Con la pandemia, un refuerzo de la religiosidad

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La sabiduría popular recoge como aserto que “algunos se acuerdan de Santa Bárbara cuando truena”. Y eso es lo que, con otras palabras, parece enunciar la profesora de Economía Jeanet Sinding Bentzen, de la Universidad de Copenhague, con su reciente estudio “En la crisis, rezamos: religiosidad y pandemia del Covid-19”. La investigadora documenta que las búsquedas en Google de la palabra oración (rezo, plegaria) se dispararon durante el mes de marzo, justo cuando el coronavirus empezó a golpear con mayor fuerza en Occidente.

Bentzen –que ya tiene otros trabajos sobre la relación entre religiosidad y desastres naturales– utilizó los datos de búsqueda del término en 75 países. “Hallé entonces que la intensidad de búsqueda para oración se duplicaba por cada 80.000 nuevos casos registrados de Covid-19. Los resultados pueden entenderse como una reacción desde lo religioso: rezamos para afrentar la adversidad”.

Según explica, en cuanto se conocía del primer caso en un país–incluidos los musulmanes–, la mencionada intensidad “subía drásticamente”, en números no conocidos desde 2004, el año desde el cual están disponibles las estadísticas de Google Trends, que contabiliza las búsquedas de palabras clave y detecta cualquier ascenso abrupto.

La tesis de Bentzen, de que se busca la oración exclusivamente como recurso frente a la amenaza, no es una realidad incontestable. Carol Glatz, del Catholic News Service, cita a un profesor de sociología estadounidense, quien advierte que no están claras las razones de quien teclea la palabra oración. Antes que un incremento neto en la necesidad de la religión por parte de quienes no practican, “bien puede tratarse de personas que normalmente asisten a los servicios religiosos y ahora no pueden asistir”.

En 75 países, la intensidad de búsqueda de la palabra “oración” se duplicaba por cada 80.000 nuevos casos registrados de Covid-19

Tampoco John Grosso, director de medios digitales en una diócesis de Connecticut ve una conexión automática. Que los internautas se interesen más por un término no indica que la gente se esté comportando de modo más “religioso”, dice. “Si es porque las personas no pueden contactar directamente, o porque estamos atrayendo a nuevos católicos o a otros que vuelven, es una interrogante. Yo creo que hay un poco de las dos cosas”.

Sobre todo, los cristianos

Quizás muchos norteamericanos no hayan percibido el renovado interés por términos de índole religiosa en estos días de pandemia, pero muchos que son creyentes reconocen que su fe se ha visto fortalecida.

Un sondeo del Pew Research Center, cuyos resultados se publicaron el 30 de abril, muestra que la cuarta parte de los estadounidenses adultos (el 24%) afirma que ahora cree con mayor intensidad que antes del azote del coronavirus. Un 47%, entretanto, dice que su fe no ha sufrido cambios importantes, y apenas un 2% asegura que ha ido a menos.

¿Quiénes se dijeron más fortalecidos? Los cristianos en primer lugar: los que más, los fieles de Iglesias protestantes afroamericanas (56%), los evangélicos (42%) y los católicos (27%). Respecto a otros credos o corrientes de pensamiento, apenas un 7% de los seguidores del judaísmo se reconocieron en ese caso, mientras que un 2% de ateos e igual proporción de agnósticos dijeron estar ahora más convencidos de su particular visión del mundo.

Ahora bien, entre los creyentes, un dato vendría a desmontar la tesis de que los más alejados de la religión son quienes más se interesan por lo trascendente en los momentos tan difíciles. Quienes dijeron que su fe se había reforzado fueron más entre los que asistían a la Iglesia una o dos veces al mes (46%) que quienes dijeron hacerlo unas pocas veces al año (26%) y los que muy raramente lo hacen (11%).

El Pew subraya, no obstante, que está por ver si esta religiosidad in crescendo de los encuestados que la refirieron, se traduce en una mayor asistencia a los cultos presenciales una vez que haya pasado la pandemia.

Mientras eso llega, al menos hay datos de quienes están siguiendo las celebraciones por vía online. El mismo Pew Research Center, en un sondeo de finales de marzo, revelaba que, de aquellos que asistían una o dos veces al mes a los servicios religiosos, el 57% estaban siguiéndolos por la web desde el comienzo de la pandemia.

Contra el miedo y la ansiedad, oración

Curiosamente, a británicos y canadienses, “primos” de los estadounidenses, pero tradicionalmente menos religiosos que estos, les está ocurriendo algo parecido en cuanto a fervor espiritual.

Uno de cada veinte británicos que han visto retransmisiones de actos de culto durante la pandemia, no habían ido nunca a la iglesia

El pasado 3 de mayo, la agencia cristiana de ayuda Tearfund, de Gran Bretaña, publicó una encuesta encargada a Savanta ComRes, la cual reveló que casi la mitad de los adultos británicos (44%) dicen rezar con regularidad variable, y la mitad de quienes lo hacen cree que la oración puede cambiar el mundo. Durante el confinamiento, las principales intenciones de la oración han sido –en ese orden– la familia, los amigos, dar gracias a Dios, uno mismo y los que están en primera línea contra la pandemia, como los sanitarios.

El dato interesante es que el 5% confesó que antes no rezaba, pero empezó a hacerlo en los días de emergencia global, lo que no deja de ser significativo en una sociedad como la británica, tan fuertemente secularizada que el 52% de los adultos declaran no seguir religión alguna. Incluso la Iglesia anglicana, tan representativa del país, apenas tiene un 1% de fieles entre los jóvenes de 18 a 24 años.

Ahora, sin embargo, con el coronavirus marcando el paso, la Iglesia de Inglaterra señala que un alto número de personas se ha conectado a sus servicios religiosos vía Internet o por televisión o radio. Cifras totales para las transmisiones del conjunto de Iglesias con presencia en los medios, revelan que uno de cada cinco que las han sintonizado o han accedido por la web jamás había puesto pie en un templo. Además, de los jóvenes de 18 a 34 años consultados por Savanta ComRes, un tercio admitió haber seguido uno de estos servicios durante las pasadas semanas.

En cuanto a los canadienses, otra encuesta, esta vez del Angus Reid Institute, refleja que el 22% de ellos rezan más a menudo en tiempo de crisis como esta, a manera de apoyo emocional y espiritual.

“De los que oran, que son el 59% de la población en general, más de uno de cada cinco dicen que se han vuelto más a la oración desde que el Covid-19 golpea al país”, señala la investigación, y añade: “Sea que recen más, o lo mismo, aquellos que tienen una profunda fe religiosa son casi unánimes en decir que esta disciplina los ha ayudado a vencer el miedo y la ansiedad”.

Por su parte, la empresa de estudios de mercado Anstice Communications hizo su propio estudio: el 27% de los consultados (ojo: la mayor parte de ellos, millennials) manifestaron estar “de acuerdo” o “muy de acuerdo” con la idea de que, en medio de la pandemia, se había renovado su sentido de la fe religiosa. Esto va acompañado además, tanto entre los que dijeron tener fe como entre los que no, de un deseo expreso de, a partir de ahora, atender más a la familia, de hacer más por el medio ambiente, de estar más al tanto de las necesidades de las personas en desventaja económica, y de no darlo todo por garantizado.

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