La fe en primera página

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Duración lectura: 6m. 8s.

En la muerte de Juan Pablo II el ambiente de la plaza de San Pedro se hizo presente en todo el mundo
Roma.- Han sobrado palabras y conexiones en las que los enviados especiales repetían inevitablemente lo que acababan de decir pocos minutos antes. Y cábalas sobre improbables “maniobras electorales cardenalicias”. Pero, en su conjunto, la cobertura informativa de la muerte de Juan Pablo II ha conseguido dar una idea del impacto mundial de su figura y enseñanzas, y ha sido al mismo tiempo un escaparate de la fe de millones de personas.

Junto a la onda emotiva, los medios de comunicación han abierto las puertas a la reflexión sobre el sentido de la vida y de la muerte. El fallecimiento de Juan Pablo II ha recibido una cobertura informativa sin precedentes, que no se ha limitado a países de tradición católica. Las principales “networks” internacionales ofrecieron en directo el funeral: en total, más de 90 canales de televisión de todo el mundo, incluidos algunos de países árabes de mayoría musulmana, como Al-Jazira y Al-Arabiya. Solo China impuso el filtro de la censura oficial para reducir al mínimo la información. En los días anteriores, todos habían dedicado abundante espacio a las informaciones procedentes de Roma. El ambiente de la plaza de San Pedro se hizo presente en todos los rincones del mundo.

Cobertura merecida

Tal avalancha informativa ha provocado también algunas críticas a propósito de la posible saturación que se ha podido crear. O sobre el tono preponderantemente positivo que han caracterizado noticias, entrevistas y comentarios. No han faltado quienes se han molestado por tanto interés, como si atentara contra la laicidad del Estado. Por lo general, los juicios más negativos procedían de observadores que comentaban los acontecimientos sin vivirlos en directo, sino desde sus despachos. Para ellos, se trataba de un “exagerado y necrófilo interés mediático”; las multitudinarias colas para dar un último saludo al Papa eran más bien “un fenómeno de psicología de masas, pero no de devoción”.

Los responsables de las emisoras han justificado tal espacio y tratamiento informativo -que, por otra parte, los receptores premiaron- con motivos profesionales. “El Papa ha sido una figura de primer orden en la Iglesia católica -el tercer pontificado más largo de la historia-, y también una de las fuerzas más significativas del siglo XX. No tengo dudas de que su muerte merecía tal cobertura”, argumentaba Roger Mosey, jefe de la sección de informativos de televisión de la BBC. “Nuestra audiencia está de acuerdo: “News 24″ fue seguido por 7,2 millones de personas, las cifras más altas del año”. Ante las críticas que señalaban la ausencia de debate, en tales programas, sobre la perspectiva del Papa en temas como el aborto, la contracepción o la homosexualidad, Mosey replicó: “No me parece que la programación de carácter necrológico sea el lugar adecuado para el ‘debate’ sobre el aborto. La Iglesia tiene sus principio morales y sus líderes los reflejan”.

Los medios de comunicación venían preparándose para ese momento, algunos desde hace años. Por ejemplo, la directora ejecutiva de CBS News, Marcy McGinnins, firmó en 1996 un contrato de diez años para garantizarse una terraza con buenas vistas hacia San Pedro desde la que poder emitir. Otro tanto habían hecho el resto de las grandes cadenas. Documentales, necrológicas y resúmenes del pontificado estaban ya previstos. Pero lo que ha marcado el tono ha sido la reacción de la gente, sobre todo en Roma, pero también en otros lugares. Así, el material “enlatado” dejó paso al testimonio personal. Un testimonio silencioso, las más de las veces, hecho de llanto y oración, que la televisión no siempre supo respetar (y cubrió de palabras).

Competencia frenética

Si el relato de los últimos días de Juan Pablo II no ha sido perfecto, en buena parte se debe al actual “media system”. Por un lado, a la competencia frenética que se había creado entre los distintos medios (la oficina de prensa del Vaticano acreditó a 3.500 periodistas). Y por otro, al imperativo de hacer rentable un acontecimiento informativo al que se habían destinado muchos recursos. Junto a ello, sin embargo, tampoco hay que olvidar el gesto de algunas emisoras, que suspendieron la publicidad en esos espacios, o incluso durante toda la jornada.

Algunos medios informativos -entre ellos las cadenas Fox y CNN, y la agencia Reuters- anticiparon veinticuatro horas la muerte del Papa. Detrás de ese “scoop” fallido latía algo más que la tensión por dar primero una noticia que parecía inminente. En realidad, aleteaba en algunos la sospecha de que el Vaticano -llegado el momento- no sería transparente y retrasaría el momento de difundir la información. De ese modo, y en un trance tan delicado, esos medios se arrojaron en los brazos de una fuente anónima.

La noticia oficial de la muerte, procedente de la Santa Sede, se difundió a los corresponsales de las agencias en la noche del 2 de abril, por medio de un “sms” que decía: “Comunicado urgente en el correo electrónico”. Una vez abierto el correo electrónico se podía leer: “El Santo Padre ha fallecido esta noche a las 21.37 (19.37 GMT) en su apartamento privado. Se han puesto en marcha todos los pasos previstos por la Constitución apostólica “Universi Dominici Gregis” promulgada por Juan Pablo II el 22 de febrero de 1996″. Abajo, la firma del director de la oficina de prensa del Vaticano. Apenas quince minutos después del fallecimiento, la noticia había llegado ya a todo el mundo.

Las prisas, el afán por llegar antes y el desconocimiento del latín jugaron otra mala pasada a algunas agencias, y como efecto a otros muchos medios de comunicación. Un pasaje del testamento espiritual del Papa fue interpretado como una muestra de que Juan Pablo II había considerado la posibilidad de dimitir. Y es que la prensa había insistido tanto en la cuestión de la dimisión que tenía que ser verdad. En realidad, la anotación de Juan Pablo II, escrita en el año 2000, se refería a que una vez pasado el umbral del nuevo milenio “es preciso preguntarse si no es el tiempo de repetir con el bíblico Simeón ‘nunc dimittis'”. El Papa se refiere al canto de Simeón narrado en el capítulo 2 del evangelio de San Lucas: una vez que ha visto al Niño Dios en el Templo de Jerusalén, el anciano dice que ya puede ir en paz de este mundo. Muchos tradujeron “dimittis” por “dimisión”.

Para algunos, los medios “han convertido el ritual fúnebre en un espectáculo planetario”. En realidad, a pesar de los excesos y de los defectos, el fallecimiento del Papa ha sido una ocasión para que Dios, o al menos el sentido trascendente de la vida, vuelva a las primeras páginas de los diarios, a los espacios de mayor audiencia de la TV, e inunde millones de páginas web.

Diego Contreras

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