Jerusalén, cada vez más árabe 40 años después

Jerusalén. Israel acaba de recordar el 40 aniversario de la anexión de la Ciudad Vieja y el sector oriental de Jerusalén en la Guerra de los Seis Días. Pese a que la contienda tuvo lugar en junio de 1967, los actos conmemorativos se celebraron ahora, conforme al calendario judío. La guerra aportó a los israelíes el control sobre una parte de la ciudad en la que se encuentran algunos de los lugares sagrados más destacados para las tres mayores religiones monoteístas, como el Muro de las Lamentaciones, el Monte del Templo con la Explanada de las Mezquitas o la Basílica del Santo Sepulcro. Con ello, se inició una disputa que dura hasta hoy y que supone uno de los principales obstáculos para un acuerdo definitivo de paz en el conflicto de Oriente Medio.
Durante los últimos días, Israel celebró oficialmente el “Día de la Reunificación de Jerusalén”, aunque sólo se trató de una fiesta para la población judía de la ciudad. El Estado hebreo reclama la ciudad como su capital “eterna e indivisible”, lo cual choca con las exigencias de la Autoridad Nacional Palestina, que quiere ver Jerusalén Este, de mayoría árabe, convertida en la capital del Estado palestino. Por medio, varias resoluciones de la ONU piden para Jerusalén un estatuto internacional acorde con el carácter sagrado que la ciudad tiene para el judaísmo, el islam y el cristianismo. En vista de la situación, los embajadores de gran parte de la comunidad internacional, entre ellos los de Estados Unidos y la Unión Europea, decidieron no participar en los actos conmemorativos para que su presencia no se entendiera como un reconocimiento del estatuto actual de la ciudad.
Las celebraciones tuvieron lugar en momentos en los que el Estado de Israel contempla con creciente preocupación cómo la población judía de la ciudad va camino de convertirse en una minoría en vista de la tasa de natalidad considerablemente superior de los vecinos árabes. De los 720.000 habitantes de Jerusalén, el 66% por ciento son judíos y el 34% árabes, pero las previsiones oficiales apuntan a que la población judía perderá su mayoría actual en 2035. A la evolución en la natalidad se le une una inmigración negativa, en vista de la creciente pobreza y la progresiva pérdida de empleos.
Para contrarrestar la tendencia, el Gobierno del primer ministro, Ehud Olmert, ha acordado otorgar beneficios fiscales y trasladar en los próximos años a miles de funcionarios gubernamentales de Tel Aviv a Jerusalén, con una inversión de unos mil millones de euros. Además, hay planes de edificar tres nuevos barrios destinados a judíos ultraortodoxos en Jerusalén Este, una medida urbanística que seguro no contribuirá a la distensión en el conflicto con los palestinos.
Separados por el muro
Los cristianos se ven atrapados en medio del conflicto entre israelíes y palestinos, entre judíos y musulmanes. En Jerusalén, ciudad en la que tuvieron lugar acontecimientos tan centrales para el cristianismo como la pasión, muerte y resurrección de Jesús, tan sólo quedan ya 10.000 cristianos, en su gran mayoría árabes, y su número desciende a marchas forzadas. La construcción del muro de seguridad israelí en torno a los territorios palestinos -una barrera de hormigón de ocho metros de alto- ha llevado a que muchos cristianos de Cisjordania ya no puedan visitar con normalidad Jerusalén, por lo que la ciudad ha dejado de ser para la comunidad local el centro vital que le correspondería ser. Además, muchas familias cristianas han quedado divididas.
En declaraciones al diario Jerusalem Post, el encargado de Jerusalén para Asuntos Cristianos y Árabes, Motti Levy, instó al Gobierno israelí a facilitar la reagrupación familiar de los cristianos árabes que viven en la ciudad. Según afirmó, a muchos cristianos palestinos que han encontrado pareja en Cisjordania les resulta muy difícil continuar viviendo en la ciudad.
“Nuestra función como ayuntamiento es la de facilitar las cosas a los cristianos, cuyo número va en descenso, y no ponerles las cosas más difíciles”, afirmó el ex funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores. Levy consideró que el Gobierno israelí debería ser más flexible a la hora de facilitar la reagrupación familiar de los cristianos en Jerusalén, debido a su reducido número.
En medio del empeoramiento del mercado laboral en Jerusalén, debido en gran parte también al conflicto, Levy consideró que “los cristianos serán los primeros en abandonar la ciudad”, ya que su buena preparación académica y profesional les facilita emigrar a Occidente en busca de mejores oportunidades laborales y una mejor calidad de vida.
Los líderes cristianos de Tierra Santa lamentan que el muro de seguridad, desde su construcción a raíz del comienzo de la segunda intifada, iniciada en 2000, impide a los cristianos árabes moverse con normalidad para, por ejemplo, acudir a actos religiosos a Jerusalén. Israel, sin embargo, asegura que tienen facilidad para atraversar la frontera en solemnidades destacadas.

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