Cracovia dejará huella

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Cracovia.— La XXX Jornada Mundial de la Juventud de Cracovia nos trajo una vez más mucho más de lo que se esperaba. Y eso no solo en lo referido al número de asistentes (dos veces más de las cifras que se barajaban hace tan solo unas semanas).

Para el Papa Francisco, para los organizadores y para los peregrinos, han sido unos días muy intensos y con un calendario repleto. El Santo Padre, además de los actos directamente vinculados a la JMJ, visitó Częstochowa para celebrar allí una Misa con ocasión del 1.050 aniversario del bautismo de Polonia (Pablo VI no pudo acudir al “milenio”), y viajó al antiguo campo de concentración y exterminio alemán Auschwitz-Birkenau. El silenció que guardó durante esta visita resonó como un grito desgarrador. También fue muy emotivo su encuentro con supervivientes judíos y polacos de Auschwitz y con quienes arriesgaron sus vidas y las de sus familias por salvar a hebreos del Holocausto.

Francisco: “La Jornada Mundial de la Juventud, podríamos decir, comienza hoy y continúa mañana, en casa”

Sin duda, al margen de errores inevitables en una empresa de tal magnitud, Polonia puede mostrarse orgullosa tanto de su capacidad de organización, como de la hospitalidad de sus gentes. Es verdad que pocos países poseen más experiencia en la preparación de visitas papales, pero hasta la fecha, aun tratándose de eventos multitudinarios, los polacos siempre habían estado “en su salsa”. Además, teniendo en cuenta las circunstancias, es especialmente encomiable que los dos millones y medio de peregrinos pudieran sentirse tan seguros en una ciudad centroeuropea.

Posiblemente, al tratarse de una localidad mucho más pequeña que Madrid, Rio, Colonia o París, la JMJ de Cracovia podía parecer más “densa” que otras, también porque las catequesis para los peregrinos de los diversos países estaban muy bien organizadas y el ambiente de fiesta en la calle se entremezclaba armoniosamente con el recogimiento en las abundantísimas iglesias del casco antiguo de la ciudad de san Juan Pablo II. Para los jóvenes, no solo han sido días de emociones, cánticos y jolgorio: el programa de actos litúrgicos y de catequesis ha sido preparado a conciencia.

Dos inyecciones

Para los peregrinos, Cracovia ha sido una segunda casa y también ellos han dejado una huella profunda en los polacos. Los medios polacos se han hecho ya eco de esta positiva inyección de universalidad de la Iglesia en un país que quizá estaba acostumbrándose a verse en el papel de último defensor fidei.

La JMJ ha sido como una inyección: de universalidad de la Iglesia para los polacos, y de optimismo para los jóvenes de Europa occidental

A los peregrinos de los países de Europa Occidental, procedentes generalmente de ambientes más secularizados, la estancia en Polonia los habrá llenado de optimismo: han sido unos días de permanente testimonio público de cristianos jóvenes de todo el mundo, una llamada a vivir la fe sin complejos.

La continuidad con las anteriores JMJ es obvia. Lo que el Santo Padre ha venido a transmitir a los jóvenes, con hincapié en el mensaje de la misericordia divina, ha sido lo mismo que sus dos predecesores: una invitación a huir de la comodidad y a dejar huella.

¿Ha sido un éxito la JMJ de Cracovia? En su homilía durante la Santa Misa en el Campus Misericordiae, el Papa indica claramente dónde buscar la respuesta: “La Jornada Mundial de la Juventud, podríamos decir, comienza hoy y continúa mañana, en casa”.

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