El “Sínodo en la sombra”

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Desde ayer, los padres sinodales examinan la segunda parte del Instrumentum laboris repartidos en los trece grupos de trabajo o círculos menores. No hay, pues, congregaciones generales (sesiones plenarias) con intervenciones de las que hablar. Tampoco habrá noticias sobre observaciones de los círculos hasta mañana, cuando se publiquen las relaciones. A falta de mejor sustancia, Sandro Magister ha servido una supuesta filtración.

Magister, vaticanista de L’Espresso, no es nuevo en estas exclusivas. En junio, la Oficina de Prensa vaticana le suspendió la acreditación por publicar anticipadamente la encíclica Laudato si’ violando el embargo (cosa que sin duda molestó a la Santa Sede, pero mucho más a los otros periodistas).

Ayer publicó una carta que trece cardenales, decía, dirigieron al Papa para quejarse del procedimiento aprobado para el Sínodo, distinto en algunos puntos del seguido en asambleas anteriores. En efecto, algunos padres propusieron cambios en la forma de elaborar el documento final. Al no haber esta vez relatio post disceptationem, con propuestas de los círculos que se votan una a una, la comisión redactora del documento final puede tener mayor libertad al trasladarlas a su borrador.

La carta publicada por Magister refleja en parte esta idea, pero añade otros puntos y un tono muy crítico, y en síntesis viene a decir: tememos que en el Sínodo todo esté cocinado de antemano y no se vaya a permitir que nos salgamos del guion.

Según el texto, el procedimiento de este Sínodo parece pensado para “asegurar al Instrumentum laboris una influencia excesiva en las discusiones y el documento final”; o bien, para “facilitar unos resultados preconcebidos en importante cuestiones controvertidas”. Esto puede “desalentar el debate abierto y confinar la discusión a unos grupos reducidos”. Los firmantes, pues, piden que se restablezca la votación sobre las observaciones de los círculos.

Otra innovación de la que se quejan es que no hayan sido consultados los padres sinodales sobre la composición de la comisión redactora. Además, los firmantes reclaman garantías para que no se manipulen las relaciones de los grupos de trabajo: “Cualquiera que redacte cualquier cosa en los círculos menores debería ser elegido, no nombrado”, dicen, en unos términos genéricos que un no vaticanista no esperaría quizá de gente entendida en sínodos o de unos cardenales que escriben al Papa.

Relatores elegidos

El caso es que los cualesquiera que redactan en los círculos menores –y no cualquier cosa, sino precisamente relaciones de la discusión por grupos– son los “relatores”, y junto con los “moderadores” de los debates, fueron elegidos por los miembros de los grupos el 6 de octubre. Pues así estaba previsto desde el principio. De hecho, cuatro de los trece cardenales salieron elegidos: uno, relator de su grupo, y otros tres, moderadores de los suyos.

En cuanto a los miembros de la comisión redactora del documento final, es posible que esos cardenales y otros padres no estén muy conformes. Pero el procedimiento para designarlos no es una novedad de este Sínodo, pues nunca los había elegido la asamblea. Simplemente, ya en el Sínodo extraordinario de 2014, Francisco amplió el número a diez, para incluir un padre sinodal por continente.

Tampoco se diría que el Instrumentum laboris tenga un peso excesivo ni que vaya a condicionar el documento final. La primera parte, al menos, no va a llegar muy lejos, vistas las críticas generalizadas que ha recibido en los debates por grupos.

Sobre todo, la autenticidad de la carta es incierta. Cuatro de los trece cardenales (Scola, Vingt-Trois, Piacenza y Erdő) han negado haberla firmado (y Magister los ha borrado de la lista –menos a Scola, aparentemente por un simple error tipográfico– sin restarlos del titular, que aún dice: “Trece cardenales…”). Otro, el Card. Pell, ha publicado una declaración donde dice que esa carta no se corresponde, ni en el contenido ni en la relación de firmantes, con las observaciones que se entregaron al Papa sobre el procedimiento del Sínodo. Y el texto real no se publica porque iba dirigido al Papa.

Goteo de informaciones

El Sínodo, como dijo Francisco, “no es un parlamento”. Tiene muchas sesiones a puerta cerrada. Lo que vaya publicando –las relaciones de los círculos– y lo que finalmente proponga y el Papa diga y decida, se sabrá. Mientras tanto, hay informaciones de lo que se va tratando en las congregaciones generales. Los que no se resignan a este goteo y pretenden mantener en tensión a la audiencia durante tres semanas, buscan ingredientes underground para servir historias más sabrosas. Como es sabido, el gran inconveniente de los documentos pasados bajo cuerda es que proceden, por definición, de fuente interesada. El informador fácilmente se convierte en portavoz de otro.

¿No sería mejor celebrar el Sínodo en sesiones públicas? Probablemente no se ganaría nada. Los sabuesos vaticanistas se aburrirían mortalmente en el aula sinodal y seguirían olfateando por ahí fuera para contarnos los entresijos del “Sínodo en la sombra”.

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