Huckabee se escapa a los moldes políticos tradicionales

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Mike Huckabee es gobernador republicano de Arkansas y candidato a las primarias para la carrera a la Casa Blanca. Hasta hace unas semanas, no contaba entre los favoritos para ganarlas. A falta de unos días para la votación del caucus de Iowa el 3 de enero, las encuestas le dan una posición destacada. El semanario Newsweek (17-12-2007) le dedica un artículo en el que ofrece un amplio perfil del candidato.

La primera impresión que puede concluirse en una aproximación a la figura de Huckabee es engañosa. El hecho de que haya desempeñado durante años el papel de predicador evangélico y que se declare de fuertes convicciones religiosas parece su único valor a ojos de algunos. Él, sin embargo, se postula como candidato con una brillante carrera política a sus espaldas. “He sido gobernador durante diez años, y tengo el currículo que he construido a lo largo de ese tiempo en educación, asistencia sanitaria, transportes, medio ambiente y empleo… Todo eso es importante y dice mucho sobre la clase de gobernador que he sido y la clase de presidente que sería. Parece que la gente pasa por alto todo eso para volver una y otra vez sobre lo mismo: las cuestiones religiosas”, dice en una entrevista cuyas preguntas giran fundamentalmente en torno a ello.

“Se ha dado a conocer en parte por explotar cordialmente la insatisfacción de los votantes con sus rivales -dice Newsweek-. Se ha posicionado como el único realmente conservador en la campaña, el único candidato que no se ha movido un ápice por interés electoral en temas como el aborto o las células madre. Cree que la Biblia es la infalible palabra de Dios y dice que el creacionismo debería enseñarse en las escuelas junto al evolucionismo”. Con esta definición, cualquiera pensaría que es fácil etiquetar a Huckabee, quizá como alguien dispuesto a tomar decisiones políticas basándolas en la fe.

Fe firme, logros seculares

Huckabee no esconde sus creencias religiosas; afirma que “la religión no solo me influye, realmente me define” y ve en los sucesos de su vida, también en los profesionales, la mano de Dios. Sin embargo, los méritos políticos del republicano son otros. El escándalo Whitewater hizo dimitir al gobernador demócrata de Arkansas a mediados de los 90, lo que dejó el puesto en manos de Huckabee. El partido demócrata miraba con recelo al nuevo gobernador. Huckabee había acogido a grupos pro-vida en su propia casa y se había opuesto a la adopción de niños por homosexuales.

Pero no es hombre fácilmente encasillable. Se ha ganado el favor de los ciudadanos con una política que rompe la rigidez de los clásicos esquemas bipartidistas. Ha invertido más dinero público en las escuelas y ha puesto en marcha un programa sanitario para niños pobres que ha sido modelo para otros estados. Ha pagado la mejora de las carreteras con la subida del impuesto sobre la gasolina y se opone a un recorte indiscriminado de impuestos, lo que le ha valido la animadversión de compañeros de partido. Los votantes se lo han pagado reeligièndole dos veces con amplia mayoría. Sus índices de aprobación popular entre ellos son muy altos.

Como pastor protestante y como político, Huckabee se ha manifestado claramente contra el racismo y defiende la integración de los inmigrantes. En lo referente a inmigración ilegal, apoya la valla que separaría Estados Unidos y México y se opone al permiso de conducir para trabajadores sin papeles, pero trató infructuosamente de sacar adelante una ley que habría permitido a los inmigrantes ilegales solicitar plaza en las universidades públicas de Arkansas.

A todo esto se añade que Huckabee cuenta con el activo apoyo de los home-schoolers, familias que defienden el derecho a la instrucción escolar de sus hijos en el hogar. El motivo es que para el Departamento de Educación de Arkansas, el gobernador republicano eligió a un partidario del home-schooling. Según informa The Washington Post (17-12-2007), en Iowa hay unos 9.000 niños que son educados en casa, lo que hace suponer que muchos de esos padres forman una parte no desdeñable de los 80.000 republicanos que votarán el próximo 3 de enero.

Fuente: Newsweek.

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