La inculturación de la fe, asunto central del Sínodo de Asia

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Duración lectura: 3m. 2s.

Roma. A pesar de que el cristianismo nació en Asia, la mayoría de los asiáticos lo consideran como una religión extranjera, que profesa sólo el 3% de la población. Esta realidad es uno de los temas que están tratando los 252 participantes en la asamblea especial para Asia del Sínodo de los Obispos, que se desarrolla en el Vaticano desde el pasado 19 de abril hasta el próximo 16 de mayo.

El Papa dijo a los participantes, entre los que figuran seis delegados de otras confesiones cristianas, que la nueva evangelización “exige una recepción respetuosa y un sano discernimiento de las ‘realidades asiáticas'”, y que sólo “manteniendo la mirada en Cristo, la Iglesia puede responder adecuadamente a las esperanzas y a los desafíos del continente asiático”.

Entre esos desafíos, como se ha puesto de relieve durante las sesiones, sigue estando cómo realizar en las múltiples realidades asiáticas lo que se suele llamar “inculturación de la fe”, de modo que -sin traicionar los contenidos- se pueda expresar la fe y la liturgia con formas cada vez más acordes a la mentalidad oriental.

Desde el punto de vista informativo, en las primeras sesiones del Sínodo destacó la ausencia de los dos obispos de China continental que el propio Juan Pablo II anunció que había invitado. Sobre la posibilidad de que el gobierno les autorice a viajar a Roma hay diversidad de opiniones. De momento, los participantes en el Sínodo han dejado los dos sitios vacíos, de modo que la misma ausencia se transforme en testimonio.

La elección de los dos obispos chinos es ya de por sí un mensaje. Uno de ellos es monseñor Matthias Duan Yinming, obispo de Wanxian (Sichuan). Tiene noventa años de edad y es el obispo más antiguo de China. Nunca ha querido pasar a la clandestinidad, pero al mismo tiempo nunca ha pactado con el gobierno, aunque cuenta con el reconocimiento de la Asociación Patriótica de los Católicos Chinos, controlada por Pekín.

Del obispo se relata un episodio, que pone de manifiesto su personalidad. Un día, durante la Revolución Cultural, el obispo y sus sacerdotes fueron convocados por los guardias rojos. Pidieron al obispo que fuera el primero en pisotear una imagen de la Virgen. Como no lo hizo, le dieron una paliza salvaje. Pasaron los años, y una mañana a principios de los ochenta, cuando corrían vientos de apertura, un nutrido grupo de aquellos jóvenes se presentaron ante la casa del obispo y le dijeron: “explícanos la razón por la que aquel día preferiste los golpes”. Fue el inicio de una larga lista de adultos que todavía hoy piden ser bautizados.

El Sínodo de Asia es una de las reuniones continentales que Juan Pablo II ha querido que se celebren para relanzar la evangelización en el mundo con ocasión del Gran Jubileo del año 2000. Celebrados ya los Sínodos de África y América, tras el de Asia se desarrollarán los de Europa y Oceanía. Como conclusión de cada uno, el Papa -que asiste a todas las sesiones- publica una exhortación apostólica, documento que viene a ser como la conclusión del sínodo. El Papa presentó la exhortación Ecclesia in Africa durante un viaje al continente africano (ver servicio 121/95); en enero de 1999 está previsto un viaje a México, donde presentará el documento del sínodo americano, celebrado el pasado otoño.

Diego Contreras

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