Estuve el sábado en la vigilia, ayer en Movistar Arena y hace unos meses viendo Godspell (aquí la crítica), así que puedo opinar de una de las escasas polémicas de lo que llevamos de visita papal: si pegaba o no en la vigilia de los jóvenes el número musical de los chicos de Banderas.
Como el español medio es muy de montar guerras civiles en cuanto le dejas un móvil, el vapuleo ha sido cósmico, que diría un gran amigo mío. Espectáculo masónico, protestantización de España, música del Anticristo… Todo con muchas exclamaciones y como si se estuviera hiperventilando.
Vayamos por partes y bajando voltaje porque aquí lo único que ha pasado es que ha sobrado motivación de algún obispo y ha faltado un guionista y un encargado de atrezzo. Tan sencillo como esto.
Empiezo por lo del obispo. Por lo visto, alguno fue a ver el musical de Antonio Banderas y le gustó. Ojo, que yo podría haber sido ese obispo, que vi Godspell y también me gustó. El problema es que una cosa es que te guste el musical y otra que el musical pegue en una vigilia de jóvenes con el Papa. O que pegue… pero con matices. Con algunos arreglos. Que esos ya no los va a hacer el obispo, digo yo.
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Y aquí es donde entran los personajes que faltaron. En primer lugar y para empezar por lo más básico, faltó un responsable de atrezzo con dos dedos de frente. He dicho que me gustó el musical pero también escribí que me espantó el vestuario. Y si no había por donde cogerlo en el gran teatro Pavón, en la plaza de Lima, delante de un altar y del Papa, aquello era un aquelarre. Tendrían que haber aprendido los organizadores de Karol G, que cuando fue a cantar al Vaticano, dejó sus explosivos bikinis, para enfundarse en un discreto vestido negro. No es hipocresía. Se llama protocolo. En el teatro te vistes de clown y en una vigilia tiras de básicos en blanco y negro.
Pero es que además del atrezzo, faltó un guionista. Faltó en muchos momentos de la Vigilia, que fue algo deslavazada. Pero faltó, sobre todo, en el “momento Godspell”.
Me explico. Godspell es un musical americano de los años 70. De cuando el Papa era joven. Un musical bastante hippie en el que un grupo de cómicos liderados por Jesús representan algunas escenas y parábolas del evangelio de San Mateo. En España, de la adaptación del libreto original americano se encargaron José María Pemán y José Luis Martín Descalzo, ninguno de los dos sospechosos de heterodoxia. En la versión actual de Antonio Banderas y Emilio Aragón, los cómicos huyen de una guerra, que podría ser Ucrania, Líbano o Sudán. Total, que sobre el papel –con un papa gringo y un mundo en guerra– tenía sentido que se representara algún número de este musical. El problema es que yo esto lo sé porque me dedico al periodismo cultural. Pero la mayoría de la gente no lo sabe. Y nadie lo explicó. Los que estaban en la vigilia simplemente vieron subir al escenario a un grupo de jóvenes disfrazados desgañitándose en un popurrí absolutamente ininteligible. Normal que no entendieran nada.
Después de escuchar ayer el magnífico discurso de Antonio Banderas, pronunciado por cierto, sobre la partitura musical de uno de los temas de Godspell, uno no puede dejar de pensar en qué diferente habría sido el polémico numerito con una introducción del propio Banderas, una buena adaptación de un par de canciones y un vestuario menos estridente.
Incluso qué diferente recepción hubiera tenido el mismo número o parecido en el acto en el Movistar Arena, con una acústica adecuada y en un entorno más ad hoc.
Esto es lo que hacen los guionistas. En las películas, en los eventos y también en las vigilias. Quitar, poner, matizar, explicar, presentar, arreglar o cambiar.
En el Movistar Arena ayer, se notó mucho el buen trabajo de guion (rematado con la profesionalidad de los presentadores). Fue un evento de alto nivel, perfectamente hilado y con momentos brillantes. En la Vigilia, simplemente, faltó ese guion.
Por otra parte, no es tan grave. Ni el espectáculo, ni la polémica. Para la próxima, contraten un guionista. Y no hiperventilen por tan poco. La vigilia, aun sin guion y con algún patinazo, fue espectacular. El resto son ganas de montar… numeritos. Y de seguir alimentando los conflictos musicales alrededor de vigilias y JMJ. Un género que amenaza con convertirse en clásico.
PD: Acabamos de ver el espectáculo de la Sagrada Familia. El aplauso ha sido unánime. Lo que había detrás era un magnífico y milimetrado guion.
Ana Sánchez de la Nieta
@AnaSanchezNieta
6 Comentarios
Qué sentido común y qué artículo más equilibrado, sin dar más importancia a las cosas de las q tienen ni caer en el todo es soberbio e inmejorable.
A veces da la impresión que en entornos eclesiásticos locales hay demasiados miedos, complejos o simplemente falta relación de confianza personal para sugerir por temor a sonar a censura o que se lo tomen mal
Es solo una anécdota y no merece la pena énfasis en ello cuando lo importante fue lo demás, pero no me imagino el escote de la niña Pastori si el acto fuera en Roma. Que tampoco era escandaloso pero todo mensaje transmite.
Gracias por tu comentario
El previo a la visita del Papa en la vigilia de los jóvenes fue un aburrimiento supino, no sólo por los presentadores, sino por la megafonía. Y el número de Godspell para mí fue ininteligible y feo. Eso sí, fue llegar el Papa y todo eso se nos olvidó como un mal necesario para elevar nuestro espíritu, ja, ja.
Gracias por el comentario
Totalmente de acuerdo. El problema es que la Conferencia episcopal o quien sea, no aprende y llueve sobre mojado. Yo estaba allí y no entendí nada, sólo ví unos tipos vestidos de mamarrachos y chicas poso vestidas, poco digno para una vigilia de oración con el Santísimo y el Papa.
Gracias, si, lo dicho, no se entendía