Francisco en Bolivia subraya su mensaje social

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Duración lectura: 8m. 58s.

Bolivia, un país rico en recursos naturales, pero que ha estado tradicionalmente a la cola del tren del desarrollo en Latinoamérica, ha dado pasos en los últimos años para cortar con el atraso social. Así lo reconoció el Papa Francisco a su llegada en la tarde del 8 de julio al aeropuerto de El Alto, y ser recibido por el controversial presidente indígena Evo Morales, quien durante la visita papal tuvo alguna que otra “ocurrencia” que no alcanzó para empañar la visita.

Si la economía no está al servicio de los pueblos, “mata y destruye”

En su constatación de los progresos sociales del país andino, Francisco subrayó la voluntad gubernamental de incluir a amplios sectores en la vida económica, social y política. En tal sentido, el Papa puso el foco en la necesidad de una especial atención a la familia, “célula básica de la sociedad, que aporta lazos sólidos de unión sobre los que se basa la convivencia humana”. Asimismo, llamó a custodiar a los niños, los jóvenes y los ancianos, que han sido descartados por quienes han hecho del dinero y la economía objetos de culto.

Antes que el Pontífice, el presidente Morales había pronunciado su discurso de bienvenida y tenido su primera “salida”, al expresar al “hermano Papa” que en varios momentos históricos la Iglesia había sido “utilizada para la dominación y la opresión” –un punto sobre el que Francisco hablaría en un momento posterior, pero cuya mención, por elemental cortesía, no había de esperarse del anfitrión–, tras lo cual indicó que el pueblo lo recibía como al líder “que viene a Bolivia a trabajar por la liberación de los oprimidos”.

Tras el protocolo, la comitiva papal salió con destino hacia La Paz, y realizó una parada en el sitio en que, en 1980, apenas tres días antes del asesinato de Mons. Romero en El Salvador, fue encontrado sin vida el cuerpo del sacerdote jesuita español Luis Espinal, ultimado por los militares bolivianos por su mensaje constante contra los atropellos del régimen a los trabajadores. Francisco aseguró estar allí para “recordar a un hermano nuestro víctima de intereses que no querían que se luchase por la libertad; el P. Espinal predicó el evangelio, y este evangelio molestó: por ello fue eliminado”.

La familia “resuelve en silencio muchos problemas”

Ya en la capital, a las 6 p.m., el Papa sostuvo un encuentro privado con el mandatario boliviano en el Palacio Quemado. Un suceso muy comentado de la ocasión fue el intercambio de obsequios entre ambos: el Pontífice, sabedor de la sensibilidad ambiental de los pueblos indígenas, regaló a su anfitrión con un ejemplar de la encíclica Laudato si’, mientras que el presidente Morales le entregó una peculiar talla de un Cristo crucificado sobre una hoz y un martillo.

El “detalle” de Evo muestra, de pasada, la tensa relación entre el jefe de Estado y la Iglesia local. En entrevista publicada por Zenit, el arzobispo de Cochabamba, Óscar Aparicio, lamentaba que las autoridades insistieran en ver a la Iglesia como la oposición, justo cuando lo que desea es ayudar. Según el prelado, sin embargo, en los meses cercanos a la visita se habían producido algunos “signos de acercamiento”.

Una hora después del encuentro en la sede del Ejecutivo, el Papa se encaminó hacia la Catedral, donde dirigió la palabra a un auditorio formado por políticos, personalidades del mundo de la cultura, del voluntariado y diplomáticos. Enfatizó nuevamente en la promoción de la institución familiar –“resuelve en silencio muchos problemas sociales”– y alertó contra la tendencia a confundir bienestar con abundancia material, lo que induce al egoísmo y al consumismo.

A los pastores: “Te sacaron de detrás del rebaño; no te olvides, no niegues tus raíces”

Además, ya sobre el contexto latinoamericano, pidió “evitar conflictos entre pueblos hermanos” y buscar “soluciones compartidas”, a lo que añadió: “Y acá me refiero a la salida al mar, ese es mi mensaje”. El tema salía por segunda vez en pocas horas, pues en el aeropuerto, Evo Morales le había dado la bienvenida “a una patria a la que se la mutilado el mar”.

Desde Santiago de Chile, la reacción de la Cancillería fue anotar que Francisco “no ha hablado de soberanía, no ha tomado partido (…) por el contrario, ha hecho un llamado al diálogo, en contraste con las primeras palabras de Evo Morales al recibir al Papa, que han sido, como estamos acostumbrados, agresivas”.

No hacer “zapping” con el dolor de los fieles

El miércoles 9, a las 10 a.m., el Papa ofició la Eucaristía en la plaza del Cristo Redentor, en la ciudad de Santa Cruz (centro-sur), a donde había volado en la noche del martes. Durante la celebración, que marcó la apertura del V Congreso Eucarístico nacional, miles de fieles elevaron sus oraciones en español, guaraní, aimara y quechua, como evidencia de diversidad en la unidad nacional.

El Pontífice reflexionó sobre el pasaje evangélico de la multiplicación de los panes y los peces para una multitud exhausta y hambrienta, a la que los apóstoles habían aconsejado a Jesús “despedir” para que fueran a los pueblos a comer.

Francisco explicó la respuesta de Cristo como una invitación muy actual: “No es necesario excluir a nadie, que nadie se vaya, basta de descartes, denles ustedes de comer. Jesús nos lo sigue diciendo en esta plaza. La mirada de Jesús no acepta una lógica, una mirada que siempre ‘corta el hilo’ por el más débil, por el más necesitado”.

Además, en referencia al Congreso, apuntó que la fracción del pan “es Sacramento de comunión, que nos hace salir del individualismo para vivir juntos el seguimiento, y nos da la certeza de que lo que tenemos, lo que somos, si es tomado, si es bendecido y si es entregado, con el poder de Dios, con el poder de su amor, se convierte en pan de vida para los demás”.

Horas más tarde, se reunió con los sacerdotes, religiosos y seminaristas en el Coliseo Don Bosco, donde lamentó la actitud de ciertos ministros eclesiales que hacen zapping ante el dolor de los fieles y no llegan a implicarse involucrarse en sus vidas, con lo que se apartan del su llanto, pero también de sus alegrías. “Te sacaron de detrás del rebaño –advirtió a los desentendidos–, no te olvides, no niegues tus raíces”.

El gobierno boliviano insiste en ver a la Iglesia como fuerza de oposición

El colonialismo, bajo nuevos disfraces

De su última actividad del jueves, su intervención en el II Encuentro Mundial de los Movimientos Populares, los titulares destacaron la petición de perdón del Papa por los pecados pasados y presentes de la Iglesia: “Quiero ser muy claro, como lo fue san Juan Pablo II: pido humildemente perdón, no solo por las ofensas de la propia Iglesia, sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América”.

Junto a ello, llamó a recordar que también hubo sacerdotes y obispos que se opusieron “fuertemente a la lógica de la espada con la fuerza de la cruz y que defendieron la justicia de los pueblos originarios, y a tener presentes a los obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que predicaron y predican la buena noticia con coraje, mansedumbre, respeto, y en paz”, y que por hacerlo, han sido martirizados en algunos casos.

En su mensaje, de fuerte carga social, Francisco alertó contra las nuevas formas que adopta el colonialismo, a veces disfrazado de medidas de austeridad que terminan por perjudicar a los trabajadores y a los más pobres; otras, de imposiciones externas para que los Estados cumplan con las duras exigencias de otros en materia de corrupción, narcotráfico o terrorismo, y que terminan por agravar aún más la problemática.

A tenor de lo anterior, habló de la necesidad de poner la economía al servicio de los pueblos, y no que estos y la naturaleza estén al servicio del dinero, que es la manera en que la economía “mata y destruye” el planeta. Asimismo, urgió a trabajar por la unidad de los pueblos latinoamericanos: “Mantener la unidad frente a todo intento de división es necesario para que la región crezca en paz y justicia”.

A los presos de Palmasola: “Ayúdense entre ustedes”

El viernes 10, último día de su estancia en Bolivia, el Papa realizó una visita al penal de Palmasola, cercano a Santa Cruz, un centro eufemísticamente llamado “de rehabilitación”, pero en el que, según testimonios de convictos, “el Estado te encierra aquí y se olvida de ti”. La prisión, en la que se hacinan unos 5.000 presos y 200 menores de edad acompañantes, saltó a las primeras planas en 2013, cuando una revuelta interna dejó 35 personas muertas, unas ellas un niño.

Varios reclusos elevaron sus quejas al Papa sobre las negligencias del sistema de justicia, que difiere las sentencias de los encarcelados, y sobre las condiciones del penal –“las personas duermen en el suelo, como animales”, se lamentó un interno. Francisco, en respuesta, los exhortó: “Ayúdense entre ustedes, no tengan miedo a ayudarse entre ustedes. El demonio busca la rivalidad, ¡no le hagan el juego!”.

“El que está ante ustedes es un hombre perdonado, que fue y es salvado de sus muchos pecados”, agregó, ante una audiencia de 2.800 presos, a la que llamó a hacer una diferencia: “Reclusión no es lo mismo que exclusión; que quede claro, porque la reclusión forma parte de un proceso de reinserción en la sociedad (…). Si en algún momento estamos tristes, mal, bajoneados, los invito a mirar el rostro de Jesús crucificado”.

Precisamente como un gesto vinculado a la visita papal, se conoció que el Congreso nacional había aprobado la ampliación de un plan de indulto por “razones humanitarias” que podría alcanzar a unos 2.000 presos. Mujeres embarazadas, personas con discapacidades graves y otras que padecen una enfermedad avanzada estarían entre los principales beneficiarios.

Ya en los momentos finales de su visita, Francisco fue al encuentro de los obispos bolivianos en la Parroquia de la Santa Cruz, y a la 1 p.m., su aeronave estaba lista para despegar de la pista del aeropuerto de Viru Viru. Próxima parada: Paraguay.