Cordialidad y franqueza durante la visita del primado anglicano al Papa

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Cordialidad humana y franqueza para no ocultar los problemas que impiden la unidad es la síntesis de la entrevista que mantuvieron en Roma Juan Pablo II y el primado anglicano George Carey, que hizo una visita oficial al Vaticano del 3 al 6 de diciembre.

La breve declaración común, firmada al concluir la estancia del arzobispo de Canterbury, confirma los aspectos positivos del diálogo y la colaboración entre católicos y anglicanos, a los que hay que añadir ahora la voluntad de celebrar juntos el Jubileo del año 2000. Pero en la segunda parte de ese documento se ponen de manifiesto también las barreras que se interponen a la unidad. Se mencionan explícitamente el primado del Papa y la ordenación de mujeres (realizada en 19 de las 37 provincias en que está dividida la Comunión anglicana).

Sobre el primer punto, Juan Pablo II expresó su deseo de que “llegue pronto el día en que, sin renunciar a nada de lo que es esencial en este ministerio, se pueda encontrar el modo en que sea aceptado por todos los cristianos”. Al “obstáculo” que representa la ordenación de mujeres se refirió en otra ocasión cuando de modo indirecto invitó a “mis hermanos y hermanas de la Comunión anglicana a que reflexionen sobre los motivos y las razones” de la toma de posición contenida en el documento Ordinatio sacerdotalis, de 1994, donde se confirma la doctrina sobre el sacerdocio reservado a los varones.

La declaración conjunta afirma también que se debe excluir la acción proselitista entre ambas confesiones, un aspecto que refleja quizás la preocupación anglicana por las defecciones internas que ha provocado la concesión del sacerdocio femenino.

En general, por parte católica existe la preocupación de que la creciente atomización de la Comunión anglicana dificulte el diálogo y haga vanos los acuerdos alcanzados, en cuanto que provincias cada vez más autónomas pueden tomar decisiones contrarias a lo acordado (como se ha puesto de manifiesto en el caso de la Eucaristía).

Con la visita del primado anglicano al Santo Padre se continúa la serie de buenas relaciones inaugurada en 1960 con la presencia en Roma del entonces primado Geoffrey Fisher, y continuada por sus sucesores Ramsey (1966), Coggan (1977) y Runcie (1989). El propio Carey había visitado al Papa en forma privada en 1992.

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