Los cristianos en Tierra Santa, una minoría entre dos extremismos

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Roma. Los cristianos en Tierra Santa están siendo aplastado por el extremismo de palestinos e israelíes hasta el punto de que peligra la continuidad de la presencia cristiana en los lugares en los que nació y vivió Jesucristo. La alarma por esta situación, y el estudio de los modos en que la Iglesia universal podría ayudarles, fue el tema monográfico de una jornada especial convocada por Juan Pablo II en el Vaticano el 13 de diciembre.

“Nos encontramos reunidos -dijo el Papa- en un momento que no dudo en definir ‘dramático’, tanto para las poblaciones que viven en esa querida región como para nuestros hermanos en la fe. Estos, en efecto, aparecen como aplastados por el peso de dos extremismos distintos que, independientemente de las razones que los alimentan, están desfigurando el rostro de la Tierra Santa”.

Según los datos ofrecidos por el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado, los católicos en Tierra Santa son alrededor de 117.000 personas, de un total de población de 6,1 millones de habitantes. En su mayoría son de origen palestino, aunque también los hay de procedencia judía. Si se le suman los de otras confesiones, el total de cristianos en Tierra Santa asciende apenas a un 3% de la población.

Relanzar el proceso de paz

El padre franciscano Giovanni Battistelli, “custodio” de Tierra Santa, es decir, responsable de los lugares sagrados que están bajo la tutela católica, explicó que el 90% de la población cristiana de la zona vive gracias al turismo religioso y que los 14 meses de conflicto han supuesto un duro golpe para su subsistencia económica, lo que está provocando un aumento de la emigración. “Nos estamos convirtiendo en custodios de piedras”, observó con preocupación.

Y es que, en palabras de Mons. Jean-Louis Tauran, secretario para las relaciones con los Estados, la gran tentación que experimentan es la de “huir de este infierno, pero es muy importante que esta pequeña comunidad permanezca en su lugar”.

Además de los modos concretos con los que se podría ayudar a los cristianos de la región, el encuentro fue una nueva ocasión para reafirmar los puntos que la Santa Sede, de acuerdo con la jerarquía de la región, considera necesarios para que pueda relanzarse el proceso de paz. Esas consideraciones parten de la constatación, como declaró Mons. Jean-Louis Tauran en una entrevista televisiva, “de que israelíes y palestinos son dos pueblos condenados por la historia y la geografía a vivir juntos”.

Las premisas sobre las que se ha vuelto a insistir son: seguridad para el Estado de Israel, nacimiento de un Estado para el pueblo palestino, evacuación de los territorios palestinos ocupados, estatuto especial (garantizado internacionalmente) para las partes más sagradas de Jerusalén y una solución justa para los refugiados palestinos. La Santa Sede insiste, como telón de fondo, en la necesidad de respetar el derecho internacional (resoluciones de la ONU) y los acuerdos ya alcanzados.

Significativamente, se hace también un llamamiento para que los líderes espirituales del judaísmo y del islam colaboren con los dirigentes israelíes y palestinos en sus esfuerzos a favor de la justicia y la paz y contra la violencia. No es difícil leer entre líneas una crítica a la pasividad -cuando no a la militancia- que parecen demostrar esos responsables religiosos ante el conflicto.

La reunión fue también la ocasión para expresar públicamente “la preocupación de toda la comunidad cristiana por la autorización concedida por el gobierno de Israel para la construcción de una mezquita junto a la Basílica de la Anunciación, en Nazaret. La construcción de una mezquita en ese lugar -añade el comunicado final del encuentro- corre el riesgo de ser considerada una provocación y se ve como una grave falta de respeto hacia los sentimientos de los cristianos y hacia un lugar de oración rico de profundos significados espirituales para su fe”.

En el encuentro intervinieron siete representantes de las comunidades católicas en Tierra Santa, siete colaboradores del Papa en la Curia Romana, los presidentes de cinco conferencias episcopales de ámbito continental y dos nuncios de la Santa Sede en Oriente Medio.

Diego Contreras

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