El heroísmo de ser cristiano en Corea del Norte

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email
Duración lectura: 3m. 32s.

Corea del Norte “ha hecho todo lo posible para aplastar la fe; incluso la vecina China permite con diferencia más libertad religiosa”, se lee en un artículo de Newsweek (1-10-07) sobre la persecución que los cristianos afrontan en el país comunista. El reportaje narra la historia de Son Jong Nam, un funcionario comunista que, desencantado con la falta de perspectivas en el país, emigró a través de China hacia Corea del Sur, donde se convirtió al cristianismo. Desde allí regresó a su lugar de origen con la intención de predicar el evangelio. En la actualidad, aguarda en la cárcel que llegue el día de su ejecución o que la presión internacional logre salvarle la vida.

“Teóricamente, Corea del Norte permite libertad religiosa; incluso mantiene las catedrales de Potemkin, donde se supone que los fieles son bienvenidos y cada domingo se celebran malas copias de servicios religiosos, realizados por cuadros leales al partido comunista. En realidad, sin embargo, el gobierno de Kim Jong Il tiene una historia de persecución de creyentes con las más salvajes de las maneras, incluyendo ejecuciones públicas. La religión, dicen los activistas, es vista como una amenaza particular por Kim, quien, como su padre, Kim Il Sung, ocupa el centro de un estrafalario culto a la personalidad con numerosos matices religiosos”, dice el artículo. Y, citando a un miembro de una ONG cristiana americana, dice que ser cristiano “es visto casi como una traición contra todo el sistema político… construido para divinizar al líder”.

Las estimaciones de cristianos en el país van desde unas pocas decenas de miles a los cien mil, la mayoría de los cuales es protestante. “Muchos de los cristianos encuentran la religión del mismo modo que Son Jong Nam. Viajeros que cruzan la frontera y contactan con grupos misioneros protestantes de Corea del Sur, que juegan un papel destacado en ayudar a los del Norte a escapar de China -donde, si son capturados, serán enviados de vuelta a su país”. Un profesor de religión en la Hanshin University dice que el gobierno norcoreano ha tenido bastante éxito a la hora de hacer fracasar iglesias organizadas, pero “la gente está volviendo a la religión crecientemente a medida que su sufrimiento aumenta”.

“Como las catacumbas de Roma, las iglesias de Corea del Norte tienen que ser clandestinas para sobrevivir”, dice un pastor del Sur que catequiza a norcoreanos en territorio chino, junto a la frontera con el Norte. “El cristianismo pasó de padres a hijos y a nietos, creando iglesias familiares”, añade.

El artículo señala que muchos fieles abandonan el país. Y quienes quedan atrás, tienen que ser cautelosos, envolviendo sus Biblias y enterrándolas en el patio trasero cuando no las necesitan. “Predicadores asentados en China a veces llevan a cabo servicios a través de llamadas ilegales por teléfono móvil. En cinco o diez minutos, el pastor lee la Biblia y reza por enfermos y necesitados. Los fieles tienen que acortar estos servicios porque las autoridades norcoreanas persiguen los teléfonos usando rastreadores GPS. Quienes son cogidos en el culto o haciendo contrabando con biblias pueden ser enviados a campos de concentración… o simplemente ejecutados en plazas urbanas delante de una audiencia reclutada a la fuerza”.

“Dado ese nivel de represión -concluye el reportaje-, es difícil de imaginar que la religión organizada pudiese, a pesar de la paranoia de Kim, llegar a convertirse en una amenaza real para su dirección en algún momento próximo”. Recuerda, sin embargo, el papel de la iglesia católica en la lucha contra el comunismo en Polonia, o que “en 1986, fue un cardenal católico en Manila quien lideró a los manifestantes en el levantamiento” contra el régimen autoritario de Ferdinand Marcos. “El cristianismo cuenta con un poderoso historial anti-autoritario en Corea, donde la religión jugó un papel en la lucha clandestina contra el colonialismo japonés. Y el creciente atractivo del cristianismo señala que cada vez más norcoreanos podrían estar buscando alternativas al culto comunista a la personalidad”, dice.