Juan Pablo II pide a los católicos italianos que asuman sus responsabilidades políticas

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Duración lectura: 4m. 35s.

Roma.- La caída de los regímenes totalitarios de matriz comunista no significa que haya dejado de ser necesaria una fuerza política de inspiración cristiana, según afirma Juan Pablo II en una carta dirigida a los obispos italianos el pasado 6 de enero. Es más, el Papa sostiene que en un momento como el actual, en el que existen tendencias que pretenden construir Europa negando el cristianismo, el empeño social y político de los cristianos es particularmente necesario.

Aunque el documento se refiere a la situación italiana, el hecho de que el Papa enmarque sus reflexiones en el cuadro de los nuevos problemas a que se enfrenta Europa le da un interés que trasciende las consideraciones nacionales. Este “alcance europeo” fue subrayado por los comentaristas, a pesar de que algunos interpretaron el texto en mera clave política, como un respaldo a una Democracia Cristiana en crisis y dividida ante la inminente campaña electoral.

Los cambios radicales ocurridos en Europa en “aquel año extraordinario que fue 1989” plantean para los próximos años nuevas tareas y nuevas situaciones. Por ejemplo, mientras va adelante el proceso hacia la unidad europea, surgen síntomas de un nacionalismo exasperado, sobre todo en el Este y en los Balcanes. Es necesario que el viejo continente redescubra los ideales de libertad y solidaridad que movieron a los “padres de la Europa contemporánea”, pues algunas fuerzas pretenden reducir “el sentido de su existencia a una dimensión puramente económica y secularista”. En este campo, toca a Italia “defender en toda Europa el patrimonio religioso y cultural injertado en Roma por los apóstoles Pedro y Pablo”.

En la nueva situación italiana

Descendiendo a la situación italiana, el Papa observa que es erróneo pensar que, pasada la amenaza comunista, deje de tener sentido una fuerza política de inspiración cristiana. “La presencia de los laicos cristianos en la vida social y política ha sido importante no sólo para oponerse a las diversas formas de totalitarismo, empezando por el comunista, sino que es todavía necesaria para expresar, en el plano social y político, la tradición y la cultura de la sociedad italiana”.

El Papa habla de una “presencia unida y coherente” de los cristianos, que deben prestar “un ser-vicio honesto y desinteresado en el campo social y político”, pero no señala si esto se debe dar en un único partido, al que todos los católicos deban apoyar. Lo que sí rechaza es la opinión de que el cristianismo, y la doctrina social de la Iglesia, hayan dejado de ser “el fundamento y el impulso para el compromiso político y social de los cristianos”. Aunque los aborda desde una perspectiva moral, se trata de temas que forman parte del actual debate político en Italia, país en el que la Democracia Cristiana hizo de muro de contención con respecto al partido comunista más fuerte de Occidente.

“Desde luego -añade el Papa-, es necesaria una profunda renovación social y política”, pues junto a políticos que se inspiraban en valores cristianos, “no han faltado, por desgracia, personas que no han sabido evitar culpas, incluso graves. (…) Estas acusaciones, dirigidas en realidad a las diversas fuerzas políticas, e incluso a sectores de la sociedad civil, han provocado iniciativas de carácter judicial que están modificando profundamente el rostro político de Italia”.

El Papa se refiere a la tentación, presente en el debate de estos meses, de querer reducir la reciente historia italiana a los casos de corrupción: “Un balance honesto y verdadero de los años que van desde la postguerra a hoy no puede olvidar todo aquello que los católicos, junto con otras fuerzas democráticas, han hecho por el bien de Italia”, desde haber salvado la libertad y la democracia, hasta situar al país en el grupo de los siete países más industrializados del mundo.

El “examen de conciencia” de la sociedad italiana no puede ser, por tanto, ocasión de descalificación global de la actividad desarrollada en las últimas décadas por políticos de inspiración cristiana. Se trata de una oportunidad que debe favorecer la renovación moral, la solidaridad y la superación de las divisiones y contraposiciones. Y como este renacer social “no puede expresarse sólo con palabras”, Juan Pablo II invita a los creyentes a “movilizarse para una gran oración de cara al año 2000”. Una iniciativa con motivo del jubileo “que se debe extender a toda Europa”, y de la que no ofreció, de momento, más detalles.

Comentando el reduccionismo con el que algunos medios informativos presentaron esta insólita carta del Papa, tachada por algunos de injerencia política, Joseph Vandrisse, veterano corresponsal en el Vaticano del diario Le Figaro, recordó una vieja anécdota del Pontífice. “Pocas semanas después de su elección, recibió en audiencia a un obispo de Oriente Medio muy comprometido en el plano político. Cuando el Papa le planteó algunas objeciones, el prelado reaccionó afirmando: ‘Santidad, mi empeño en política no es distinto del que sostenía usted en Polonia’. Pero el Papa tuvo una respuesta rápida: ‘No, mi empeño era ético con el fin de cambiar la política. Usted, sin embargo, hace política olvidando la ética'”.

Diego Contreras

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