La visita del Benedicto XVI a la República Checa

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email
Duración lectura: 7m.

La idea de que la búsqueda de la verdad hace posible un consenso sobre los valores comunes ha estado en el centro de las palabras de Benedicto XVI durante su visita a la República Checa. En un país con pocos creyentes, el Papa ha expuesto un mensaje de ideales anclados en la verdad y presentados de un modo positivo.

Brno. Cuándo llegó la noticia de que el Papa Benedicto XVI visitaría la República Checa, las reacciones más comunes, dependiendo de la importancia que la gente daba a la figura del Papa y, por supuesto, de la extensión de su fe, eran curiosidad y esperanza. Y fue la segunda reacción la que constituyó uno de los principales mensajes de su visita.

El Papa tuvo poco tiempo y muchas cosas a hacer. Pero encontró tiempo para todos. Desde el aeropuerto de Ruzyne fue a la iglesia de Nuestra Señora de la Victoria. Aquí se reunió con las familias y los niños, junto a la milagrosa imagen del Niño Jesús de Praga, al que regaló una corona de oro. En ese trayecto a la barroca iglesia praguense fue escoltado por miles de personas. Entre los extranjeros destacaban sobre todo los omnipresentes polacos y eslovacos. Las pequeñas calles de la vieja ciudad estaban llenas de banderas, pañuelos, carteles e imágenes del Papa, la Virgen y el Niño Jesús de Praga. Enfrente del templo los alcaldes de todos los distritos de la capital saludaron al Papa y le entregaron las llaves de la ciudad.

Más interés del que se esperaba

Después del discurso dentro de la iglesia y un tiempo de oración, el Papa se encontró de nuevo con una gran muchedumbre, que le aguardaba impaciente fuera. Le demostraban de tal manera su cariño que Benedicto XVI, en vez de subir al ”papamóvil”, comenzó a saludar a la gente. Tras emprender la marcha, los simpatizantes y turistas le escoltaron durante todo el recorrido hasta el puente de la Legión. Cuando llegó a la Nunciatura, pocos minutos después, por fin pudo descansar un poco.

Así fueron todos los encuentros y todo su programa. Daba igual si tenía una cita con autoridades eclesiásticas, elite política, representantes intelectuales o jóvenes. En cada momento fue recibido con exquisito respeto y afecto. En el encuentro con los académicos en la Sala Vladislao del Castillo de Praga, el aplauso después de su discurso duró varios minutos. Los asistentes mostraban así su sintonía con las palabras del Papa, quién habló de la importancia de la verdad, la educación, y las tareas y obligaciones del mundo académico.

La verdad vence

Después de su visita al Niño de Praga, Benedicto XVI tuvo un breve encuentro privado con el presidente Klaus y su familia, y luego otro oficial con las autoridades políticas del país. Aquí habló sobre todo de la verdad, de su importancia y necesidad, que nunca será conseguida sólo con intereses particulares. Y es que la verdad posibilita el consenso y un diálogo lógico y claro, y facilita la unión a la cual no se puede llegar con medios oscuros.

El Papa comentó que la historia muestra que una verdad manipulada puede ser la base de ideologías peligrosas e injusticias. Tomó las palabras “Veritas vincit” de la bandera presidencial, con las que instó a luchar contra el relativismo y a tener fe en el espíritu del hombre y en su capacidad de buscar la verdad.

Invitación a la esperanza

El Papa celebró dos misas multitudinarias durante su visita. Una en el aeropuerto de Tuřany, cerca de Brno, y la otra en Stará Boleslav, una pequeña ciudad al norte de Praga, que tiene una importancia histórica porque allí fue asesinado San Wenceslao, el patrono de la República checa.

La multitud que acudió a la misa en Tuřany superó las expectativas. Muchos llegaron la noche anterior y durmieron en el sitio. Los primeros peregrinos empezaron a llegar a las cuatro de la mañana. Al comienzo de a misa, estaban presentes unas ciento cincuenta mil personas. Cuando llegó el avión del Papa, y Benedicto XVI apareció en las puertas, los aplausos, cantos y gritos no pararon. Pero todo esto acabó cuando el Papa subió al podio, después de dar una vuelta en “papamóvil” en medio del gentío, y el moderador anunció que el Papa pide que todos se concentren durante la misa y no griten, aplaudan ni ondeen sus banderitas. Todos se tranquilizaron. La misa duró dos horas y acabó con el Ángelus.

La segunda misa, la de Stará Boleslav, también superó las expectativas. Vinieron cincuenta mil personas y dado que el encuentro estaba destinado a los jóvenes, la edad media era bastante baja. Al igual que el día anterior, muchos estaban ya presentes desde la noche. Por la mañana hubo un programa consistente en canciones, teatro, discursos y proyecciones, sobre todo del Papa y su vida. Cuando apareció en el “papamóvil”, las reacciones fueron las mismas que en Tuřany, pero aún más intensas.

Las homilías en Tuřany y Stará Boleslav tuvieron el mismo lema, que fue la esperanza. El Papa habló de la necesidad que sienten las personas de contar con una sólida base en cual fundar su futuro. En la situación actual del mundo parece que la fe en Dios ha sido sustituida por la fe y la esperanza en la ciencia y progreso económico. Sin embargo, los medios técnicos son buenos pero ambiguos, y la única esperanza segura es Cristo.

La homilía en Stará Boleslav tenía la misma base, pero fue completada con una llamada a los jóvenes para no dejarse atrapar por una sociedad consumista, y para entregarse a Dios. El Papa instó a los jóvenes a no tener miedo a aceptar la voluntad de Dios, sobre todo si sienten la vocación sacerdotal o religiosa. El Papa invitó a la juventud a seguir a Cristo y no tener miedo de ir a contracorriente. Las palabras tuvieron un gran impacto. Hasta el punto de que los jóvenes, con todos los asistentes de la misa, empezaron a aplaudir.

Abiertos a la belleza

En su despedida el Papa expresó su agradecimiento, de un modo especial al presidente Klaus, quien le ha seguido en todos sus desplazamientos, y que recibió la felicitación papal el día de su santo. También agradeció el esfuerzo de los organizadores por hacer su visita agradable; mencionó expresamente al cardenal Miloslav Vlk, al arzobispo Jan Graubner y al obispo Vaclav Malý.

En el epílogo del viaje también aludió a una frase de Franz Kafka: “Quien conserva la capacidad de ver la belleza, nunca envejecerá”. Esto le sirvió para decir que, si nuestros ojos permanecen abiertos a la belleza de la creación de Dios y nuestras mentes a la belleza de su verdad, podemos esperar permanecer jóvenes y tratar de construir un mundo que refleje algo de la belleza divina y así inspirar a las generaciones futuras.

El Papa ha contagiado entusiasmo a los cristianos, y ha obtenido comentarios muy positivos en muchos medios de comunicación. Benedicto XVI se ganó el afecto no sólo con sus palabras, sino también con detalles que han impactado mucho. Casi siempre ha empezado y concluido sus discursos con palabras en checo. Ha demostrado un profundo conocimiento de la historia checa, la de la iglesia y la secular también. Pero sobre todo se ha hecho patente, como comentó el jefe de Estado, que el Papa entiende a la gente de la República checa. Que su visita no era una mera visita de cortesía o formal. Se ha presentado como un verdadero padre y pastor y eso resultó llamativo.

Un buen resumen ha sido el ofrecido por el presidente del país en su mensaje al despedirse de Benedicto XVI: “Su fe fuerte, su audacia para expresar opiniones que no son políticamente correctas y que no se aplauden, su firme compromiso con las ideas y principios básicos que sustentan nuestra civilización y el cristianismo en sí, es nuestro ejemplo y estímulo”.