El rey de Arabia Saudita patrocina en la ONU una conferencia sobre tolerancia religiosa

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“Es como si la Sudáfrica del apartheid organizara una conferencia en Naciones Unidas sobre la armonía racial”, ha dicho Alí Al-Ahmed, un chiíta saudí afincado en Washington, a propósito de la conferencia sobre libertad religiosa patrocinada por el rey Abdulá de Arabia Saudí en la sede de Naciones Unidas durante los días 12 y 13.

Como Alí, que forma parte de la disidencia expatriada, más de dos millones de chiíes son víctimas de discriminaciones que afectan sus condiciones laborales, educativas y de profesión del culto por parte de una Arabia Saudita que no admite ninguna forma pública de expresión religiosa distinta del Islam en su interpretación wahabita.. Opuesto a las otras grandes ramas de la propia tradición musulmana y a decenas de miles de cristianos que habitan en aquel país, el gobierno de Abdulá cuenta con un férreo aparato de control policial encargado de supervisar el cumplimiento ortodoxo de los preceptos islámicos. No ya solo está prohibida la celebración pública o privada de actos de otras religiones, sino incluso la entrada de una Biblia en el país.

Las sesiones de esta conferencia sobre libertad religiosa, desarrolladas en el marco de la Asamblea General, se presentan bajo el título genérico de La Cultura de la Paz pues la ONU no puede patrocinar debates de tipo religioso. Una cena propiciada por el secretario Ban Ki-moon para reunir al rey saudita y al presidente de Israel, Shimon Peres, concentra la expectación de este encuentro de líderes políticos que incluye a figuras como Gordon Brown o George Bush.

La representación estadounidense se ha abstenido de hacer comentarios sobre la falta de coherencia entre el discurso del rey saudí y sus políticas internas. El ex primer ministro británico Tony Blair, por su parte, en un largo artículo publicado en The Herald Tribune (13-11-08), interpreta la propuesta del gobierno árabe como un gesto de adscripción a la corriente islámica partidaria de la coexistencia pacífica, si bien reconoce que “para muchos” el reino de Abdulá es “el hogar” de los que ven a Occidente como un enemigo y conciben el Islam como una lucha contra el infiel. La fundación que lleva el nombre de Blair promueve, en colaboración con la Universidad de Yale, un curso sobre “Fe y globalización” con estudiantes de varias religiones.

Las voces más críticas con Abdulá, sin embargo, creen que detrás de toda esta iniciativa no hay más que un intento por lavar la imagen del régimen y por presentar al monarca como abierto y reformista cuando en realidad se empeña en un cerrado inmovilismo.

Fórmula de compromiso

Una herida aún abierta, la de las caricaturas de Mahoma en un diario danés, ha marcado los preparativos de esta conferencia y han planteado dos objetivos opuestos: de un lado, la defensa de la libertad de expresión por parte de los estados occidentales; del otro, la intención de los países musulmanes de que se produzca una resolución condenatoria de todo lo que ayude a difundir el efecto de aquellas viñetas. La fórmula de consenso adoptada consiste en que no habrá una declaración final escrita, sino un compromiso verbal que desaprueba las acciones que puedan desacreditar a otros credos religiosos.

El episodio de las caricaturas es precisamente una de las cosas que no ha dejado de mencionar el diario Djakarta Post, único del mundo islámico que ha dado cobertura diaria al Foro católico-musulmán recientemente celebrado en el Vaticano (cfr. Aceprensa, 10-11-08). El Foro ha tenido escaso eco en los países musulmanes, y ha dejado indiferente a la mayoría de los medios en lugares como Marruecos o Egipto. Precisamente el egipcio gran imán de Al Azhar, Mohammed Sayyed, que fue invitado por el Vaticano a participar en el Foro, declaró a Al-Masri Al-Yom que “no sabía en absoluto de esta conferencia”.

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