Bosnia: los serbios expulsan masivamente a los católicos

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Duración lectura: 2m. 6s.

Mientras en las zonas musulmanas de Sarajevo los católicos pueden seguir practicando su culto, en la parte serbia se expulsa a los sacerdotes y religiosos, según ha declarado el administrador de la archidiócesis de Sarajevo, Ante Jelic, a la asociación Ayuda a la Iglesia Necesitada.

De los 528.000 católicos que pertenecían a la archidiócesis de Sarajevo antes del conflicto, 482.000 han sido expulsados por las fuerzas serbias o musulmanas, según Cáritas. Todos los sacerdotes y religiosos han sido expulsados de la parte serbia de Sarajevo, y los católicos tienen que convertirse a la Ortodoxia si quieren encontrar trabajo. En cambio, en las zonas controladas por los musulmanes la Iglesia tiene más desahogo. De hecho, se celebran con regularidad misas a las que acuden numerosos fieles.

A consecuencia de los bombardeos, la residencia episcopal y dos iglesias han quedado destruidas y, desde hace tres años, el Instituto Teológico está seriamente dañado. Por este motivo, los profesores y estudiantes se han trasladado a la isla de Brac, al sur de Split. Ahora, el Instituto está restaurado en parte y se utiliza para albergar a grupos de refugiados.

Pese a las granadas que constantemente caen sobre la ciudad, la población continúa reparando las iglesias. El Estado ha devuelto a la Iglesia un colegio, y se espera a que llegue el mobiliario escolar desde Zagreb para reanudar las clases.

En Sarajevo funcionan tres organizaciones benéficas católicas: la Agrupación Croato-Católica de Beneficiencia, la Agrupación Cultural Croata y Cáritas. Ésta cuenta con un ambulatorio y una farmacia donde trabajan médicos y religiosos expulsados de los hospitales controlados por los serbios. También se prevé la construcción de un centro católico para formar médicos y enfermeros. Hay otras organizaciones musulmanas financiadas desde países islámicos, pero destinan su ayuda sólo a los mahometanos.

La situación en Banja Luka es similar. Los serbios continúan la “limpieza étnica” y se apoderan de campos de cultivo y casas. La mayoría de los católicos han sido expulsados o han abandonado la ciudad. Y la población que no se ha marchado, tanto croata como musulmana, es forzada a trabajar en los campos de los serbios que están en el frente.

El obispo, los sacerdotes y religiosos de Banja Luka administran las ayudas que, una vez por semana, envía Cáritas desde Zagreb. Con esas donaciones subsisten 52.000 personas (católicos, mahometanos y ortodoxos).

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