Alexis II pide a Europa que no excluya a la religión de la esfera pública

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Si Europa olvida su identidad cristiana y no tiene en cuenta la relación entre derechos humanos y moralidad, su futuro está amenazado. Esta advertencia sin paliativos transmitió Alexis II, cabeza de la Iglesia ortodoxa rusa, en su intervención en la Asamblea parlamentaria del Consejo de Europa el 2 de octubre en Estrasburgo. Es el viaje de más alto nivel realizado por el patriarca de Moscú a Europa Occidental, viaje que incluyó también un encuentro con los obispos franceses y una entrevista con el presidente Sarkozy.

En su discurso de Estrasburgo Alexis II recordó que aunque el continente europeo ha sido influido por variadas culturas, “fue el cristianismo el que modeló la visión de la alta dignidad de la persona humana y las condiciones necesarias para su realización”.

Hablando ante el organismo que se dedica a velar por los derechos humanos, Alexis II no dudó en señalar que la misma idea de los derechos humanos “no se desarrolló sin la influencia de la enseñanza cristiana sobre la dignidad, la libertad y el carácter moral del ser humano”.

Sin embargo, añadió, “hoy se produce una ruptura entre derechos humanos y moralidad, y esta ruptura amenaza la civilización europea. Lo comprobamos en una nueva generación de derechos que contradice la moralidad, y en el modo en que los derechos humanos son utilizados para justificar una conducta inmoral”.

Riesgo de perder la identidad europea

“Siempre que las normas morales no son respetadas y son declaradas relativas, se puede minar la cosmovisión de los europeos. Puede acercarse el desastroso momento en que las naciones europeas corran el riesgo de perder su identidad cultural y espiritual y, en último término, su sitio en la historia”, advirtió Alexis II.

El patriarca ortodoxo reconoce que el Estado no debe interferir en la conducta moral de los individuos. Pero en la esfera pública “al menos, ningún poder del Estado debería utilizarse para propagar o favorecer cosas que pueden debilitar o destruir las bases morales de la sociedad”.

No se mordió la lengua Alexis II cuando, después de su discurso, el parlamentario británico David Rusell-Johnston le preguntó por qué la Iglesia ortodoxa se oponía a la marcha del “orgullo gay” en Moscú. El patriarca reivindicó el derecho de los creyentes a “llamar pecado a lo que según la palabra de Dios es un pecado”. Añadió que la homosexualidad es “una enfermedad” y una “distorsión de la personalidad humana como la cleptomanía”. De modo que la marcha del “orgullo gay” sería hacer propaganda a una conducta inmoral.

Sus comentarios fueron aplaudidos por no pocos parlamentarios de países ortodoxos del Consejo de Europa, entre los que está Rusia, hecho que molestó a Rusell-Johnston tanto como las palabras del patriarca.

Alexis II apeló a la moralidad para criticar en su discurso la creciente distancia que se da en Rusia y en otros países entre ricos y pobres. Igualmente señaló que los principios morales pueden ser la base para favorecer la integración en esa sociedad multicultural que es hoy la europea.

Con el fin de evitar conflictos, preconizó el diálogo entre las tradiciones religiosas y las seculares. Sin embargo, advirtió que “ninguna cosmovisión, incluida la secular, puede pretender un monopolio en Europa o en otra parte. Por lo tanto, creemos que expulsar a la religión de la esfera pública es inaceptable. Es hora de reconocer que la motivación religiosa tiene derecho a existir en cualquier sitio, incluida la esfera pública”. Una reivindicación que, hecha por el jefe de una Iglesia excluida de la vida pública por el comunismo durante décadas, tiene especial fuerza frente a las pretensiones laicistas en Occidente.

Rusia, territorio ortodoxo

En declaraciones hechas a la prensa francesa durante el viaje, Alexis II insistió en algunas de estas ideas. En una entrevista en Le Monde (2-10-07), quiso recordar a las autoridades de Europa occidental que “sin una fidelidad renovada a sus valores espirituales y morales Europa no tiene ningún porvenir”, pues “la cultura europea, como la rusa, están fundadas sobre los valores cristianos”. Por eso lamentó que “las raíces cristianas de Europa no figuren ni siquiera en el preámbulo del Tratado Constitucional europeo”.

Respecto a las relaciones con el catolicismo, expresó a Le Figaro (1-10-07) su convicción de que en Europa “la Iglesia católica y la ortodoxa deben actuar conjuntamente para defender los valores cristianos contra un materialismo agresivo”. En concreto, para impedir “la legalización de las uniones homosexuales, la propaganda a favor de la eutanasia o del aborto”.

No excluyó un encuentro con Benedicto XVI en un futuro más o menos próximo. Pero dijo que debe ser no un evento mediático, sino un encuentro bien preparado para superar los obstáculos que permanecen. Los obstáculos son los de siempre. La Iglesia ortodoxa entiende que Rusia es “su territorio canónico”, y que, ahora que es posible un renacimiento espiritual tras la persecución, “no es conveniente que [los católicos] hagan sobre nuestro territorio misiones paralelas de conversión”. A su juicio esto es “proselitismo”.

La segunda queja se refiere a la actividad de la iglesia greco-católica de Ucrania occidental [de rito ortodoxo, pero unida a Roma], a la que reprocha “su deseo de extenderse a nuevos territorios donde nunca estuvo implantada, como Ucrania oriental, Rusia y Kazajstán”.

La visita de Alexis II a París ha servido también para reanudar los contactos con autoridades católicas. El presidente de la conferencia episcopal francesa, cardenal Jean-Pierre Ricard, y una treintena de obispos franceses, participaron con Alexis II en una ceremonia religiosa en Notre-Dame.

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