Berkoff mesiánico

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Contrapunto

Una de las más arraigadas tradiciones es la de quienes pretenden descubrir la “auténtica” figura de Cristo, que habría sido deformada hasta que llegaron ellos. Pueden ser teólogos, exégetas, ensayistas o santones. A veces son literatos o gente del mundo del espectáculo, en cuyo caso el despliegue de la imaginación dispensa de estudios y métodos de investigación. En este último grupo se encuentra el dramaturgo y actor británico Steven Berkoff, de origen ruso-judío, autor de la obra Mesías.

Con motivo de su estreno en Madrid, Berkoff ha declarado que con su obra quiere “revelar lo que la religión ha escondido y manipulado” (El Cultural, 3-X-2001). Nada de hacer una adaptación de las Sagradas Escrituras, porque lo que le interesaba es “mostrar al público el modo en que esos textos han sido manipulados y malinterpretados a lo largo de la historia”. Es bastante fuerte pensar que a lo largo de veinte siglos nadie ha sabido descubrir la verdadera figura de Jesucristo; que la pista del Mesías se ha perdido hasta que ha llegado Berkoff para mostrarla. Pero aún es más llamativo que quien pretende desvelar la desvirtuación de unos textos lo haga elaborando (es decir, manipulando) un texto dramático para poner en boca de Jesucristo lo que él quiere.

¿Y quién es ese Jesucristo que Berkoff imagina? Por supuesto, no el hijo de Dios, sino “un ser humano normal atrapado por una gran pasión y una inteligencia sublime”. Su gran pasión fue “la de intentar reunir a la raza judía, algo que pensó que sólo era posible, en aquellos tiempos, si se revelaba como el Mesías”. Jesús conocía las profecías, y las representó en su vida, “planeó su muerte y fingió su resurrección”. Pero, claro, “los cristianos le secuestraron, robaron sus ideas y robaron su esencia judía”. No se acaba de entender por qué los discípulos, que eran judíos, podían tener interés en negar la esencia judía del Mesías. Ni cómo un conspirador genial elige tan mal a los hombres que, después de su muerte, deberían hacer posible su plan.

Pero la verosimilitud no importa mucho. Para Berkoff, acostumbrado a hacer una lectura de “izquierdas” de los clásicos, lo importante es presentar a Jesucristo como un “revolucionario”, cuyo “profundo sentimiento comunista” habría sido ocultado. Una interpretación que, a estas alturas, ni tan siquiera es original. Más bien suena a arqueología revolucionaria de teología guerrillera.

En el fondo, bajo una envoltura de radicalismo, Berkoff da una interpretación trivial de Jesucristo. La interpretación del líder revolucionario que viene a llenar “las necesidades básicas de amor, compasión y unión entre los humanos”. Todo tan a ras de tierra, tan familiar, tan razonable. Pero, por eso mismo, tan inverosímil: un hombre que perdonara los pecados, que exigiera preterir cualquier lazo familiar a su seguimiento, que se presentara como modelo para todos, o es el Hijo de Dios o es un loco.

Pero da la impresión de que Berkoff piensa que debemos reservar la fe para creer en su obra teatral. “Cuando la represento en Inglaterra -dice- lo hago con la intención de revelar algo muy profundo e importante, como si fuera Jesucristo y los espectadores fueran los discípulos que comprenden, asimilan y comparten el mensaje. La representación se convierte en un acto espiritual, muy excitante de ver, maravilloso para los oídos y, sobre todo, tremendamente dinámico. Creo que la obra seguirá adelante y se propagará por todos los países del mundo, por todos sus escenarios. Se traducirá y representará durante muchos años. Estoy convencido de que este Mesías será la gran obra de la década”.

En suma, es difícil saber si el título de Mesías se refiere al tema de la obra o a su autor. Sólo le falta añadir: “Id por todo el mundo y representad mi obra”. No le vendría mal recordar la advertencia del Mesías verdadero: “El que se exalta será humillado…”. Pero probablemente Berkoff dirá que ese es un texto manipulado.

Ignacio Aréchaga

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares