El Papa pide en la JMJ que la Iglesia salga a la calle

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Río de Janeiro. “Los cariocas tienen una fe más fuerte que el frío y la lluvia”. El Papa Francisco, bajo una tenue pero pertinaz llovizna y un viento suave, tocó el corazón brasileño ni bien pisó esta tierra y ni bien comenzó su alocución en la playa Copacabana de Río de Janeiro en la ceremonia de acogida de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). Con su estilo campechano y distendido, pero a la vez profundo, el Papa no tuvo dificultad para ganarse a los jóvenes que se reúnen en clima de fiesta en esta ciudad. En el año de la fe, el Sumo Pontífice trazó una línea en sus discursos de este jueves 25 al enfocarse, justamente, en la fe.

El Papa arribó a Río el lunes 22 proveniente de Roma, donde fue recibido por la presidenta Dilma Rousseff y luego se dio el primer baño de masas en una recorrida en el “papamóvil”. El martes 23 descansó y el miércoles 24 se trasladó hasta el santuario de Nuestra Señora de Aparecida, en el estado de São Paulo, el santuario mariano más grande del mundo. Allí visitó el hospital San Francisco, que trabaja con drogadictos y dijo, entre otras cosas, que la legalización de las drogas no es la solución para acabar con la adicción y el narcotráfico.

“Quiero lío en las diócesis, quiero que se salga afuera, quiero que la Iglesia salga a la calle”

Mientras tanto, en Río continuó la JMJ con diversas actividades, como las catequesis y los festivales, que no se detuvieron pese a la lluvia y el frío, a la espera de recibir al Papa Francisco. En la “cidade maravilhosa” era imposible no cruzarse con peregrinos de todas partes del mundo, en un clima de alegría y camaradería, que incluía saludos, cánticos, vivas al Papa y algún intercambio de souvenirs. Las protestas que se registraron durante la pasada Copa de Confederaciones de fútbol han brillado por su ausencia.

Entusiasmo contagioso
Luego de agradecer las oraciones del papa Benedicto XVI –lo que robó una aclamación de la multitud calculada en un millón y medio de personas–, Francisco dijo en Copacabana que llegó a la JMJ para contagiarse del entusiasmo de los jóvenes, para no ser triste. “Hoy he venido a confirmarles en esta fe, la fe en Cristo vivo que habita en ustedes, pero he venido también para ser confirmado por el entusiasmo de su fe, para que mi fe no sea triste y para contagiarme con el entusiasmo de ustedes”.

“Si queremos que nuestra vida tenga realmente sentido y sea plena, como ustedes desean y merecen, les digo a cada uno y a cada una de ustedes: ‘poné fe’ y tu vida tendrá un sabor nuevo; ‘poné esperanza’ y cada día de tu vida estará iluminado y tu horizonte no será ya oscura sino luminoso; ‘poné amor’ y tu existencia será como una casa construida sobre la roca, tu camino será gozoso”.

El Papa advirtió a los jóvenes que “el tener, el dinero, el poder pueden ofrecer un momento de embriaguez, la ilusión de ser felices, pero al final nos dominan y nos llevan a querer tener cada vez más, a no estar nunca satisfechos”. Para continuar diciendo: “terminamos empachados pero no alimentados, y es muy triste ver una juventud empachada pero débil”. “La fe es revolucionaria; ¿estás dispuesto a entrar en esta onda de la revolución de la fe? Solo entrando, tu vida joven va a tener sentido y así será fecunda”, añadió.

La ceremonia en Copacabana, tapada de banderas de cientos de países y de paraguas variopintos, también incluyó las palabras de cinco jóvenes representantes de los cinco continentes a los que el Papa les regaló un rosario, a la vez que aprovechaba unos segundos para charlar y bromear con ellos, y una representación musical sobre el inicio de la evangelización en Brasil. Además, el Sumo Pontífice, muy emocionado, se llevó una imagen de la Virgen de Aparecida recibida de manos de tres “gaúchos”.

“La fe es revolucionaria; ¿estás dispuesto a entrar en esta onda de la revolución de la fe? Solo entrando, tu vida joven va a tener sentido y así será fecunda”

No diluir la fe
Francisco terminó, seguramente, agotado el día. Porque antes la agenda marcó la entrega de las llaves de la ciudad de Río de Janeiro y la bendición de las banderas olímpicas y paralímpicas, y la visita a la favela de Varginha, en la zona de Manguinhos. El Papa se sintió muy a gusto con los habitantes de la favela y muy divertido por momentos.

Luego, al mediodía, lo esperaban los argentinos –unos 50.000– que llegaron para seguir la JMJ en Río. Al estilo hinchada de fútbol, el Papa se llevó una atronadora ovación de sus compatriotas en la catedral de São Sebastião. Como suele hacerlo, Francisco fue directo al grano y volvió a hablar de la fe.

“Por favor, ¡no licúen la fe en Jesucristo! Hay licuado de naranja, hay licuado de manzana, hay licuado de banana pero, por favor, ¡no tomen licuado de fe! ¡La fe es entera, no se licúa, es la fe en Jesús!, es la fe en el hijo de Dios hecho hombre que me amó y murió por mí”.

A sus paisanos, el Papa Francisco les transmitió la expectativa de esta reunión internacional de jóvenes en Río de Janeiro: “¿Qué es lo que espero como consecuencia de la Jornada de la Juventud? Espero lío, quiero lío en las diócesis, quiero que se salga afuera, quiero que la Iglesia salga a la calle, quiero que nos defendamos de todo lo que sea mundanidad, de lo que sea instalación, de lo que sea comodidad, de lo que sea clericalismo, de lo que sea estar encerrados en nosotros mismos: si no, se convierten en una ONG”.

“Y la fe en Jesucristo no es broma, es algo muy serio. Es un escándalo que Dios haya venido a hacerse uno de nosotros, es un escándalo, y que haya muerto en la cruz, es un escándalo, el escándalo de la cruz. La cruz sigue siendo escándalo pero es el único camino seguro, el de la cruz, el de Jesús, la encarnación de Jesús”, concluyó ante un auditorio emocionadísimo, embanderado por miles de banderas argentinas.

Confesiones en Boa Vista
El viernes 26 está previsto que el Papa confiese a jóvenes en la Quinta de Boa Vista, en la que se montó una feria vocacional, mantenga un breve encuentro con jóvenes presos, salude al comité organizador de la JMJ y un almuerzo con jóvenes en el Palacio Arzobispal Sao Joaquim. Para finalizar, al caer la tarde, se llevará a cabo el Vía Crucis en la playa de Copacabana.

A todo esto, la programación sufrió una modificación. Por las lluvias no estará disponible el Campus Fidei donde estaba pactada la vigilia y misa final. La actividad de sábado y domingo se pasó, finalmente, a Copacabana.

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