Juan Pablo II señala algunos temas que requieren particular empeño de la Iglesia alemana

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Juan Pablo II ha hecho una advertencia sobre algunos “malos usos” que afectan a la Iglesia católica alemana en áreas como la pastoral familiar, la cooperación entre sacerdotes y laicos o el ecumenismo. En una carta dirigida a los nueve cardenales alemanes, el Papa señala que los problemas que deben afrontar los fieles en Alemania no distan mucho de los de cualquier país europeo, pero al mismo tiempo pone de manifiesto la existencia de “asuntos locales” que exigen una rectificación en los enfoques pastorales.

La misiva, fechada el pasado 22 de febrero, fue entregada durante el consistorio para la creación de nuevos cardenales en el Vaticano, entre los que se encontraban cuatro alemanes. En ella, el Papa muestra en primer lugar su “gran preocupación” por “diversas tendencias en el área del matrimonio y la familia”. “En su país, muchas personas y también los legisladores cuestionan el significado del matrimonio como unión de vida y de amor entre hombre y mujer, que está dirigida al bien de los cónyuges, así como al nacimiento y la educación de los hijos. La pérdida de valores humanos y cristianos que de ello resulta es incalculable”, agrega.

Por ello, pide a los obispos alemanes que den orientación clara “para que muchos fieles correspondan el plan del Creador sobre el matrimonio y la familia, eduquen a los niños y jóvenes en la fe y se atengan fielmente a los principios morales tal y como están presentados en la encíclica Humanae vitae, en el documento postsinodal Familiaris consortio y en el escrito de la Congregación para la Doctrina de la Fe acerca de la comunión de fieles divorciados que vuelven a contraer matrimonio”.

Juan Pablo II llama también a comprender bien el ecumenismo y a no perder de vista los principios presentados en este sentido en la declaración Dominus Iesus, que -dice- “ha recordado a los fieles verdades eclesiológicas y cristológicas que pertenecen a la fe católica”. “Tenemos que hacer todo lo posible para fomentar la unidad de los cristianos en la verdad y en el amor. (…) Al mismo tiempo me preocupa que estos esfuerzos en algunos países, también en el suyo, reciban una mejor orientación. En algunos lugares hay desorientación y malos usos -pienso, por ejemplo, en la no raramente practicada intercomunión- que hacen daño a la intención de la verdadera unidad”.

Por otra parte, el Papa resalta la importancia de la cooperación entre sacerdotes y laicos, pero pide que se entienda y se aplique fielmente lo explicado en la Instrucción sobre algunas cuestiones acerca de la colaboración de los fieles laicos en el ministerio de los sacerdotes (ver servicio 161/97). “Por desgracia, fuentes fidedignas ponen de manifiesto que pese a las numerosas aclaraciones magisteriales, todavía hay casos en la liturgia, la homilía, la catequesis y la dirección parroquial que no concuerdan con las prescripciones magisteriales y disciplinares de la Iglesia. Aunque esas maneras de proceder en este momento parezcan útiles y para la conciencia media puedan tener una cierta plausibilidad, a largo plazo hacen daño a la Iglesia local, porque son contrarias a la esencia interna de la Iglesia”, escribe Juan Pablo II en su carta.

La nueva misiva papal ha sido interpretada por muchos medios alemanes como un acto de poder de Roma tras la polémica surgida en torno a la elevación al cardenalato del obispo de Maguncia, Mons. Karl Lehmann, quien preside la Conferencia Episcopal Alemana desde hace 14 años.

En este contexto, llama la atención que, mientras parece que entre los católicos alemanes hay voces contrarias al Papa, algunos teólogos y obispos protestantes se hayan pronunciado recientemente a favor de que se acepte al Sucesor de Pedro “como portavoz de todos los cristianos”, en consonancia con la encíclica Ut unum sint. El obispo luterano de Baviera, Johannes Friedrich, dijo que los protestantes piensan desde hace tiempo en esa posibilidad, aunque para los luteranos solo se trate de un papado “limitado”, sin reconocimiento del primado ni de la infalibilidad del Romano Pontífice.

Otro obispo luterano, H.C. Knuth, señaló que, en la era de los medios de comunicación de masas y de la globalización, un portavoz para todos los cristianos del mundo podría ayudar a defender con ímpetu las posiciones cristianas. “No nos ayuda nada dar la impresión de que las Iglesias cristianas están constantemente discutiendo”, afirmó. Knuth dijo por último que las diferencias entre la Iglesia católica y la luterana en asuntos como la ordenación de mujeres, el celibato o las ideas expresadas en la declaración Dominus Iesus no suponen un obstáculo para el diálogo ecuménico.

Vicente Poveda

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