Francisco: “México llegará a tiempo a su cita con Dios”

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Duración lectura: 7m. 6s.

El Papa Francisco ha llegado a México en una visita necesaria, y no porque se desconozca allí el mensaje del Evangelio, sino porque, aun conociéndose, el país de la Virgen de Guadalupe vive momentos difíciles, entre la corrupción de los políticos, la profunda desigualdad social y el azote del narcotráfico.

Quizás por ello el Papa ha dedicado cinco días a estar con los mexicanos. “¿Podría el Sucesor de Pedro, llamado del lejano sur latinoamericano, privarse de poder posar la mirada sobre la ‘Virgen Morenita’?”, se preguntó el sábado 13 ante los obispos del país.

Sobre los enfermos: “A veces una caricia ayuda tanto a recuperarse”

Francisco, que arribó al país el viernes por la tarde, recibió el cariño del pueblo mexicano a lo largo de todo el recorrido hacia la Nunciatura Apostólica, y al día siguiente, al final de la mañana, pudo hablarles directamente a sus pastores en la catedral de México.

El mensaje, del que los medios han destacado el tono enérgico del Pontífice –“no se necesitan ‘príncipes’, sino una comunidad de testigos del Señor”, dijo a los prelados–, no fue, sin embargo, un regaño, sino una invitación a la conversión personal. “Esto el Papa lo hace con palabras fuertes”, subrayó el portavoz vaticano, Federico Lombardi.

En tal sentido, el Papa invitó a los pastores mexicanos a ser “obispos de mirada limpia, de alma transparente, de rostro luminoso”, a no dejarse corromper por el materialismo trivial, y a “no minusvalorar el desafío ético y anticívico que el narcotráfico representa para la entera sociedad mexicana, comprendida la Iglesia”. Para eso, pidió evitar las “condenas genéricas”, descomprometidas, a este fenómeno.

Por otra parte, les pidió acompañar, a través de la colaboración con los obispos de EE.UU., a los millones de mexicanos, “hijos de la Iglesia”, que viven al norte de la frontera. “Muchos de ellos dejan atrás sus raíces para aventurarse, aun en la clandestinidad que implica todo tipo de riesgos, en búsqueda de la ‘luz verde’ que juzgan como su esperanza”.

“En las miradas de ustedes, el pueblo mexicano tiene el derecho de encontrar las huellas de quienes han visto al Señor”, les dijo, y posteriormente añadió: “El Papa está seguro de que México y su Iglesia llegarán a tiempo a la cita consigo mismos, con la historia, con Dios”.

Evitar el camino de los privilegios

Antes del encuentro con los obispos, Francisco fue recibido por el presidente Enrique Peña Nieto en el Palacio Nacional. Era la primera vez que un Papa visita la sede del Ejecutivo.

Es embajador de la Virgen quien da lugar al necesitado, viste al desnudo y visita al enfermo

Ante su interlocutor, Francisco se refirió a la grandeza del país anfitrión y a su riqueza histórica y cultural, en particular, al tesoro de su juventud, que constituye la mitad de la población, y que “permite pensar y proyectar un mañana”.

Para edificar ese futuro, “el México que queremos y deseamos legar a las futuras generaciones”, el Papa advirtió que ha de evitarse el afán de privilegios personales, un camino este por el que, al final, “la vida en sociedad se vuelve un terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión de las culturas diferentes, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte, causando sufrimiento y frenando el desarrollo”.

Embajadores de la Guadalupana

El momento más esperado del día fue su visita vespertina a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, ante cuya tilma pidió días atrás que le permitieran rezar en privado. Pudo hacerlo durante 20 minutos, tras celebrar la eucaristía ante miles de fieles.

El afán de privilegios personales deriva en injusticia y violencia, y frena el desarrollo

Durante la homilía, el Papa rememoró el milagro, acontecido una mañana de 1531, del diálogo entre la Virgen y Juan Diego, un humilde aborigen que le sirvió de mensajero con el obispo local, Juan de Zumárraga. En ese momento, dijo Francisco, Dios despertó la esperanza “de los pequeños, de los sufrientes, de los desplazados y descartados, de todos aquellos que sienten que no tienen un lugar digno en estas tierras”, y se acercó “al corazón sufriente, pero resistente de tantas madres, padres, abuelos que han visto partir, perder o incluso arrebatarles criminalmente a sus hijos”.

Así, subrayó la vigencia de la encomienda y el envío mariano: ser embajador “dando de comer al hambriento, de beber al sediento. Da lugar al necesitado, viste al desnudo y visita al enfermo. Socorre al que está preso, perdona al que te lastimó, consuela al que esta triste, ten paciencia con los demás y, especialmente, pide y ruega a nuestro Dios”.

Misa en Ecatepec

La jornada del domingo 15 estuvo marcada por dos momentos: la misa en Ecatepec y la visita a un hospital infantil. Para el primer evento, que congregó a unas 300.000 personas, los medios locales refirieron la llegada desde el día anterior de multitudes que acamparon en las inmediaciones del sitio de la celebración, y que soportaron un frío de tres grados con tal de asegurarse un puesto cercano al Pontífice. Grupos de apoyo repartieron mantas y otros suministros a los congregados.

Ecatepec, un barrio capitalino donde se conjugan la miseria y los altos índices de muertes violentas, es de esas periferias escogidas por Francisco para que su mensaje se escuche más alto. Allí, en consonancia de significados con el comienzo de la Cuaresma, pidió abrir los ojos frente las injusticias que desfiguran el proyecto de Dios, y alertó contra las tres tentaciones que buscan degradar al cristiano: la riqueza –“adueñándonos de bienes que han sido dados para todos y utilizándolos tan solo para mí”–; la vanidad, como búsqueda de prestigio mediante la descalificación de los otros, y el orgullo, la superioridad “del que reza: ‘Gracias, Señor, porque no me has hecho como ellos’”.

Francisco invitó a los obispos mexicanos a no dejarse corromper por el materialismo trivial y a evitar “condenas genéricas” contra el narcotráfico

Es por ello, apuntó, que la Iglesia nos regala este tiempo de conversión, “con una sola certeza: Él nos está esperando y quiere sanar nuestros corazones de todo lo que lo degrada, degradándose o degradando”.

A los enfermos, “cariñoterapia”

Poco antes de las 6 pm, y como última actividad del día, Francisco visitó a los niños enfermos de cáncer en el Hospital Pediátrico “Federico Gómez”. En su presencia, dos chicos hicieron tañer una pequeña campaña con la que se anuncia que un niño se ha curado y es dado de alta.

A los pequeños, a sus familiares y a los trabajadores del centro médico, les habló del efecto benefactor de la “cariñoterapia”: “Es tan importante. A veces una caricia ayuda tanto a recuperarse”, dijo. En medio de la enfermedad –añadió– es vital “sentirse cuidados y acompañados, sentirse queridos”.

En el auditorio, una niña le gritó: “¡Papa Francisco, te amo!”, y Francisco, fiel a su costumbre, le pidió: “Reza por mí”.

El “derroche” de la visita de Francisco

Pese a que el Papa Francisco ha visitado recientemente otros cuatro países latinoamericanos (Cuba, Ecuador, Bolivia y Paraguay), en ninguno de ellos ha surgido el cuestionamiento de quién paga la organización de las actividades y los desplazamientos del Pontífice. En México, en cambio, han ganado cierta visibilidad algunos descontentos que hablan de un “desperdicio de recursos” por parte del Estado mexicano.

Para desmontar el infundio, Mons. Eugenio Lira, secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano, explica que “han sido muchas las personas que se han ofrecido y están apoyando para financiar el viaje del Papa”, entre ellas el empresario mexicano Carlos Slim.

El prelado ejemplifica, además, con la colaboración de Aeroméxico y la compañía estadounidense Chrysler (para los traslados), del banco mexicano Banorte (para las pantallas y equipos de sonido), de Telmex (para las salas de prensa e instalaciones de fibra óptica), etc. Todo ello, sin contar con el ejército de miles de voluntarios que trabajan en la organización de los actos.