedo de que los inmigrantes se hagan con el control, de que no hablen nuestro idioma, de que no sepamos realmente qué es lo que piensan”. Gómez denuncia con firmeza a quienes critican “a un colectivo de hombres y mujeres con el que nunca se han parado a hablar, pero de los que no paran de hablar. Un colectivo que, al ser etiquetado como ‘ilegal’, se convierte en enemigo abstracto”.

Para cambiar este clima de recelo hacia el otro, Gómez propone impulsar iniciativas que permitan comunicarse a inmigrantes y nativos. De ahí, por ejemplo, que aconseje a los hispanos integrarse en el consejo pastoral de sus parroquias. Su experiencia como obispo auxiliar en la archidiócesis de Denver, luego como obispo en San Antonio y después como arzobispo de Los Ángeles le ha permitido comprobar que allí donde se ponen en marcha estas iniciativas nace “una hermosa unidad”.

Más visados y menos muro
El arzobispo de Los Ángeles ha recibido críticas por su postura a favor de los inmigrantes. Algunos, movidos por un afán justiciero de castigar a quienes entraron de forma ilegal en el país, le acusan de favorecer el incumplimiento de las leyes. Frente a estos ataques, Gómez aclara que su postura y la de los demás obispos católicos es promover la inmigración legal. Pero también aboga por encontrar una solución a los 11 millones de indocumentados que ya están dentro. De ahí que defienda una reforma del sistema migratorio “que restablezca el estado de derecho de una manera humana y justa”.

A su juicio, el nuevo proyecto de reforma migratoria acierta al ofrecer un proceso de regularización de los sin papeles. No obstante, Gómez cree que la reforma destina demasiados recursos a reforzar la seguridad en la frontera y pocos a garantizar los mecanismos legales de entrada al país. Si lo que se quiere es controlar mejor el flujo de inmigrantes, dice, parece razonable aumentar los visados de trabajo y no reducirlos a unos 200.000.

Tampoco le gusta que se reduzcan los visados para la reunificación familiar. Sobre el aumento de las deportaciones en los últimos años dice: “Estamos hablando de padres y maridos que, sin previo aviso, no irán a cenar a casa y se quedarán sin ver a su familia durante al menos una década. Estamos hablando de mujeres que, de la noche a la mañana, se convertirán en ‘madres solteras’ que tendrán que sacar de la pobreza a sus hijos. Estamos hablando de una política social que favorece el aumento de ‘huérfanos’ potenciales, criados en la calle o en centros asistenciales”.

Actualmente, hay 32,2 millones de católicos de origen hispano en EE.UU., lo que supone el 39% del total de católicos del país, y más del 50% entre los católicos menores de 18 años. A los hispanos se debe el 71% del aumento de católicos en este país desde 1960, y el 40% del incremento de feligreses entre 2005 y 2010.