La identidad europea sigue siendo cristiana

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Frente a quienes sostienen que la Unión Europea no pasa de ser un agregado de países asociados por motivos de conveniencia, Benedicto XVI y el sociólogo americano Philip Jenkins comparten la idea de que Europa es primordialmente una unidad espiritual alimentada por la identidad y los valores cristianos.

Cuando se habla de los valores fundamentales de Europa cabe el riesgo de pensar que fueron los propios europeos quienes se dieron esos valores. Según esta visión, el origen del Viejo Continente habría que buscarlo en un acuerdo tácito en torno a unos valores más o menos convencionales.

En el discurso que dirigió el 19 de octubre al nuevo jefe de la delegación europea ante la Santa Sede, Yves Gazzo, Benedicto XVI recordó “que la Unión Europea no se ha dotado de estos valores, sino que más bien han sido estos valores compartidos los que la han hecho nacer, y ser la fuerza de gravedad que ha atraído hacia el núcleo de los países fundadores a las diversas naciones”.

“Estos valores son el fruto de una larga y tortuosa historia en la cual, nadie puede negarlo, el cristianismo ha tenido un papel rector”. Las enseñanzas de la Iglesia sobre la dignidad de la persona humana, la libertad religiosa, la paz o el desarrollo integral son algunos de los “elementos centrales de la Revelación cristiana que siguen modelando la civilización europea”.

El Papa explicó que, cuando la Iglesia habla de las raíces cristianas de Europa, no busca una posición de privilegio. Sólo pretende recordar “la inspiración decididamente cristiana de los Padres fundadores de la Unión Europea. En un plano más profundo, desea mostrar también que los valores básicos [que sustentan a Europa] proceden sobre todo de la herencia cristiana que sigue alimentándola aún hoy”.

Esos valores comunes “forman un conjunto coherente que se ordena y se expresa históricamente a partir de una visión antropológica precisa”. Para que esta visión permanezca, los europeos no pueden permitir “que su modelo de civilización se rompa en pedazos. El dinamismo que inspira a Europa no puede ser sustituido por el individualismo o el utilitarismo”.

La herencia cristiana ofrece al Viejo Continente los recursos necesarios para afrontar los retos actuales. Entre otros, Benedicto XVI cita “la búsqueda del equilibrio entre eficiencia económica y exigencias sociales, la salvaguarda del medio ambiente y, sobre todo, el apoyo indispensable y necesario a la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, y a la familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer”.

Al igual que hizo el pasado septiembre en su discurso a las autoridades civiles y al cuerpo diplomático de la República Checa, el Papa concluyó recordando que “Europa, más que un continente, es una casa espiritual”.

El cristianismo no está en retirada

En una entrevista publicada en el diario italiano Avvenire (20-10-2009), el sociólogo estadounidense Philip Jenkis se muestra en desacuerdo con la idea de que en Europa el cristianismo está hoy en retirada ante el empuje del islam. A su juicio, “hay pocas posibilidades de que Europa ‘se haga’ musulmana”.

Esa es la tesis de Jenkins en su libro God’s Continent: Christianity, Islam, and Europe’s Religious Crisis (2007), recién publicado en italiano con el título Il Dio dell’Europa. Jenkins, profesor en la Penn State University (Pennsylvania) y en la Baylor University (Texas), es un conocido investigador en materia de tendencias religiosas.

A juzgar por el rápido crecimiento demográfico de los musulmanes en Europa, se podría pensar que el credo mahometano va a desbancar al cristianismo. Pero esta predicción olvida que los índices demográficos no se mantienen perpetuamente. “En cuanto los inmigrantes asimilan las costumbres europeas, su índice de natalidad se derrumba claramente”. Esto no es exclusivo de los que emigran, observa Jenkins: “También está menguando rápidamente el crecimiento demográfico de los musulmanes residentes en países como Argelia o Marruecos”.

Por tanto, no hay un avance tan neto del islam. “Si Europa se vuelve cada vez más musulmana, una consecuencia es que una gran parte del mundo musulmán se está volviendo más europea, con nuevas estructuras familiares y papeles inéditos para las mujeres. Ciertamente, Europa tendrá una buena porción de habitantes provenientes de países islámicos, quizá entre el quince y el veinte por ciento hacia 2040, pero esa cifra no deja de ser una minoría. Y no podemos saber cuáles serán las ideas religiosas y políticas de esas personas”.

En todo caso, la población musulmana se occidentalizará en alguna medida. Según Jenkins, “el islam no tiene otra elección que hacerse europeo, y la fuerza principal que traerá este cambio serán los jóvenes musulmanes, en particular las mujeres”.

Para el sociólogo americano, ya no puede sostenerse la teoría de la islamización de Europa y la progresiva desaparición del cristianismo. Esta teoría procede de ciertas élites intelectuales europeas, que muestran simpatía hacia el islam al tiempo que rechazan el cristianismo como un “símbolo rancio de una Europa vieja”. Durante mucho tiempo consideraron el cristianismo como la religión europea, y el islam como la auténtica religión del Tercer Mundo; pero en realidad, “hoy el cristianismo se halla notablemente enraizado en África, Asia y Latinoamérica, especialmente entre los pobres”.

Jenkins, en fin, hace algunas precisiones sobre el retroceso del cristianismo en Europa. “Lo que se ha perdido en la mayor parte de Europa no es el cristianismo, sino el presupuesto, que se tenía por obvio, de que era la religión de todos, una especie de religión automática”. Las Iglesias cristianas tuvieron en Europa una especie de monopolio. Ahora que la fe cristiana cuenta con otros competidores, “tienen que mirar a Europa como un continente de misión, un objetivo de la evangelización”.

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