Una voz crítica en un país en conflicto

Jerusalén. En los 60 años transcurridos desde la fundación del Estado de Israel, ha surgido en el país judío un amplio abanico de medios de comunicación, que destacan por su capacidad técnica y su espíritu crítico. Pese al enconado conflicto con los árabes y la existencia de una censura militar, cada vez más laxa, los medios israelíes gozan de una influencia y una libertad nada comparables con las de otros países de Oriente Medio, cuya prensa está plegada a los intereses de los regímenes gobernantes.

Cuando en el verano de 2006 el Gobierno de Ehud Olmert lanzó inesperadamente la guerra contra la milicia chií Hezbolá en el Líbano, los medios de comunicación de Israel vivieron momentos de esplendor. Pocas horas después de que comenzaran los combates, enviaron corresponsales a la frontera del norte y empezaron a emitir en directo desde los escenarios de guerra. Pero al margen de su calidad técnica, la cobertura destacó por su carácter crítico.

Una guerra sin apoyo en la prensa

En situaciones bélicas anteriores o ante los brutales atentados de la segunda intifada, los medios israelíes habían optado por adoptar un tono “patriótico” y mantenerse fieles a la línea del Gobierno y las fuerzas de seguridad. Pero en esta ocasión difundían una y otra vez noticias negativas sobre la cúpula militar y política del país, que se mostraba dividida e indecisa en torno a la polémica contienda. Los medios israelíes cuestionaban su capacidad para derrotar a Hezbolá y proteger a los ciudadanos del norte de Israel de los constantes impactos de cohetes Katyusha. Y así, al igual que en Estados Unidos durante la guerra de Irak, los medios israelíes actuaron de plataforma para un debate crítico y contribuyeron a fortalecer el proceso democrático.

Cuando el Gobierno israelí admitió públicamente no haber alcanzado sus objetivos en la guerra, tuvieron que abandonar su puesto el ministro de Defensa, el jefe del Estado Mayor y otros altos generales y oficiales. Una comisión de investigación vertió fuertes acusaciones contra Olmert, que vio caer su popularidad a los niveles más bajos jamás registrados por un jefe de Gobierno israelí.

En los últimos meses, la cobertura informativa de los grandes medios ha vuelto a adoptar un fuerte tono crítico al tratar las investigaciones por corrupción en torno al primer ministro. La presión de los medios llevó ya de entrada a que el secreto de sumario impuesto para no entorpecer las investigaciones apenas pudiera mantenerse un par de días y pronto salieran a la luz numerosos detalles del caso. Finalmente, la presión pública llevó al político a anunciar su renuncia para mediados de septiembre.

Una sociedad en cambio

David Witzthum, director del Canal 1 (Arutz Harishon) de la televisión pública israelí y profesor de Ciencias Políticas y Comunicación en Tel Aviv, considera en el semanario alemán Das Parlament (número 17, 2008) que los medios israelíes han ido transformándose y diversificándose conforme ha ido evolucionando la sociedad israelí.

En una primera fase, tras la proclamación del Estado de Israel por David Ben Gurion en 1948, el panorama mediático estaba dominado por los medios públicos, que trataban de contribuir a la creación de una cultura nacional israelí y de aglutinar en torno a ella al amplio flujo de inmigrantes llegado en los años 50.

Los medios estaban plegados a las posturas políticas de los gobiernos de la época y celebraban como héroes a líderes políticos y militares. Un símbolo de ese periodo fue que, en mayo de 1968, la televisión israelí comenzó sus emisiones con la retransmisión del triunfalista desfile militar en Jerusalén celebrado un año después de la Guerra de los Seis Días, en la que el Estado judío ocupó el este de la ciudad, además de Cisjordania, Gaza, los Altos del Golán y el Sinaí.

Desde el punto de vista de Witzthum, el cambio en la línea de opinión de los medios de comunicación israelíes, incluidos los públicos, empezó a llegar con la Guerra de Yom Kipur de 1973. La contienda dejó traumatizada a la sociedad israelí, desprevenida ante el ataque por sorpresa lanzado por los árabes y que dejó numerosas bajas en el Ejército israelí, hasta entonces considerado invencible. La primera ministra Golda Meir dimitió pocos meses después y su partido de centro-izquierda Mapai tuvo que dejar paso en 1977 al Gobierno de derechas de Menachem Begin.

Los medios, que políticamente habían quedado más a la izquierda que el nuevo Ejecutivo, mostraron por primera vez una sociedad dividida en temas de política exterior y de seguridad, en las relaciones con los países árabes y los palestinos, o en relación a los territorios ocupados y los asentamientos judíos.

Los medios se diversifican

Actualmente los medios israelíes atraviesan un pleno proceso de diversificación que refleja la disgregación vivida por la sociedad. Los árabes israelíes suponen ya el 20% de la población (de más de 7 millones) y se diferencian claramente del resto de la población por su idioma, religión (entre ellos hay musulmanes, cristianos y drusos, en un país de mayoría judía), tradiciones, educación e ideas políticas. Por otro lado, Israel ha recibido desde los años 90 más de un millón de inmigrantes de la antigua Unión Soviética.

Pero también la misma sociedad judía está ampliamente diversificada en grupos que se diferencian por su cultura, tradiciones y sistemas educativos. Entre ellos se encuentran los ultraortodoxos, los nacionalreligiosos, los colonos que viven en los asentamientos de Cisjordania y, sobre todo, el grupo formado por aquellos que se llaman sin más “israelíes”, sin ninguna denominación adicional, sean judíos practicantes o no, de procedencia askenazí o sefardí, o votantes de partidos de izquierda, liberales o de la derecha. Este grupo son los más numerosos y los principales consumidores de los medios de comunicación de difusión nacional.

Este segmento, en el sector de la prensa escrita, está liderado por los grandes diarios Yediot Ahronot (“Últimas Noticias”), nacido en 1939 y con una tirada de 600.000 ejemplares, Maariv (“La Tarde”), con 60 años de antigüedad al igual que el Estado de Israel y 270.000 ejemplares de tirada, y el liberal de izquierdas Haaretz (“La Tierra”), nacido en 1919, con participación accionarial alemana, una tirada de 75.000 ejemplares, y que aparece de domingo a viernes tanto en hebreo como en inglés. A estos se les suma el diario económico Globes.

Un gratuito se abre camino

El segundo puesto en número de lectores por delante de Maariv lo ha logrado recientemente Israel Hayom (“Israel Hoy”), un diario gratuito con 255.000 ejemplares de tirada puesto en marcha por el magnate judío estadounidense Sheldon Adelson, próximo al líder opositor israelí y ex primer ministro Benjamin Netanyahu.

Adelson, quien ya dispone de una red de diarios de distribución gratuita en los metros de Nueva York, había negociado la compra de Maariv a la familia propietaria, los Nimrodi, pero ante el fracaso de las conversaciones decidió lanzar su propia cabecera. Para ello, contrató por grandes sumas de dinero a varios periodistas estrella de Israel, como Dan Mergalit, de Maariv, y Mordejai Guilad, de Yediot Ahronot.

Según el estudio general de medios israelí TGI, realizado dos veces por año, las cinco cabeceras nacionales juntas –Yedioth Ahronot, Israel Hayom, Maariv, Haaretz y Globes– tuvieron de enero a junio de 2008 una cuota de mercado del 58%. Después de ocho meses de vida, Israel Yahom es leído por el 20,2% de los israelíes, frente al 39,2% de Yediot Ahronot y el 15,1% de Maariv.

La emisora pública Kol Israel (Radio Israel) celebra este año su 70 cumpleaños y ofrece programas de noticias y actualidad política, entretenimiento, música clásica y emisiones en idiomas extranjeros. Por su parte, el estamento militar dirige Galei Tzahal, la Radio del Ejército, realizada principalmente por soldados de reemplazo y que mantiene por ello un tono joven y fresco en sus emisiones. A estas dos emisoras se les unen cientos de cadenas locales y musicales. Muchas de ellas son ilegales y han desarrollado una nueva forma de periodismo ciudadano desconocido hasta ahora en el país.

Los medios locales son cada vez menos influyentes y están dejando paso a medios dirigidos específicamente a los diferentes grupos de población que conviven en Israel. La población árabe dispone de cabeceras como Kul al Arab (“Todos los Árabes”), Al Itihad (“La Unión”), o Panorama, mientras que los rusos tienen acceso a cerca de 60 diarios y revistas, como Nasha Strana (“Nuestro País”), Novosti Nedeli (“Las Noticias de la Semana”) o Russkiy Izrailtanin (“El Ruso Israelí”).

Los televidentes israelíes pueden optar entre dos plataformas digitales de televisión: Hot, por cable, y Yes, vía satélite. Estas, además de los tres canales de la televisión pública israelí (Canal 1, Canal 33 y Canal 23), uno de ellos un canal educativo, y dos emisoras privadas en hebreo (Canal 2 y Canal 10), difunden numerosas emisoras en árabe y ruso. También subtitulan con frecuencia en hebreo, árabe y ruso parte de la programación de cadenas extranjeras. Por ejemplo, incluyen cadenas subtituladas que emiten durante las 24 horas telenovelas latinoamericanas con el sonido original en español.

Rabinos en la redacción

El principal diario de los judíos ultraortodoxos es Hamodia (“El Anunciador”), con una edición principal en hebreo y ediciones regionales en inglés para Israel, Estados Unidos y Gran Bretaña. El rotativo, además de numerosas noticias y reportajes sobre la vida religiosa y de comunidades judías dentro y fuera de Israel, ofrece secciones de política y economía, pero no de deportes. Su redacción se mueve por los principios de la Halajá, la ley religiosa judía. Debido a ello, por ejemplo, a la hora de informar sobre un caso de corrupción en un ayuntamiento de Israel, se menciona el delito pero no el nombre del alcalde. En las páginas del diario no hay tampoco noticias de sucesos, ya sean asesinatos o delitos de drogas.

Hamodia tiene unos 81.000 lectores, frente a los 67.000 de Yated Neeman (“Base Leal”), el segundo principal diario ultraortodoxo y que asegura ser el único a nivel mundial cuyo contenido es supervisado en su totalidad por rabinos. Por su parte, los semanarios Mishpacha (“Familia”) y Bakehilla (“En la Comunidad”) disponen de 160.000 y 73.000 lectores respectivamente. Otros periódicos dirigidos a un público religioso judío son Yom Hadash, Yom Leyom, Kfar Jabad o los gratuitos B’Sheva, Makor Rishon o Hatzofeh.

Al mismo tiempo hay emisoras con meditaciones religiosas y música jasídica, así como incluso un portal de noticias para judíos ultraortodoxos, Ladaat.net.

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