El anticatolicismo, último prejuicio aceptable en EE.UU.

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Philip Jenkins, profesor de historia y religión en la Universidad de Pennsylvania, episcopaliano, acaba de publicar el libro The New Anti-Catholicism, en el que mantiene que los ataques al catolicismo son el último prejuicio aceptable en Estados Unidos. Con motivo de la próxima publicación del libro en Italia ha concedido una entrevista a Ennio Caretto en Il Corriere della Sera (27 mayo 2003).

Tras un minucioso análisis de libros, artículos de prensa, películas y otros medios, Jenkins muestra que la Iglesia católica es a menudo tratada en EE.UU. como un “enemigo público” y presentada con un “prejuicio grosero”.

Jenkins advierte que “en EE.UU. no hay anticlericalismo sino anticatolicismo. Siempre lo ha habido, desde los primeros inmigrantes protestantes al movimiento populista y al racista Ku Klux Klan. No es una cuestión de derecha o de izquierda, se manifiesta tanto en una como en otra, según los tiempos y las circunstancias”.

El anticatolicismo procede hoy día sobre todo de “intelectuales y de liberales. Incluso se dice que el anticatolicismo es el antisemitismo del hombre culto. Los demagogos atacan a los judíos, los hombres de cultura a los católicos. Es algo paradójico, pues la Iglesia católica en EE.UU. propugna la re-forma social, el desarme, la paz, es decir, coincide en muchas de sus causas”. Jenkins piensa que la explicación de este anticatolicismo radica “en la centralidad de los problemas sexuales en la sociedad estadounidense; el catolicismo es considerado antigay, antifeminista, etc.”.

Jenkins aclara que la cuestión de los abusos sexuales de sacerdotes ha sido utilizada para profundizar en los prejuicios: “Los abusos sexuales en la Iglesia católica no son más frecuentes que en las otras Iglesias o que entre los maestros. Además, rara vez se trata de pedofilia, porque las víctimas habían alcanzado o superado la pubertad. Los abusos son horrendos, crímenes que hay que castigar y erradicar, pero no hay que instrumentalizarlos”.

Jenkins cree que no es fácil que desaparezca el anticatolicismo. “Es difícil, como lo es que desaparezca el antisemitismo. La diferencia es que el antisemita en EE.UU. es rápidamente denunciado y silenciado. Temo que el anticatolicismo esté tan arraigado que a menudo se hace pasar al catolicismo por lo opuesto de lo que América quiere ser en cada momento. EE.UU. cambia frecuentemente de idea: si se considera progresista, presenta el catolicismo como conservador, y viceversa”.

De todos modos, en otro de sus libros, La nueva cristiandad, Jenkins prevé que el catolicismo encontrará un terreno más fértil en EE.UU. que en Europa. “La inmigración en Europa será sobre todo musulmana, mientras que en América es sobre todo latinoamericana y asiática. El aspecto del catolicismo americano cambiará, será más étnico. Y uno de los mayores cambios afectará a la figura de la Virgen: ahora, en EE.UU., su figura es secundaria, pero llegará a ser central”.

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares