El ministro de Economía francés, a favor de una laicidad más positiva

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El ministro francés de Economía, Nicolas Sarkozy, que se perfila como candidato del actual partido gobernante (UMP) para las presidenciales de 2007, es un político con ideas propias que se salen de los senderos trillados. En un libro recién publicado, se desmarca del laicismo tradicional, destaca el papel de las religiones en la sociedad y se declara partidario de una laicidad positiva.

Sarkozy está agotando sus últimas semanas en el gobierno, pues se presentará el 28 de noviembre a la presidencia de la UMP, cargo en el que, en caso de éxito, sucederá al actual presidente Jacques Chirac. En el libro recién publicado “La República, las religiones, la esperanza”, Sarkozy propone reformar la ley de 1905 -promulgada entonces para separar radicalmente las Iglesias y el Estado-, de modo que el Estado pueda financiar edificios de culto.

Sarkozy piensa sobre todo en la comunidad musulmana (en torno al 6% de la población), que a diferencia de otras religiones carece de patrimonio heredado. Se trataría de construir mezquitas en las principales ciudades de Francia, lo que facilitaría el arraigo de un islam nacional y evitaría interferencias extranjeras, como las que se producen cuando la financiación de las mezquitas proviene sobre todo de Arabia Saudí. Sarkozy explica el porqué de su postura: “Los musulmanes no deben tener más derechos. Pero cuidado con que tengan menos”.

El propio Sarkozy, siendo ministro del Interior, ayudó a organizar, en 2003, el Consejo Francés del Culto Musulmán para que sirviera de interlocutor con los poderes públicos. Se trata de hacer todo lo posible para integrar en la sociedad a los cinco millones de musulmanes franceses. Entrevistado por Denis Jeambar en “L’Express” (1-11-2004), Sarkozy critica la incoherencia de una sociedad que exalta cualquier diferencia “salvo cuando se expresa una diferencia religiosa. Nadie criticaría el orgullo ‘gay’, pero por el contrario, en nuestra sociedad, expresar el propio credo religioso se ha vuelto difícil. Hemos pasado de un laicismo combatiente, que fue necesario en cierta época, a un laicismo tan militante que convierte en un peligro para la libertad a la gente que, por su fe, lo único que hace es expresar una esperanza. (…) En el laicismo a la francesa, el derecho de creer y de practicar una religión es tan importante como el derecho a manifestarse, a protestar, a expresarse”.

“Creer que el Estado puede permanecer por completo indiferente al hecho religioso se contradice constantemente con la realidad”, afirma en su libro. El actual ministro de Economía asegura que “el derecho de vivir la propia religión es tan importante como el derecho de asociación, la libertad de expresión o el derecho a la presunción de inocencia”, y se muestra partidario de que se enseñe en las escuelas “la historia de las religiones”. Incluso asegura que la enseñanza del catecismo de la Iglesia católica ha tenido una utilidad social ya que ha “dotado a generaciones enteras de ciudadanos de un agudo sentido moral”.

Sin llegar a definirse como “practicante regular”, Sarkozy reconoce ser “de cultura católica, de tradición católica y de confesión católica”.

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